Por Ernesto Becerra
Han pasado más de 18 años desde la última entrega en 2D de la franquicia y 12 años desde el lanzamiento de un nuevo título principal de la familia de cazavampiros más famosa de los videojuegos. Castlevania: Lords of Shadow 2, estrenado en 2014, fue la última entrega principal de la saga, que durante años permaneció sin una nueva aventura. Sin embargo, su legado nunca desapareció: el éxito de sus cuatro temporadas animadas en Netflix, las recopilaciones de sus juegos clásicos y sus colaboraciones con otras franquicias mantuvieron vivo el interés por esta legendaria serie.
Desde su aparición en Super Smash Bros., hasta sus colaboraciones con V Rising, Dead by Daylight y Vampire Survivors, Castlevania ha demostrado que sigue teniendo un lugar importante en la industria. A esto se suma Dead Cells, que no solamente destacó por su excelente contenido descargable inspirado en la saga, sino que también puso en el radar a Evil Empire y Motion Twin, los estudios que ahora participan en esta nueva aventura.
Es así como Evil Empire, Motion Twin y Konami nos presentan Castlevania: Belmont’s Curse, el esperado regreso de la franquicia a una nueva aventura de acción y plataformas. Después de probarlo, estas son las razones por las que vale la pena darle una oportunidad.
Una historia atrapante que sabe guardarse las sorpresas
La historia de Castlevania: Belmont’s Curse nos transporta a París en 1499, aproximadamente 23 años después de los acontecimientos de Castlevania III: Dracula’s Curse. En esta ocasión acompañamos a Rose Belmont, hija de Trevor Belmont, quien se ve involucrada en una nueva amenaza que pone en peligro a la ciudad.
Lo que comienza como una situación que parece relativamente sencilla pronto se transforma en un conflicto mucho más complejo, con acontecimientos que obligan a Rose a asumir el legado de su familia y enfrentarse a las criaturas que amenazan con sumir al mundo en la oscuridad.
Uno de los aspectos más interesantes es que la narrativa no revela todas sus cartas desde el principio. Conforme avanzamos, descubrimos nuevas piezas que ayudan a comprender lo que realmente sucede, mientras aparecen personajes y referencias que los seguidores de la franquicia reconocerán. Por ello, conocer la historia de los Belmont y sus enfrentamientos anteriores con las fuerzas del mal permite disfrutar todavía más de algunos de sus momentos.
Las cinemáticas animadas también aportan mucho a la experiencia. Su presentación visual, acompañada por un elenco de voces que da personalidad a los personajes, consigue que los acontecimientos tengan mayor fuerza y que las revelaciones importantes se sientan como algo más que una simple transición entre niveles.
Sin entrar en detalles que puedan arruinar las sorpresas, la historia cumple con mantener el interés durante la aventura. Quizá su planteamiento inicial no sea el más impactante, pero conforme se desarrolla el conflicto, aparecen suficientes elementos para mantenernos pendientes de lo que ocurrirá después.
Una dificultad bien equilibrada y un combate que invita a experimentar
Uno de los grandes aciertos de Castlevania: Belmont’s Curse está en su sistema de combate. La aventura ofrece siete tipos de armas que permiten afrontar los enfrentamientos de distintas maneras, desde opciones rápidas para atacar constantemente hasta alternativas que requieren elegir mejor el momento para golpear.
Entre ellas encontramos espadas, espadas dobles, lanzas, armas de puño y, por supuesto, el clásico látigo que caracteriza a la franquicia. Cada tipo tiene sus propias ventajas, limitaciones y movimientos especiales, por lo que experimentar con diferentes herramientas resulta fundamental para encontrar el estilo que mejor se adapte a nuestra forma de jugar.
Además, cada categoría cuenta con distintas variantes que podemos descubrir durante la exploración. Esto añade un incentivo para revisar los rincones de los escenarios y probar nuevas combinaciones, en lugar de quedarnos únicamente con el arma que encontramos al principio.
El látigo, por su parte, no se limita a ser un instrumento para repartir golpes. También funciona como una herramienta de movilidad que permite alcanzar determinados puntos, impulsarnos y desplazarnos por el escenario. Esta combinación entre combate y desplazamiento le da una identidad propia a la experiencia, pues nos obliga a pensar en cómo aprovechar el entorno durante los enfrentamientos.
A todo ello se suman las Arcanas, habilidades especiales que amplían las posibilidades ofensivas. Gracias a ellas podemos lanzar proyectiles, ejecutar ataques a distancia y complementar nuestros movimientos habituales con efectos que resultan especialmente útiles cuando nos rodean varios enemigos.
Estas habilidades se desbloquean conforme derrotamos a los jefes y, además, cuentan con objetivos que permiten mejorarlas. Algunas modificaciones aumentan su potencia, mientras que otras alteran su funcionamiento para ofrecer nuevas posibilidades tácticas. De esta manera, el sistema de combate no se limita a presionar botones: experimentar con las armas y las Arcanas puede marcar la diferencia en los enfrentamientos más exigentes.
En cuanto a la dificultad, considero que está bastante bien equilibrada. Los enemigos y los jefes presentan desafíos distintos, por lo que difícilmente sentiremos que estamos repitiendo exactamente el mismo combate una y otra vez. Hay enfrentamientos que exigen aprender los patrones de ataque, aprovechar las oportunidades para contraatacar y utilizar correctamente nuestras habilidades, pero sin llegar a una dificultad que convierta la aventura en una experiencia frustrante.
Los jefes merecen una mención especial, pues cada uno propone una manera diferente de poner a prueba nuestras habilidades. Son desafiantes, pero no se sienten injustos ni requieren interminables sesiones de combate para derrotarlos. Esto ayuda a mantener un ritmo agradable y nos anima a seguir avanzando para descubrir qué otro reto nos espera.
Un nivel de plataformeo excelente
Si hay algo que destaca desde los primeros minutos es el diseño de niveles. Cada localización tiene una identidad visual propia, con escenarios llenos de detalles, colores y elementos que contribuyen a construir una versión retorcida y fantástica de París.
La exploración también tiene un papel fundamental. A lo largo de la aventura encontraremos caminos ocultos, cofres, atajos y pequeños espacios que esconden recursos útiles para nuestra progresión. Algunos secretos se encuentran a simple vista, mientras que otros requieren observar cuidadosamente el entorno o regresar a una zona cuando hayamos conseguido una habilidad que antes nos impedía avanzar.
Este diseño hace que explorar no se sienta como una obligación, sino como una parte esencial de la experiencia. Siempre existe la posibilidad de descubrir algo nuevo detrás de una pared, al final de un camino alternativo o en una sección que parecía no tener mayor importancia.
Además, el mapa facilita el seguimiento de ciertos lugares a los que todavía no podemos acceder, lo que ayuda a recordar dónde debemos regresar cuando obtengamos las herramientas necesarias. Es un detalle que se agradece, especialmente para quienes disfrutamos recorrer cada rincón en busca de secretos.
Sin embargo, lo que más me gustó fueron las rutas alternativas dedicadas al plataformeo. Algunas esconden frascos que aumentan nuestra vida o maná, mientras que otras permiten encontrar nuevas variantes de armas. También hay desafíos contrarreloj que exigen aprovechar al máximo nuestras habilidades de movimiento y reaccionar con rapidez para superar los obstáculos.
Es en estas secciones donde el juego demuestra una de sus mayores virtudes: la creatividad de sus escenarios. No basta con caminar de un punto a otro; en ocasiones tendremos que combinar saltos, movimientos especiales y el uso del látigo para alcanzar plataformas o sortear trampas. Son desafíos que recompensan la precisión y que, cuando conseguimos superar, dejan una sensación bastante satisfactoria.
El sistema de desplazamiento recuerda a algunas de las mejores ideas de los trabajos anteriores de Evil Empire. El látigo puede utilizarse para sujetarse de determinados puntos, impulsarse y balancearse, lo que abre nuevas posibilidades para recorrer los escenarios. Esta mecánica funciona especialmente bien cuando se combina con los saltos y las demás habilidades de Rose, haciendo que el movimiento se sienta ágil y dinámico.
Eso sí, no todo es perfecto. En ocasiones, calcular el ángulo necesario para enganchar el látigo puede resultar algo impreciso. Basta con apuntar ligeramente fuera del punto indicado para que Rose no consiga sujetarse, lo que puede interrumpir el ritmo de una sección de plataformas. No es un problema que arruine la experiencia, pero sí ocurre lo suficiente como para hacerse notar.
A pesar de ese pequeño inconveniente, el diseño de niveles es uno de los aspectos más sólidos de Castlevania: Belmont’s Curse. La combinación de exploración, secretos y desafíos de plataformas consigue que avanzar sea tan satisfactorio como descubrir lo que se esconde fuera del camino principal.
Remixes buenos, pero sin una melodía propia memorable
No voy a mentir: disfruté bastante de los remixes musicales de Castlevania: Belmont’s Curse, especialmente de su tema principal. La franquicia cuenta con una de las identidades musicales más reconocibles de los videojuegos, por lo que recuperar melodías clásicas es una buena manera de conectar esta nueva aventura con su legado.
Sin embargo, también me quedé con ganas de escuchar alguna composición completamente nueva que consiguiera dejar una impresión igual de fuerte. Si bien los arreglos funcionan y acompañan adecuadamente la acción, me faltó esa melodía original que se quedara grabada en la cabeza después de apagar la consola.
No significa que la música sea mala, pues cumple con su propósito y aprovecha el peso de las composiciones clásicas. Simplemente, considero que era una buena oportunidad para que esta nueva etapa de Castlevania también comenzara a construir una identidad musical propia.
Por ello, este termina siendo uno de los apartados más flojos de la experiencia, especialmente frente a las virtudes que encontramos en el combate, el diseño de niveles y la exploración.
Un rendimiento desigual entre plataformas
Tuvimos la oportunidad de probar Castlevania: Belmont’s Curse tanto en PC como en Nintendo Switch 2, y las diferencias entre ambas versiones merecen una mención especial.
En PC encontramos algunas caídas de rendimiento durante ciertas transiciones, especialmente en momentos en los que la cámara se acercaba a los personajes para acompañar los diálogos. Sin embargo, estos problemas fueron relativamente puntuales y no llegaron a resultar demasiado molestos durante nuestras sesiones de juego.
El panorama fue menos favorable en Nintendo Switch 2. Aunque es posible disfrutar de la aventura en esta consola, la versión que probamos corresponde a la de Nintendo Switch original, con una ejecución a 60 cuadros por segundo, y no a una edición nativa desarrollada específicamente para la nueva plataforma.
Esto se nota en determinados aspectos visuales, particularmente en la resolución, pero también en el rendimiento. Durante nuestras sesiones encontramos algunas caídas de cuadros por segundo y, más preocupante todavía, cierres inesperados del juego.
Por fortuna, los puntos de guardado están distribuidos de manera bastante razonable, lo que reduce las posibilidades de perder una cantidad considerable de progreso cuando ocurre alguno de estos cierres. Aun así, encontrarse con un cierre inesperado durante una sesión larga puede resultar molesto, especialmente cuando estamos explorando una zona o acabamos de superar una sección complicada.
Otro detalle que afecta la experiencia son los tiempos de carga. Mientras que las transiciones entre áreas son prácticamente inmediatas en la versión de PC que probamos, en Nintendo Switch 2 llegamos a encontrar pantallas de carga de hasta 45 segundos. Para algunos jugadores quizá no sea un inconveniente importante, pero la diferencia se vuelve evidente cuando estamos acostumbrados a cambiar de zona con mayor rapidez.
En términos generales, Castlevania: Belmont’s Curse se puede disfrutar en Nintendo Switch 2, pero los problemas que encontramos impiden que sea la versión que recomendaría por encima de otras plataformas. Si tienen la posibilidad de jugarlo en PC o en otra consola con una versión que ofrezca un rendimiento más estable, esa sería mi primera recomendación.
Si Nintendo Switch 2 es su única opción, vale la pena considerar esperar a futuras actualizaciones que puedan mejorar el rendimiento y la estabilidad. Una versión nativa optimizada para la consola también sería una buena noticia para aprovechar mejor sus capacidades.
Conclusiones
Castlevania: Belmont’s Curse es, sin lugar a dudas, un excelente regreso para una de las franquicias más importantes de la historia de los videojuegos. Aunque el nombre Castlevania puede generar expectativas muy altas entre sus seguidores, la realidad es que estamos ante una aventura sólida que entiende perfectamente cuáles son los elementos que hicieron grande a la serie.
Su diseño de niveles, las posibilidades de exploración y un sistema de combate que invita a experimentar con diferentes armas y habilidades convierten cada recorrido en una experiencia satisfactoria. El nuevo sistema de desplazamiento también aporta frescura a la fórmula, mientras que los jefes ofrecen desafíos variados sin caer en una dificultad excesivamente frustrante.
Eso sí, no todo alcanza el mismo nivel. La música pudo apostar más por composiciones originales memorables y el control del látigo puede ser algo impreciso en ciertas secciones. A esto se suman los problemas técnicos que encontramos en Nintendo Switch 2, una versión que necesita mejorar para ofrecer una experiencia más consistente.
Pese a estos detalles, el balance es claramente positivo. No solo estamos ante una aventura que recupera el espíritu de Castlevania, sino ante una propuesta que demuestra que todavía hay espacio para renovar sus mecánicas sin perder aquello que la convirtió en una leyenda.
La influencia de la franquicia puede sentirse en muchos de los juegos de acción y exploración que disfrutamos actualmente, y Belmont’s Curse es un recordatorio de por qué su legado continúa vigente. Si son seguidores de los Belmont, esta aventura merece un lugar en su lista de pendientes. Y si llegan por primera vez a la saga, también encontrarán una excelente oportunidad para conocer su universo.
Después de terminarlo, incluso dan ganas de regresar a las series animadas de Netflix para volver a sumergirse en este mundo de vampiros, monstruos y cazadores. La familia Belmont está de vuelta, y difícilmente podría haber tenido un mejor regreso.
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