Retirada de obras del Museo Nacional de Colombia: ¿Memoria histórica o batalla cultural?

Escena
Integrantes de la Unidad Nacional Antidisturbios (UNADI) custodian el Museo Nacional en medio de una manifestación contra el retiro de al menos 30 afiches, fotografías y objetos de tres salas del museo, en Bogotá (Colombia). EFE/Mauricio Dueñas Castañeda
Integrantes de la Unidad Nacional Antidisturbios (UNADI) custodian el Museo Nacional en medio de una manifestación contra el retiro de al menos 30 afiches, fotografías y objetos de tres salas del museo, en Bogotá (Colombia). EFE/Mauricio Dueñas Castañeda

La retirada de decenas de obras del Museo Nacional por parte del Gobierno de Colombia ha desatado una disputa sobre la memoria histórica, la autonomía cultural y la representación de luchas sociales, en medio de la "batalla cultural" auspiciada por el presidente Abelardo de la Espriella y de las protestas contra una medida que algunos sectores tachan de "censura".

1. Los elementos retirados

La medida alcanzó tres salas del museo, el mayor de Colombia y uno de los más antiguos de América, y dejó fuera de exhibición afiches, fotografías y objetos que documentaban las reivindicaciones feministas y LGBTI; episodios de violencia política; y el proceso de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), cuyo acuerdo se firmó en 2016.

Entre los elementos están una bandera del orgullo perteneciente a la activista Elizabeth Castillo, un afiche de la campaña presidencial de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la Unión Patriótica asesinado en 1990, y el llamado "Balígrafo", una pluma elaborada a partir de una bala y utilizada para firmar el acuerdo de paz.

La decisión ha abierto interrogantes sobre los criterios para seleccionar las representaciones de la historia nacional y el papel de las instituciones culturales en la conservación de memorias que siguen siendo objeto de controversia política. 

2. "Contrarrevolución cultural"

La medida se enmarca en la "contrarrevolución cultural" anunciada por De la Espriella, quien cuestiona el "wokismo" y considera que determinadas representaciones públicas constituyen una "apología del terrorismo".

El Gobierno ordenó retirar de los espacios públicos toda referencia a Carlos Pizarro, antiguo comandante de la guerrilla del M-19 que dejó las armas y fue asesinado en 1990, cuando era candidato a la presidencia del país.

La ministra de Cultura, Paola Holguín, defendió el polémico retiro al afirmar que los museos públicos "no deben servir como instrumentos de adoctrinamiento político ni difundir versiones sesgadas de la historia".

El Gobierno sostiene que busca evitar la glorificación de la violencia y la revictimización, mientras sus críticos cuestionan que esa revisión termine excluyendo episodios relevantes de la historia del país. 

3. Los cuestionamientos

La polémica ha trascendido la confrontación entre el Gobierno y la oposición, y ha suscitado críticas de profesionales de la cultura y responsables de instituciones museísticas, que cuestionan la falta de claridad sobre los criterios aplicados para retirar las piezas.

Museos de arte moderno y representantes del Consejo Internacional de Museos en Colombia también han puesto en duda la intervención y han advertido sobre sus posibles consecuencias para la autonomía institucional.

A las críticas del sector cultural se sumó el exprocurador Fernando Carrillo, quien criticó la retirada de referencias a la Séptima Papeleta, una iniciativa ciudadana de 1990 que impulsó la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente y abrió el camino a la Constitución de 1991.

"La intención de invisibilizar la Séptima Papeleta y la Constitución del 91 es un acto torpe que pretende desconocer el consenso ciudadano, político y social más relevante de la historia reciente de Colombia", afirmó.

4. Las protestas

La retirada de las piezas provocó manifestaciones frente al Museo Nacional durante este fin de semana, protestas en las que los participantes cargaron con carteles, banderas y megáfonos contra lo que tildan de "censura" y defendieron el derecho a la memoria.

A las concentraciones acudieron los exministros de Cultura Juan David Correa y Patricia Ariza, así como la líder de izquierdas, María José Pizarro, hija de Carlos Pizarro, quien defendió el legado de paz de su padre.

El domingo, jóvenes reprodujeron algunas de las obras retiradas en el exterior del museo, en un gesto simbólico para mantenerlas visibles pese a su desaparición de las salas.

Este lunes se han iniciado además unas jornadas que incluyen clases de arte dictadas por profesores de varias universidades de Bogotá frente al museo.

Las protestas del fin de semana concluyeron con enfrentamientos entre grupos de manifestantes y agentes de la Fuerza Pública, lo que amplió la controversia más allá del contenido de las exposiciones.

5. ¿Qué historia debe representar Colombia?

Organizaciones como Colombia Diversa y Caribe Afirmativo han advertido que retirar referencias a las luchas sociales y a la población LGBTIQ+ puede invisibilizar experiencias que también forman parte de la historia nacional.

La ministra de Cultura, Holguín, por su parte, afirmó que el Gobierno garantizará que el Museo Nacional divulgue una "cultura que represente a toda la nación y no sólo a un sector" y se arrogó el derecho a revisar la curaduría de todos los museos estatales.

La controversia reúne así cuestiones que van más allá de las piezas desmontadas: la representación de las víctimas, el legado del conflicto armado, la diversidad social y los límites de la intervención política en la cultura.

Mientras el Gobierno defiende su derecho a revisar los contenidos de las instituciones públicas, sus críticos reclaman garantías para que esa revisión no elimine memorias incómodas ni reduzca la pluralidad de interpretaciones.

Esneyder Negrete

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