Por Alejandro Ávila Peña
Desde 1847, ‘Cumbres Borrascosas’ de Emily Brontë se ha establecido como referente principal de los melodramas contemporáneos, siendo una narrativa legendaria que ha trascendido en el tiempo, colocándose como la historia de amor más dramática e irresistible de toda la historia. Este fin de semana, llega a las salas de cine una nueva versión de este clásico, dirigida por la aclamada Emerald Fennell, quien, a través de su estilo impresionista, elabora una versión más atrevida, electrizante e hipnótica de este relato atemporal.
‘Cumbres Borrascosas’ se centra en la relación intensa y destructiva entre Catherine Earnshaw (Margot Robbie) y Heathcliff (Jacob Elordi). Todo comienza cuando el señor Earnshaw lleva a su hogar a un niño huérfano, Heathcliff, quien crece junto a Cathy en un ambiente marcado por la decadencia, el resentimiento y la violencia emocional.
A medida que ambos crecen, su vínculo evoluciona hacia una pasión obsesiva que desafía las normas sociales y las expectativas de clase. Sin embargo, las decisiones impulsivas, el orgullo y el deseo de pertenecer a mundos distintos los empujan hacia caminos separados, alimentando un ciclo de venganza y autodestrucción.
El peso emocional del filme, recae en sus dos protagonistas, Margot y Elordi. La primera aporta fragilidad y teatralidad a su Cathy, dotando al personaje de un magnetismo seductor en cada una de sus facciones y movimientos; es caprichosa, impulsiva, pero, también desgarradoramente humana. Este conjunto de emociones, Margot, las encapsula y las exhibe de buena forma, haciendo que la audiencia sienta frustración por su conducta, pero, empatía por el dolor mismo que atraviesa.
Por su parte, Elordi, construye a un Heathcliff evolutivo y descomunal, del cual se ve su transformación de joven desplazado a figura imponente. La cámara de Fennel de manera ingeniosa logra capturar el aura salvaje y rabiosa de Elordi, haciendo que, en cada plano abierto, se perciba la melancolía y rabia contenida del personaje.
Estos dos engranajes son la combustión perfecta que enciende el relato de más de 2 horas de duración. La química de ambos se articula muy bien, dejando ver que la relación cobre varios matices, desde lo pasional hasta lo dañino, haciendo que este enlace sea un viaje de emociones que ponga a la audiencia en un sube y baja de drama.
La manera en la que Fennell marca el ritmo de la película es vibrante, poco a poco el melodrama comienza a aumentar de tensión, y el conflicto obliga a los personajes a sacar su peor versión de ellos mismos.
Hipnótica e irresistible
El estilo visual de Fennell se ha consolidado como una de las marcas autorales más reconocibles del cine contemporáneo. Tanto en ‘Saltburn’ (2023) como en esta ‘Cumbres Borrascosas’ (2026), la cineasta demuestra una fascinación por la estética como vehículo narrativo, en las historias de Emerald la imagen no ilustra la historia, sino que más bien, la tensiona, la ironiza y, en muchos casos, la llega a contradecir.
Los encuadres casi poéticos de la autora sirven como catalizadores emocionales e introspectivos, siendo recursos para confeccionar y marcar tensión sobre la narrativa contada; en ‘Saltburn’, Fennell construyó un universo tejido bajo un lujo decadente, en el que cada encuadre fue elaborado con un cuidado casi coreografiado, desde la mansión, los vestuarios y la iluminación, pues, estos atributos no eran elementos para decorar, sino que, más bien, eran extensiones psicológicas de los mismos personajes.
Bajo esta misma técnica, es que ‘Cumbres Borrascosas’ se compone de un imaginario visual potente y vibrante a través de paramos desolados que dejan de ser espacios crudos y naturales, pasando a ser escenarios performativos; la lluvia, las luces y sombras, en conjunto con el vestuario generan una sensación de artificio en cada encuadre. Fennell no busca dar una narrativa histórica, o un relato que se respalde más de lo narrativo, sino que, a través de los elementos estéticos y sonoros, busca amplificar la intensidad emocional de la historia.
Un rasgo constante en su cine es la tensión entre lo bello y lo perturbador. La cámara se detiene en cuerpos, gestos y espacios con una sensualidad calculada, pero esa sensualidad suele desembocar en violencia simbólica o emocional. Fennell parece interesada en mostrar cómo el deseo, ya sea social, sexual o romántico, puede adquirir una dimensión grotesca bajo la superficie pulida de la imagen.
En ‘Cumbres Borrascosas’ la cineasta entrega personajes podridos y desgarrados emocionalmente, teniendo acciones que van desde lo más deplorable de la sociedad siendo un reflejo del entorno en el que habitan, esto se puede ver en el elenco secundario de la obra; por ejemplo, el personaje de Ellen Dean (Hong Chau) es alguien que representa varias capas emocionales, desde la vergüenza, frustración el odio, siendo un personaje odiable pero que, al analizarlo se entiende su comportamiento.
Esto sucede con todos los personajes, no son buenos ni malos, hay una dualidad en cada uno que los hace ser inquietantes y perturbadores, haciendo que exista una compasión y fascinación por cada uno de ellos.
Melodrama sensorial
El metraje es un melodrama en toda la extensión de la palabra, una historia intensa, introspectiva y progresiva que disecciona las capas del amor romántico a través de sus diversas capas emocionales. Con un vasto elenco de primer nivel, comando por Margot Robbie y Jacob Elordi, la película es una progresiva historia de amor que manifiesta a través de imágenes oníricas el romance y pasión exótica en cada una de sus imágenes. Cada escena es como si se estuviera viendo un cuadro renacentista en movimiento. El uso del color rojo dota de sensualidad y pasión al relato haciendo que, incluso, lo visual tome más relevancia que lo narrativo.
Cada imagen es única y hace que en conjunto deslumbre por lo electrizante de los planos y de la composición misma. Es en este apartado donde esta versión de ‘Cumbres Borrascosas’ se desmarca de las anteriores adaptaciones, pues, la cineasta se centra más en lo visual que en lo narrativo. El romance no se trata como algo romántico, sino más bien como algo primitivo del ser.
Desde llanuras desoladas, montañas fangosas y grandes edificaciones, es que la historia se erige más como una experiencia sensorial que como un vistazo cinematográfico, esto impulsado por la excelente fotografía de Linus Sandgren que se integra de forma eficaz a la composición electrizante por parte de Charlie XCX, quien construye a través de beats y cuerdas vibrantes una emoción sónica que, a través de altas frecuencias, incrementa la intensidad del relato.
Amargo relato de amor
La película manifiesta el romance como un imposible, pero no desde un no sentenciado, sino a través de una serie de circunstancias en donde no basta que dos personas estén enamoradas el uno de la otra, sino que es la elección y valentía de ambas partes quienes darán todo para encontrar estabilidad en él.
En conjunto, esta ‘Cumbres Borrascosas’ de 2026 no busca complacer a los puristas. Es una experiencia visualmente exuberante, diseñada para incomodar tanto como para seducir. Su romanticismo es oscuro, excesivo y deliberadamente irónico, siendo un melodrama que conquista más por lo que hace sentir que por lo que ofrece en lo narrativo. ‘Cumbres Borrascosas’ es una apuesta fresca por parte de su directora, siendo quizás, una de las versiones más arriesgadas y que mejor ha adaptado a la obra original, invitando al espectador a un delirio sensorial.
