Más allá de los interminables y predecibles remakes de Hollywood y las criaturas aterradores que forman parte del imaginario occidental, el continente asiático se ha ganado un lugar privilegiado dentro del cine de terror, espacio en el que han quedado plasmadas su cosmovisión y tradiciones, así como los miedos y vicios de sus sociedad.
Noroi: ¿Puede el mal corromper la inocencia?..
Llegado desde Japón, este filme del cineasta Koji Shiriashi lleva el género del found footage a sus últimas consecuencias, convirtiéndose en un título obligado de este subgénero gracias a una retorcida historia, plagada de simbolismos e imágenes siniestras, se cocina a fuego lento pero sabe mantener al espectador intrigado y aterrado, aprovechando todas las cualidades de las imágenes análogas para crear una atmósfera desconcertante con puntos culminantes de tensión y un memorable final.
Satan Slaves: Haciéndo un pacto satánico de chill (Termina mal)
Siendo una remake de la película homónima de 1980, esta cinta indonesia de 2017 sabe cómo asustar en serio y sin contemplaciones desde uno de los lugares más entrañables: La Familia. Aquí no sólo la madre, cuya enfermedad la mantiene postrada, se enfrenta a un proceso de franca descomposición física y mental, sino que parece arrastrar a todos los suyos consigo, desde los abuelos hasta sus hijos, tras haber entregado sus plegarias a un ser superior, pero claramente maligno y dispuesto a devorar a todos los habitantes de la casa.
Kairo: ¿Le temes a la soledad más que a los fantasmas?..
Esta película japonesa del aclamado cineasta Kiyoshi Kurosawa nos muestra, con una fotografía tan sombría como su historia, una invasión silenciosa pero inexorable de fantasmas vengativos que no descansarán hasta tomar el lugar de todos los vivos en la ciudad de Tokio, desatando una extraña ola de suicidios y muertes inexplicables. Además de su atmósfera opresiva y potentes simbolismos, esta película también entrega una de las secuencias más angustiantes, bizarras y memorables del cine de terror moderno.
The Sadness: En efecto, Dios nos abandonó
Desde Taiwán llega esta joya de los grotesco, que toma todas las concesiones y las arroja por la borda sólo para permitirse ser tan cruel como el ingenio humano lo permita, utilizando a una especie muy especial de zombies, uno más perverso y brutal que el anterior, cuyo virus no los vuelve lentos ni se limita a la canibalización de sus semejantes, sino que hace gala de una violencia tan extrema como creativa para recordarnos cuan oscuros pueden ser los verdaderos deseos ocultos de los vecinos que saludamos todos los días.
The Wailing: ¿Los buenos son peores que los malos?
Esta película surcoreana, del cineasta Na Hong-jin, mezcla el thriller psicológico con una atrapante historia llena de giros de tuerca en la que nadie es quien dice ser y los misterios crecen al mismo tiempo que los poseídos y las muertes horrendas. La excepcional fotografía no escatima en gore, escenas impactantes ni unas pinceladas de humor negro, que mantienen en tensión al espectador junto con su muy angustiado protagonista, quien no logra dimencionar la oscuridad que acecha su otrora tranquilo pueblo.
UNA MÁS
La Médium: ¿Hay diferencia entre un dios vengativo y una entidad demoníaca que disfruta la destrucción?..
Esta cinta, grabada como un falso documental, muestra una interesante cara del misticismo y espiritualidad de la sociedad tailandesa mientras cuenta la historia de Nam, una chamana que, tras identificar lo que parece ser el descenso de su deidad sobre su sobrina, desvela una oscura historia familiar que va del suicidio a las maldiciones por rehusar el sacerdocio a una diosa, resquicio que aprovecha un ser oscuro para desatar el caos y hacer correr la sangre. Los últimos 30 minutos son extremos.
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