Diez años después de arrancar, La Calandria sigue procesando lo rápido que pasó todo. Entre tocadas, viajes y encuentros, el proyecto creció casi sin darse cuenta: “Estoy muy sorprendido de cómo el tiempo ha pasado tan rápido… diez años es la tercera parte de mi vida”, cuenta Raymundo. Lo que empezó en Xalapa hoy los tiene listos para uno de sus shows más importantes, sin soltar esa raíz que los conecta con el son jarocho.
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Todo empezó en foros chiquitos
Antes de pensar en teatros grandes, el camino fue de cafecito en cafecito, bares y espacios culturales que les abrieron la puerta. Ahí se fue armando todo: “En realidad todos estos foros… son quienes nos han impulsado y nos han hecho creer en nuestro proyecto”, dice. También crecieron escuchando a referentes como Grupo Mono Blanco o Son de Madera, pero al mismo tiempo, junto a su generación, fueron encontrando su propia forma de sonar.
Cuando todo tambaleó
No todo fue tan fluido. Hubo momentos donde el proyecto estuvo a nada de romperse, sobre todo cuando una integrante salió: “Ahí sí fue como de: ¿qué hacemos?… pensé que el proyecto se acababa”. Pero en vez de bajarse, decidieron seguir y reconstruirse. Esa etapa terminó por darle nueva vida al grupo, sumando a Diego Huerta y empujando el proceso de ‘Antes de Salir el Sol’: “Fue decidir si seguíamos juntos o cada quien jalaba por su lado”, dice.
El Esperanza Iris, pero a su manera
Ahora, La Calandria llega al Teatro de la Ciudad Esperanza Iris el sábado 8 de agosto con algo más que un concierto. Ensamble de los Grandes Vientos es una idea que busca llevar su sonido a otro nivel: “Queremos ampliar la sonoridad de la música de la cual venimos… imaginar texturas y acompañarlas con alientos y cuerdas”, explica Raimundo. No es cambiar lo que hacen, sino hacerlo crecer.
Voltear la fórmula
En vez de adaptar lo tradicional a lo clásico, aquí la jugada es al revés. El son jarocho sigue siendo la base, pero ahora se abre a otros sonidos: “Lo que estamos tratando es al revés… respetar el son jarocho e incluir otros instrumentos para crear paisajes sonoros”. Con cuerdas y alientos, el grupo arma una mezcla que suena distinta, pero sin perder el origen. La idea no es solo escuchar, también sentir: “Queremos que la gente pueda sentirse en Xalapa, en Veracruz… en nuestro imaginario” entre las luces, atmósferas y música, que buscan recrear esos paisajes que inspiran su sonido.
Pura banda, pura amistad
Algo que atraviesa todo el proyecto es lo colectivo. El ensamble reúne músicos de varios lugares (Veracruz, Oaxaca, Honduras, la Huasteca) y cada quien aporta su estilo: “Me emociona mucho que puedan conocer a los músicos… al final lo que van a escuchar es la amistad”, dice Raymundo. Y sí, eso es lo que quieren llevar al escenario: no solo música, sino conexión real.
Celebrar y seguir abriendo camino
Llegar al Esperanza Iris no es solo una meta cumplida, también es una responsabilidad: “Así como los maestros nos abrieron puertas… nosotros también queremos apoyar a las nuevas generaciones”, asegura. A diez años, La Calandria no solo celebra lo que ha hecho, también deja claro que el son jarocho todavía tiene mucho hacia dónde crecer.
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