Reseña 'El Diablo Viste a la Moda 2': ¿Miranda Priestly sobrevive a la era digital?

Escena

Miranda Priestly regresa para enfrentar la crisis del periodismo impreso en ‘El Diablo Viste a la Moda 2’. Una secuela que mezcla alta costura con una crítica feroz al ocaso del periodismo impreso, demostrando que el poder nunca pasa de moda.

Este fin de semana llega a salas de cine 'El Diablo Viste a la Moda 20. Foto: 20th Century Studios
Este fin de semana llega a salas de cine 'El Diablo Viste a la Moda 20. Foto: 20th Century Studios

 

Por Alejandro Ávila Peña

En una industria donde el lápiz y la creatividad han perdido peso como símbolo de expresión junto a  los medios impresos, es que  ‘El Diablo Viste a la Moda 2’ llega en un momento en que el papel atraviesa una de sus crisis más angustiantes frente al dominio de los medios digitales, siendo una fábula en torno al periodismo actual.  Todo ello poniendo a prueba a uno de los personajes más emblemáticos del cine contemporáneo: la cínica y calculadora Miranda Priestly.

Fue en 2006 cuando la primera entrega cambió las reglas del juego con su propuesta visual, su ritmo narrativo y la creación de un personaje inolvidable. La interpretación de Meryl Streep convirtió a Miranda en símbolo de perfección, ambición y autoridad, evidenciando cómo lo estético también puede ser una forma de poder. A veinte años de distancia, esta continuación retoma ese legado con una narrativa continuista que, si bien mantiene la esencia, apuesta por una mirada más crítica hacia una industria que parece extinguirse lentamente: el periodismo impreso.

Un regreso en tiempos adversos

La precisión del contexto actual con el que Frankel sitúa al espectador desde el arranque del filme es lo que detona a una secuela que va de menos a más; siendo una encantadora cinta que pese a salir 20 años después, se siente familiar en varios de sus apartados, siendo el más consistente la química del elenco principal, dando la sensación de que en ningún momento perdieron contacto.

Las revistas cierran, las plantillas son recortadas, presupuestos limitados y la evidencia de como los medios sirven más como sirvientes de patrocinadores que como arquitectos de la difusión. Es a partir de esta realidad que David, decide regresar al universo de la revista Runway para dirigir el foco de atención en esta problemática, poniendo al personaje de Miranda como eje principal de la historia.

La historia adentra por completo al espectador con el mismo encanto que la primera entrega emocionó hace 20 años; es de mencionar que esta entrega no se distancia de su predecesora en el estilo visual pero, es de decir que hay cierta ligereza de desarrollo en algunos de los personajes principales, pues el cinismo de Miranda no se siente tan endiablado como lo fue en la primer entrega y la optimista Andy, por momentos, crea una especie de vacío emocional por situaciones en donde no mantiene el mismo comportamiento que en la primer entrega.

Lo cierto es que, esta secuela recupera el glamour, la ambición y esa frescura de la cinta de 2006; a nivel de fotografía el metraje es un logro visual que destaca por lo bien que se ven los actores cuando desfilan con las prendas de alta costura, solo que, hay cierta frialdad en los colores que hacen que la atmosfera no sea sienta tan cálida como la de la primer entrega.

Lejos de ser una cinta que su intención sea ocasionar fan service a la audiencia, el metraje apuesta por recuperar a los personajes ya construidos en la primera cinta y llevarlos a un nuevo drama en donde la comedia, el drama y el glamour se contraponen para dar vida a un combo visual magnético y cautivador.

Glamour con mirada crítica

Bajo la dirección de David Frankel y con guion de Aline Brosh McKenna, la película reúne al elenco original junto con nuevas incorporaciones. La historia sigue a Miranda intentando abrirse paso en un entorno donde las revistas han perdido relevancia. En ese camino se enfrenta a su antigua asistente Emily Charlton (Emily Blunt), ahora convertida en una poderosa ejecutiva dentro del mundo del lujo, y se reencuentra con Andy Sachs, con quien deberá afrontar el declive del medio editorial.

La cinta funciona como un testimonio que alza la voz ante la decadencia de la industria. Si en la primera película el poder se construía desde la estética y el papel, aquí el director aterriza su universo en una realidad más concreta y áspera. El primer acto destaca como un ejercicio discursivo sólido que, a través de encuadres sobrios y diálogos precisos, expone el desgaste emocional del periodismo, construyendo poco a poco una tensión dramática efectiva que sostiene el resto del metraje.

Estética impecable y ritmo ascendente

Envuelta en alta costura, la película se convierte en un auténtico deleite visual. Las grandes casas de moda transforman cada escena en una pasarela cinematográfica, donde la elegancia de los encuadres refuerza la identidad de la franquicia. El trabajo de vestuario por parte de Molly Rogers,  logra elevar la propuesta hacia un terreno más atrevido sin perder sofisticación, manteniendo ese equilibrio entre espectáculo y narrativa.

Con giros de trama la cinta cobra mayor tensión en algunos momentos, haciendo que el relato intrigue en sus dos horas de duración. Aunque lo estético sigue siendo un pilar fundamental, el filme evita convertirse en un simple escaparate comercial. Lo cierto es que, si bien la base sobre la que parte es clara, llega un momento donde la historia parece que no va a un destino en específico, esto respecto a su antecesora le juega en contra pues, la primera entrega fue más precisa al delinear una trama más concreta y fácil de entender.

Actuaciones infernales

Las actuaciones son el motor principal del filme. Meryl Streep domina nuevamente la pantalla con una Miranda que muestra matices más vulnerables, alejándose parcialmente de la dureza que la caracterizaba, lo que puede resultar divisivo pues esta humanización quita parte del encantó cínico con el que se inmortalizó en la primera cinta. Anne Hathaway aporta una evolución interesante a Andy, ahora más madura y consciente del entorno, pero también más pragmática. Stanley Tucci regresa con una presencia entrañable, mientras que las nuevas incorporaciones funcionan de manera correcta sin superar al elenco original.

El punto de anclaje emocional del relato es la dinámica que hay entre el personaje de Miranda y el de Andy;  ambas actrices se roban cada  una de las entregas en las que interactúan a través de una dulzura y descaro como solo ellas saben hacer; pero, si es de mencionar que por momentos la nostalgia pes más en este encuentro que lo que de verdad ofrece el vinculo en esta secuela pues, a comparación del vinculo que se vio hace 20 años, el de esta segunda entrega no es tan mordaz ni ácido como el que conquistó en 2006.

Esta secuela, contrasta muy bien a línea narrativa que Frankel quiere relatar por medio de estos personajes, los encuadres abiertos rescatan la gloria y solemnidad de los personajes con sus mejores vestuarios, es ahí donde lo estético figura commo símbolo de poder siendo el equivalente a la importancia que los medios impresos tenían hace 20 años, es por ello que para esta época actual el haber construido a una Miranda  más humana y hasta agradable evidencia que incluso la falta de poder debilita a aquellos que en un momento se sentían como deidades mediáticas. Es así que, ambas películas funcionan como una introspección de lo fundamental que es el medio periodístico,; quizás un poco de cinismo en sus personajes hubiera hecho que esta secuela estuviera a la altura de su antecesora pero, con lo propuesto logra mantenerse y funciona de principio a fin como una grata experiencia.

Más allá del encanto discursivo que construye David en el metraje; es de decir que fuera de ello, la película funciona por recuperar un humor cínico, personajes icónicos y un desplegado de vestuarios que hacen de esta cinta una digna continuación. Si bien no llega al nivel de la antecesora, la manera de explorar la actualidad con estos personajes hace que el metraje funcione en gran parte.

 ‘El Diablo Viste a la Moda 2’ es una secuela brillante que, continua con el legado de su predecesora, siendo un testimonio de una industria que poco a poco se hunde pero que, mientras haya personas audaces como los personajes planteados, siempre habrá una manera de seguir existiendo en el negocio. Al final, es una experiencia sensorial y discursiva que encantará a los fans de la primera entrega, y a las nuevas audiencias.

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