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Iron Maiden en CDMX: Así fue su histórico concierto de 50 aniversario ante 60 mil personas en el Estadio GNP Seguros

Escena

Con 50 años de historia, Iron Maiden hizo retumbar a más de 60 mil devotos fanáticos en el Estadio GNP Seguros de la Ciudad de México. En su 'Run For Your Lives Tour', la legendaria banda ofreció el concierto más grande de su trayectoria en México.

Iron Maiden en el Estadio GNP
Iron Maiden en el Estadio GNP

Por Alejandro Ávila Peña

Fue en 1975 cuando un joven de nombre Steve Harris tuvo un anhelo, unas ganas efervescentes de fundar un grupo, roquear con sus compañeros y, por qué no, en algunos años seguir manteniendo este sueño como una banda con algún que otro éxito. Lo cierto es que aquel anhelo de Harris lo llevó a formar una de las bandas más representativas del heavy metal, Iron Maiden, una bestia musical sonora que, con 50 años de historia, sigue demostrando que sus canciones continúan vigentes en las vidas de muchas generaciones.

Es por ello que, con motivo de su ‘Run For Your Lives Tour’, la banda de Harris aprovechó para hacer una parada en la Ciudad de México y reunir así a miles de fans que, desde diversos estados de la República, como Veracruz, hicieron acto de presencia para, como tal máquina del tiempo, volver al pasado, corear y disfrutar de los más grandes éxitos de la Doncella de Hierro.

Caótica, visceral, frenética, son algunas de las palabras que podrían describir la actuación de Iron Maiden en el Estadio GNP Seguros de la CDMX, en la noche del 2 de octubre. Caía el sol y los alrededores del estadio poco a poco se iban llenando de una multitud apasionada por ver a una de las eminencias de la música británica. Playeras, chaquetas, máscaras, botas y demás, todo en alusión a la identidad de Iron Maiden. Chicos y grandes compartían la misma alegría; algunos portaban máscaras de Eddie, el símbolo de la banda, otros iban con sus playeras de este mítico ser en alguna de las presentaciones que ha tenido a lo largo de este medio siglo.

50 años se dice fácil, pero ha sido un legado que, álbum tras álbum, canción tras canción, ha cimentado una fanaticada devota a esta agrupación que, si bien ha venido con una frecuencia alta al país, cada una de sus visitas se vuelve una noche especial. “Es el show más grande que daremos aquí, CDMX”, celebró Bruce Dickinson en una de sus primeras interacciones con el público.

El infierno que roquea

Luego de una dosis de thrash metal administrada por la banda estadounidense Anthrax, la banda de Steve Harris y compañía irrumpió en el recinto para poner a bailar y a roquear a una masa humana de más de 60 mil personas que, con una emoción desbordante evidenciada en gritos, aplausos y chiflidos, dieron una cálida bienvenida al grupo.

Pasadas las 21:00 horas, el estadio cimbró con los primeros riffs electrizantes de ‘Doctor Doctor’, tema que sonó como introducción antes de la aparición de Maiden, liberando así un infierno musical que puso a saltar a las almas reunidas. Cada rincón parecía moverse; gente de todas las edades comenzaba a corear mientras ese estruendoso sonido, tan característico de Iron Maiden, anunciaba lo que estaba por venir.

Fue así que, con ‘Murders in the Rue Morgue’, se dio la primera declaración de intenciones. Un directo combo de adrenalina inyectó al estadio a través de unos riffs sombríos y grandilocuentes que comenzaron a mover a toda la masa humana ahí reunida. La maquinaria sonora de Maiden deslumbró por una ejecución precisa de cada uno de los músicos. La batería retumbaba con una explosión visceral, mientras que Dickinson se movía de aquí para allá como si de un adolescente se tratara.

Harris, por su parte, evidenció por qué es uno de los bajistas más sobresalientes de la música; cada una de sus cuerdas, solemnes y caóticas, marcaba el ritmo para que la gente saltara sin parar. Con este track, Maiden transportó a más de 60 mil personas a 1981, fecha en la que la canción debutó en ‘Killers’, segunda placa discográfica de la banda del Reino Unido.

Lo cierto es que, a pesar de los años, la rola parecía haber sido lanzada hace unas semanas. La emoción de la multitud y su entrega para corear esta canción solo pusieron las bases de una noche que ardió al ritmo de Iron Maiden.

La banda continuó el infierno sonoro al ritmo de ‘Wrathchild’ y ‘Killers’, del mismo álbum. La gente, con una entrega total, evidenció pasión, amor y una alta devoción al ritual invocado por Iron Maiden. En la plancha del estadio, los torbellinos humanos comenzaron a manifestarse en los famosos “slams”; otros, en cambio, aventaban vasos de cerveza.

Incluso en las gradas, los infantes que acompañaban a sus padres hacían movimientos como si tocaran una guitarra o una batería. La energía de Maiden movió a todos los reunidos, y Bruce lo sabía muy bien. Es por ello que, con una alegría evidente en su sonrisa, exclamó:“Hola, Ciudad de México”, dijo el vocalista de 68 años, quien tuvo una respuesta llena de euforia total.

“Cumplimos 50 años y este es el concierto más grande que hemos hecho en México”, dijo el músico en gesto de agradecimiento.

Fue en ‘Killers’ donde el mítico Eddie, en una botarga gigante, irrumpió en el escenario con el típico atuendo de esta gira actual, portando una chaqueta de cuero y un hacha en su mano derecha, llevándose gritos de alegría por parte de los congregados.

“Maiden, Maiden”, decía la gente con una emoción que se veía en sus rostros y movimientos. Fue así que, con ‘Phantom of the Opera’, la multitud fue todavía más atrás en el tiempo, pues la pieza es de su álbum debut de 1980.

En esta pieza, la adrenalina llegó a una épica infernal, con un solo de guitarra casi en la recta final que se volvió un arma sonora y emocionó a todos los presentes. Algunos gritaban, otros extendían el brazo; incluso otros se agarraban los unos a los otros y saltaban juntos, mostrando el poder de la música para unificar almas.

La bestia despierta

Fue así que llegó el turno de uno de los himnos más viscerales y míticos del heavy metal. “Mira, mamá”, mencionó un niño emocionado quien, llevando su brazo a su madre, siguió: “Graba, graba, six, six, six”, dijo el infante, quien posteriormente dejó que su cuerpo se moviera al ritmo infernal de ‘The Number of the Beast’.

Fue así que, con más de 40 años de haber sido lanzado, este track evidenció que, a pesar de los años, sigue apoderándose de las nuevas generaciones y, como posesión demoníaca, poniendo a bailar hasta a las almas más nuevas. Durante este tema, el infierno se hizo más presente gracias a unas llamaradas que salieron por cada extremo del escenario.

“Son uno de los mejores públicos en el mundo”, exclamó Dickinson, quien mostró en toda la velada que, a pesar de su ya longeva edad, sigue llevando la euforia y adrenalina de toda una audiencia entera. La voz de Bruce es un lamento sonoro que eriza la piel en cada una de las canciones, demostrando que, con más de 50 años en el negocio, sigue hipnotizando a quien sea y haciéndolo pasar una noche de éxtasis y adrenalina.

Fue así que, después de 38 años, ‘Infinite Dreams’, del álbum ‘Seventh Son of a Seventh Son’ de 1988, se hizo presente. “Todos deberían tener un sueño y espero que todos sus sueños sean infinitos”, dijo el cantante.

La velada continuó al rito de himnos del género como ‘Powerslave’ y ‘2 Minutes to Midnight’. En la primera, la banda desplegó un visual inspirado en el antiguo Egipto, referente de la portada de la obra musical de 1984. Antorchas en cada lado del escenario se hicieron presentes y Bruce portó una máscara en alusión a esta temática.

La descarga sonora hizo vibrar a todos, con pirotecnia y una flama ardiente. Iron Maiden demostró que sus temas no son piezas del pasado, sino que siguen más vigentes que nunca.

“Son la audiencia más ruidosa”, dijo Bruce. En ‘2 Minutes to Midnight’, los infantes comenzaron a tocar una guitarra en el aire y otros comenzaron a mover sus brazos como si tocaran los demoledores tambores del baterista.

Un viaje a través del tiempo

Espectros de alta mar, aviadores, guerra, Egipto, ciudades industriales, barcos errantes y el propio Eddie en gigante fueron algunas de las invocaciones que la banda realizó a través del uso de una pantalla digital puesta en el escenario, elevando aún más la inmersión de la puesta en escena.

Temas como ‘Run to the Hills’, ‘Seventh Son’ y ‘The Trooper’ sellaron el caos sonoro más frenético que ha presenciado el Estadio GNP Seguros en sus dos años de existencia. Incluso la lluvia, que se hizo presente pasando la mitad del show, no pudo frenar el infierno que desató la Doncella de Hierro, un espacio infernal que, a 50 años, sigue haciendo que almas de todas las edades, por algunos momentos, sean poseídas por estas rolas.

La música de Maiden convirtió el escenario en una máquina del tiempo. Cada canción parecía abrir una puerta distinta: una hacia los primeros años de la banda, otra hacia los grandes himnos que marcaron generaciones y otra hacia quienes, por primera vez, descubrían en vivo aquello que sus padres habían escuchado durante décadas.

La llama eterna

Para la recta final, ‘Aces High’, ‘Fear of the Dark’ y ‘Wasted Years’ sellaron el infierno que se había desatado. Con sombreros de mariachi y con una felicidad evidente de ambos lados, Iron Maiden y su audiencia demostraron que, después de 50 años, la música de Maiden sigue más viva que nunca, evidenciando que sus canciones no conocen generaciones ni tiempo.

Desde aquel joven Steve Harris que soñaba con formar una banda hasta las más de 60 mil personas que esa noche cantaron sus canciones bajo la lluvia, el tiempo pareció detenerse por unas horas.La música de Maiden nació para ser una llama eterna.

 

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Alejandro Ávila