Por Alejandro Ávila Peña
A partir de este 27 de octubre y hasta el 27 de diciembre, La Maravilla Studios abre sus puertas a ‘Radiohead KID A MNESIA Motion Picture House’, una instalación audiovisual que debutó en Coachella 2026 y que permite al público mexicano adentrarse en el universo creativo de una de las bandas más influyentes de las últimas décadas. Con boletos desde los 650 pesos, la experiencia transforma el legado musical de Radiohead en un recorrido sensorial que trasciende los límites de un concierto y una exposición convencional.
Hay obras que marcan un antes y un después en la historia de una civilización; fundamentos artísticos que funcionan como testimonio de los sueños, temores, anhelos y demonios de una sociedad. Piezas capaces de plasmar con precisión el rumbo de una época, inquietantes por su crudeza y, en ocasiones, proféticas por la manera en que anticipan las contradicciones del mundo que habitamos.
Radiohead y la revolución de un nuevo siglo
A finales de los años noventa, el quinteto británico Radiohead comenzó a transformar las reglas de la industria musical. Liderados por la visión de Thom Yorke y acompañados por el ingenio de su productor Nigel Godrich, los músicos construyeron un lenguaje sonoro que desafió las convenciones del rock. Después de alcanzar una cima creativa con ‘OK Computer’, en 1997, el grupo decidió abandonar buena parte de las estructuras que lo habían llevado al reconocimiento mundial.
Tres años después, Radiohead entregó una de las obras fundamentales de la música contemporánea: ‘Kid A’. Publicado en octubre de 2000, el álbum rompió con las expectativas de sus seguidores al incorporar electrónica, texturas ambientales, ritmos fragmentados y una atmósfera que parecía provenir de un futuro incierto. Lejos de buscar respuestas, la banda convirtió la ansiedad, el aislamiento y la deshumanización tecnológica en materia sonora.
En junio de 2001 llegó ‘Amnesiac’, un álbum hermano que compartía con su antecesor el espíritu experimental de aquellas sesiones, aunque desarrollaba una identidad propia. Ambos discos se nutrieron de grabaciones realizadas en distintos estudios y ciudades, dando forma a un universo donde la belleza convive con la angustia y la tecnología deja de representar una promesa absoluta de progreso para revelar sus posibilidades más inquietantes.
El impacto de estas obras permanece vigente porque sus preocupaciones no han perdido fuerza. En una sociedad dominada por las pantallas, la saturación informativa y la desconexión emocional, escuchar canciones como ‘The National Anthem’ e ‘Idioteque’ significa enfrentarse a un presente que, paradójicamente, Radiohead parecía anticipar hace más de dos décadas. Su música no solo rompió con las convenciones del rock: abrió nuevas posibilidades para entender el álbum como una experiencia artística integral, donde sonido, imagen y concepto forman parte de un mismo lenguaje.
Un descenso al mundo de lo desconocido
En 2021, la banda reunió ambos discos en ‘KID A MNESIA’, una edición que amplió su universo con material artístico y audiovisual. Aquel mismo año, el proyecto dio origen a una experiencia virtual desarrollada para Epic Games y PlayStation 5, dirigida por Sean Evans en colaboración con Thom Yorke, Stanley Donwood, Nigel Godrich y [namethemachine]. Lo que inicialmente parecía destinado a permanecer en el mundo digital terminó evolucionando hasta convertirse en una película y una instalación física que hoy envuelve al público mexicano.
Una pesadilla que se disfruta
Caminar por las calles de la ciudad, cruzar junto a las vías del tren y descubrir las luces que emergen de La Maravilla Studios despierta la curiosidad. Al entrar, un pasillo en penumbra parece succionar al visitante hacia otra dimensión. Entre luces de neón aparece el rostro de un oso sonriente; después, bocetos, rayones, textos y criaturas extrañas comienzan a cubrir las paredes. La realidad se difumina poco a poco, hasta que uno comprende que ha entrado en el desolado mundo de ‘KID A MNESIA’.
La instalación reúne miles de dibujos, pinturas, collages, videos y notas manuscritas creados durante el proceso artístico que acompañó a ambos álbumes. Las paredes metálicas, los televisores antiguos, los rostros de Yorke y las figuras concebidas por Donwood construyen un paisaje que oscila entre una pesadilla industrial y un sueño febril. Los colores rojos y azules, el humo suspendido en el ambiente y las esculturas que aparecen a lo largo del recorrido refuerzan la sensación de caminar dentro de una mente fragmentada.
Uno de los aspectos más fascinantes es descubrir el trabajo que quedó fuera de las portadas originales. Durante aquellas sesiones, Yorke y Donwood experimentaron con grandes lienzos, herramientas poco convencionales y procesos digitales para intervenir, reconstruir y transformar imágenes. Mapas, montañas y la figura de un minotauro llorando revelan que el universo visual de Radiohead no fue un simple acompañamiento de su música, sino una pieza fundamental de su identidad artística.
La exposición permite comprender que aquellas imágenes comparten la misma inquietud que atraviesa las canciones: la sensación de habitar un mundo que pierde sus certezas, donde la tecnología, la memoria y la identidad se desdibujan constantemente. Cada espacio parece prolongar una emoción que la música apenas alcanza a nombrar, mientras que cada imagen transforma la escucha en una experiencia corporal capaz de provocar desconcierto, fascinación e incluso cierta incomodidad.
Una experiencia que estremece los sentidos
El recorrido conduce finalmente a una película de gran formato de 75 minutos que presenta a un monstruo atrapado en un museo abandonado, un lugar habitado por aquello que el mundo ha perdido y olvidado. A partir de esta premisa, la obra despliega una travesía surrealista en la que las imágenes frenéticas, las arquitecturas imposibles y las criaturas perturbadoras cuestionan nuestra relación con la memoria, la tecnología y la propia existencia.
La posibilidad de escapar de ese encierro se convierte en una metáfora abierta: ¿puede la tecnología salvarnos del olvido o es precisamente aquello que nos condena a él? La película no ofrece respuestas sencillas. Su fuerza radica en sumergir al espectador en una sucesión de imágenes que se sienten más de lo que se explican, como fragmentos de un sueño del que resulta imposible despertar del todo. La experiencia provoca una mezcla de asombro y desasosiego, una sensación que permanece incluso después de abandonar la sala.
El impacto se intensifica gracias al diseño sonoro, construido a partir de las grabaciones multipista originales de finales de los noventa y remezclado por Nigel Godrich para un sistema de audio espacial de seis canales. La mezcla se adapta a la arquitectura del recinto y convierte cada sonido en parte de un paisaje envolvente. Las canciones dejan de sentirse como piezas aisladas y se transforman en una presencia que rodea al público, acentúa la tensión de las imágenes y amplifica su carga emocional.
‘KID A MNESIA Motion Picture House’ demuestra que la música puede trascender el formato del álbum para convertirse en un universo habitable. Es una oportunidad para reencontrarse con dos obras maestras desde una perspectiva distinta, pero también para descubrir cómo el arte puede alterar nuestra percepción del espacio, el tiempo y la realidad.
La instalación permanecerá en La Maravilla Studios hasta el 27 de diciembre. Los boletos están disponibles a través de Fever, con precios desde los 650 pesos. Más que una exposición para seguidores de Radiohead, se trata de una experiencia para quienes buscan propuestas capaces de desafiar los sentidos y recordar que algunas obras musicales no solo se escuchan: también se habitan, se contemplan y, sobre todo, se sienten.
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