Por Alejandro Ávila Peña
El cine es ese espacio donde la imagen y el espectador abren un diálogo entre sí para reflexionar sobre la condición humana y las problemáticas del día a día; es un medio para despertar emoción e introspección sobre temas universales. En este marco, ‘Tinskani’, cortometraje mexicano dirigido por Claudio V. Ventosa, emerge como un ejercicio cinematográfico que busca alzar la voz sobre una realidad que ha marcado a México: el luto y la violencia que rodea al fotoperiodismo.
Una mirada subversiva ante el horror cotidiano
Para Claudio, la conexión con este tema no es académica, sino generacional. Habiendo crecido durante el sexenio de Calderón en Cuernavaca, el director recuerda cómo la violencia se volvió parte de su paisaje: “Yo recuerdo que el primer los primeros cuerpos que vi fue a los 11 años”. Esta vivencia detonó una búsqueda obsesiva por entender el sistema de producción de las imágenes de nota roja, no desde un juicio moral, sino desde la intimidad de quienes las capturan.
Ventosa se aleja de la representación gráfica tradicional para buscar una postura ética. Afirma que su objetivo fue “retratar la violencia desde un lugar que nos permita observarla, reconocer el dolor que nos genera sin reproducirla, sin reproducir su consumo”. El director enfatiza que el reto artístico principal consistió en “tratar de ser subversivo visualmente a lo que estamos acostumbrados… tratar de mirarlo desde otro lugar”.
El diálogo entre la estaticidad y la cámara "chismosa"
La propuesta visual de ‘Tinskani’ es un juego de contrastes. El uso de imágenes estáticas representa la forma en que el protagonista experimenta su realidad, atrapado por la fotografía fija de su mentor asesinado. Sobre este poder narrativo, Claudio señala: “Lo más importante es cómo la imagen te habla, cómo te hace dialogar a ti y a la vez una introspección”.
Este estilo responde a una búsqueda de honestidad visual donde se evita el artificio. Según el realizador, “creo mucho en la economía de lenguaje... cada una de las tomas está por algo, nos está tratando de comunicar algo”. Así, el movimiento de cámara solo aparece para introducir una presencia distinta, una cámara que el director describe como "chismosa", que observa al personaje desde fuera en su momento de crisis.
Siete años para capturar un luto universal
La realización del proyecto fue un proceso de aliento largo que tomó entre 6 y 7 años, dedicando incluso dos años exclusivamente a la escritura de un guion de 12 páginas. A pesar de centrarse en el oficio de la nota roja, Varela insiste en que el trasfondo es humano y accesible para cualquiera que haya sufrido una pérdida: “No tienes que ser un fotoperiodista de nota roja para conectar con esta historia”.
Con elementos simbólicos como la “mojiganga”, que funciona como un "espejo enorme" del luto del protagonista, el cineasta invita al público a una experiencia introspectiva. Para Claudio, el cine cumple su misión cuando se convierte en un viaje de descubrimiento: “El cine nos permite explorar y explorar desde los lugares más feos y más bellos... con toda la complejidad de la vida”. ‘Tinskani’ no es solo una historia sobre la muerte, sino sobre cómo nos reconstruimos a partir del dolor profundo.
Añadir Diario De México como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
