Por Alejandro Ávila Peña
Pareciera que fue ayer, cuando en el verano de 2014 vio a la luz el debut de unos lonidenses que, bajo el nombre de Jungle publicaron una obra homónima que, de manera inmediata se popularizó dentro de Reino Unido e incluso tuvo un alcance global que cautivó a un amplio público debido a la fusión de sonidos que iban desde el funk, el neo soul y una electrónica bastante elegante y divertida.
Pasaron los años, y el grupo conformado por J Lloyd y Tom McFarland (en aquel entonces) continúo expandiendo su sonido a través de un cóctel de diversos géneros en los que esculpieron rolas directas a la pista de baile. Con ‘Loving In Stereo’, el grupo llegó a un pico de creativdad bastante alto al incorporar elementos del rock and roll con una base que transitó entre el R&B, el funk y demás.
Fue así que, con ‘Volano’, el dúo decidió dar un paso más allá y arriesgarse en la ecuación de su fórmula musical; para hacerlo, el siguiente paso fue que la antante Lydia Kitto tuviera mayor relevancia en las canciones, siendo por momentos, la voz principal de algunas de las canciones, encontrando una frescura y una nueva identidad sonora para la banda.
A pesar de esto, canciones como ‘’Problemz’ o ‘Dont Play’ seguían manteniendo el estilo característico del grupo en los primeros años, lo cual seguí evidenciando que Jungle seguía convencido de explorar nuevas capas sonoras y experimentar lo más que pudieran.
Con ‘Sunshine’, Jungle no intenta reinventarse desde cero; hace algo más interesante: toma los elementos que han construido su identidad y los lleva hacia un territorio más cálido, orgánico y emocional. A lo largo de once canciones, J Lloyd, Tom McFarland y Lydia Kitto se mueven entre el soul, el disco, el hip hop y la electrónica con una naturalidad que revela a una banda cada vez más segura de sus recursos.
Después de ‘Volcano’, álbum que terminó de convertir a Jungle en una de las propuestas más reconocibles del pop electrónico británico, ‘Sunshine’ podría haberse convertido fácilmente en una repetición de la fórmula. En cambio, el grupo opta por una transformación más sutil. Hay menos interés en demostrar músculo de producción y más en construir atmósferas, melodías y armonías capaces de sostener una escucha completa.
Esa decisión se refleja en la textura del álbum. Los samples vocales hechos en casa, las guitarras manipuladas, las demos reconstruidas y las interpretaciones orgánicas forman una producción que se siente menos calculada y más espontánea. El groove continúa siendo fundamental, el bajo sigue empujando las canciones hacia adelante, pero ahora convive con espacios de mayor intimidad.
El resultado es un disco luminoso, aunque no necesariamente despreocupado. La idea de “sunshine” funciona como una metáfora de esperanza: un lugar emocional al que se vuelve cuando el presente resulta incierto. Por eso las canciones hablan de conexión, aceptación y de la posibilidad de mirar hacia adelante sin borrar las heridas del pasado.
Lydia Kitto cambia el centro de gravedad
La incorporación oficial de Lydia Kitto es probablemente el cambio más significativo dentro de Jungle. Su presencia ya había sido importante en la etapa reciente del grupo, pero aquí adquiere otra dimensión: su voz ocupa buena parte del centro de la obra y modifica la relación entre los tres integrantes.
Kitto aporta una calidez que encaja perfectamente con la nueva dirección. No necesita imponerse mediante grandes despliegues vocales; su fortaleza está en el fraseo, el color y la manera en que se integra con las armonías de Lloyd y McFarland. El resultado hace que Jungle suene menos como un dúo ampliado y más como un verdadero trío.
Ese cambio también se escucha en la manera de construir las canciones. “Carry On”, por ejemplo, se sostiene en una instrumentación relativamente contenida, pero gana profundidad gracias a las voces, las cuerdas y el trabajo rítmico. “Someday, Somewhere” recupera el lado disco-funk más inmediato de la banda, mientras “The Wave” muestra esa capacidad de convertir una estructura sencilla en una pieza envolvente.
Ahí aparece una de las grandes virtudes de Sunshine: Jungle entiende que evolucionar no significa abandonar lo reconocible. Las líneas de bajo, las percusiones bailables, las guitarras de inspiración soul y las armonías siguen funcionando como huellas digitales, pero ahora están integradas en una propuesta más abierta.
También hay una conexión evidente con sonidos de otras épocas. El disco incorpora ecos de la bossa nova, la música brasileña y el pop de los años sesenta y setenta, aunque Jungle evita convertir esas referencias en una simple recreación retro. Las utiliza como materiales para ampliar su propio lenguaje.
La luz también proyecta sombras
Quizá lo más interesante de ‘Sunshine’ sea que su optimismo nunca resulta completamente ingenuo. Debajo de las melodías cálidas existe una cierta melancolía. Las canciones parecen hablar desde la distancia, del deseo de reencontrarse, de aceptar lo que cambia y de imaginar un futuro más amable.
En ese sentido, el álbum se beneficia de su moderación. No todas las canciones buscan convertirse en un momento monumental. Algunas funcionan por acumulación: un bajo que aparece discretamente, una armonía que se queda en la cabeza, una guitarra que modifica la textura o una voz que adquiere mayor peso después de varias escuchas.
Ese enfoque, sin embargo, también representa su principal riesgo. Frente al dinamismo y la ambición de ‘Volcano’, ‘Sunshine’ puede sentirse menos aventurado. Hay pasajes en los que la banda parece demasiado cómoda dentro de su propia fórmula y ciertas canciones comparten una estructura emocional similar. Para algunos oyentes, esa continuidad puede traducirse en repetición.
Pero sería injusto medir el álbum únicamente con la vara del impacto inmediato. Jungle parece estar buscando otra cosa: no necesariamente superar su mayor éxito, sino construir una obra que pueda permanecer. La banda ya demostró que sabe producir canciones irresistibles; ahora intenta demostrar que también puede hacer de la sencillez una forma de madurez.
Por eso ‘Sunshine’ funciona mejor cuando se escucha como un conjunto y no como una colección de posibles sencillos. Su fuerza está en la atmósfera que construye canción tras canción, en ese equilibrio entre baile y contemplación, entre nostalgia y esperanza.
Después de más de una década de carrera, Jungle no necesita romper con su pasado para demostrar que ha cambiado. Con ‘Sunshine’, la banda encuentra una nueva temperatura para su música: más cálida, más coral y menos preocupada por sorprender. Lydia Kitto termina de completar una identidad que llevaba tiempo transformándose, mientras Lloyd y McFarland parecen concentrarse en perfeccionar un lenguaje que ya dominan.
‘Sunshine’ no es una reinvención radical ni pretende serlo. Es, más bien, una depuración: el momento en que Jungle deja de perseguir la próxima gran canción y empieza a preguntarse qué clase de banda quiere ser después de haber encontrado el éxito. La respuesta está en un álbum que convierte el groove en refugio, la armonía en conexión y la luz en una forma de resistencia.
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