Rosalía ilumina el Palacio de los Deportes: Así fue el espectacular inicio de su ‘Lux Tour’ en CDMX

Escena

Rosalía inauguró su místico ‘Lux Tour’ en el Palacio de los Deportes de la CDMX. Ante más de 15 mil fanáticos, la estrella catalana desató una sorprendente noche de teatralidad y drama que fusionó flamenco, trap y una imponente orquesta en vivo.

Alejandro Ávila
Rosalía en primera noche de su 'Lux Tour' en el Palacio de los  Deportes
Rosalía en primera noche de su 'Lux Tour' en el Palacio de los Deportes

Por Alejandro Ávila Peña

“El canto es el discurso exaltado hasta la máxima pasión; la música es el lenguaje de la pasión”, refirió el célebre compositor Richard Wagner en su ensayo ‘El judaísmo en la música’. Con esto último se evidencia que, en un performance operístico, la música, el drama y la emoción se entrelazan para esculpir una experiencia envolvente, llena de mucho corazón.

Con esta idea encaja de manera precisa el más reciente tour de la barcelonesa Rosalía, quien la noche del pasado 22 de agosto ofreció el primero de cinco shows en el Palacio de los Deportes de la CDMX, como parte de su actual gira ‘Lux Tour’, con la que promociona el álbum homónimo que la autora de ‘Saoko’ estrenó a finales del año pasado.

La nacida en Cataluña abrió esta serie de conciertos con un espectáculo sorprendente, lleno de mucho drama, una puesta en escena casi teatral y una combinación de géneros que fueron desde el flamenco más puro hasta el trap más visceral.

Una catedral blanca para recibir a Rosalía

Fue la noche del 22 de agosto cuando, después de una intensa lluvia, en los alrededores del Palacio de los Deportes la gente iba de aquí para allá, debido a que se reuniría en ese recinto para presenciar el primer show de Rosalía Vila Tobella, mejor conocida como Rosalía, quien, tras su paso por Nuevo León y Jalisco, había llegado a la ciudad para ofrecer el primero de cinco shows en el mítico Domo de Cobre.

Desde el Metro Viaducto y en las afueras del Palacio, la gente iba y venía con mucha emoción en sus rostros. Algunos iban vestidos de acuerdo con la ocasión: coronas blancas, coronas doradas y algunas con luces se podían ver por donde voltearas. El velo de novia, vestidos blancos, abanicos, rosarios y hasta personas con atuendo de monjas desfilaban con dirección a presenciar a una de las artistas más aclamadas de la industria actual.

“Es Rosalía, nunca decepciona”, le dijo una persona a su acompañante, mientras que, en otra posición, unos amigos compraban la variada mercancía en torno a la autora de ‘La Perla’. Apresuradas, las personas poco a poco iban llegando al recinto, aunque todavía se detenían a comprar algún que otro accesorio, como una sudadera o un rosario, referentes al universo de ‘Lux’, obra musical que, en su construcción, es una mezcla de barroco, música clásica, pop y urbano.

Poco a poco, el Domo de Cobre se iba pintando de blanco y de coronas luminosas en cada uno de sus rincones. La expectativa era alta: era la cuarta ocasión que Rosalía llegaba a la capital mexicana para ofrecer en directo una nueva era a su público mexicano.

Fue así que, siendo las 20:00 horas, las cuerdas se hicieron oír a través de varias composiciones de artistas reconocidos de la música clásica. En el escenario principal había una pantalla en blanco con el nombre de ‘Lux’ a cada lado. En medio de la pista de baile estaban las sillas con las respectivas notas musicales, pues ese sería el lugar donde la orquesta que acompaña a la cantante se sentaría durante todo el concierto.

A pesar de que el concierto estaba programado para iniciar a las 20:00 horas, el recinto no estaba a tope. La gente seguía llegando y, poco a poco, el lugar fue tomando forma como si se tratase de una misma catedral. Las puertas del cielo se abrieron pasadas las 20:30 horas cuando ciertas luces bajaron su intensidad y dieron paso a la entrada de la orquesta, siendo la última en entrar la directora de orquesta cubana Yudania Gómez, encargada de dirigir cada pieza musical en esta gira.

El inicio de una experiencia teatral

Los músicos se sentaron en sus lugares y, con una serenidad y precisa ejecución, comenzaron a tocar cada uno de sus instrumentos. Los vientos, las cuerdas y cada instrumento se entrelazaron para dar inicio a la obertura de esta experiencia teatral. La pantalla que estaba en el presidio se partió en dos, de lado a lado, dejando al descubierto el escenario en donde estaría Rosalía.

Unas escaleras, una de cada lado, y en medio una caja fuerte en la que se podía leer la palabra “frágil”. Al fondo del escenario, un círculo luminoso era testigo del inicio de un show cargado de teatralidad, dramatismo, pero, sobre todo, de mucha emoción.

El grito ensordecedor de los más de 15 mil congregados hizo vibrar el Palacio, al tiempo que la orquesta alcanzaba su clímax. Fue así que unos bailarines hicieron acto de presencia y se encargaron de abrir la caja fuerte ahí presente. Cada una de las paredes de este cuerpo geométrico cayó al piso y, dentro de él, se encontraba la artista catalana quien, con un tutú de color azul y medias negras, estaba parada, rígida, como si de una muñeca de porcelana se tratara.

Fue así que el show dio inicio, escuchándose los primeros acordes de ‘Sexo, Violencia y Llamas’. Arriba del escenario había una pequeña pantalla en donde se podía leer la letra de cada una de las canciones, algunas con traducción, pues la cantante ofreció un show en el que interpretó canciones en catalán, árabe, italiano, japonés y español.

“Quien pudiera vivir entre los dos”, cantó Rosalía, a lo cual los miles de congregados comenzaron a corear la canción con una euforia que se sentía por todo el lugar. Con una combinación precisa entre orquesta y beats electrónicos, la canción mutó a un estilo más denso y frenético, haciendo uso de cuerdas que marcaban la intensidad de la melodía. La euforia se podía sentir en la voz de la catalana, quien demostró tener un rango vocal excepcional, alcanzando notas altas que, con un profundo sentimiento, hicieron estremecer a más de uno.

Desde el comienzo del show se podían ver las figuras religiosas dentro de este performance. El lugar donde estaba la orquesta tenía forma de cruz y, de igual manera, lo tenía el lugar en donde estaba parada Rosalía, quien como segunda canción interpretó ‘Reliquia’, llevándose las palmas de los presentes y una porra que decía: “Rosalía, Rosalía, Rosalía”.

La cantante mostró desde el primer momento tener un dominio del escenario y de su propio show. Con una firmeza precisa, expresó una gestualidad controlada y un movimiento corporal algo rígido, que por momentos comenzó a resquebrajarse a medida que la intensidad de las piezas musicales iba subiendo.

Rosalía cantaba ahí parada, mientras sus bailarines comenzaban a quitar las sábanas que cubrían las escaleras que estaban de lado a lado. Con ese baile ya característico, la catalana comenzó a moverse como si de una bailarina de ballet se tratara. Con un cuidado preciso, realizó una coreografía acompañada de dos bailarines de apoyo.

Fue así que, con los primeros acordes de ‘Reliquia’, la multitud gritó de nueva cuenta. “Muchas gracias, México, mil gracias de corazón”, dijo la cantante como primera interacción con sus fans mexicanos. El público solo respondió con un sorprendente: “Rosalía, Rosalía, Rosalía”. Ante esta reacción, la expresión facial de la catalana reflejó una emoción de gratitud y alegría por estar parada esa noche sobre el escenario.

Para ‘Divinize’, la puesta en escena reveló que el show no solo iba a consistir en coreografías magnéticas, pues, por un momento, los bailarines desplegaron telas al aire, las cuales estuvieron suspendidas por unos breves minutos, creando una vista impresionante. La teatralidad de nueva cuenta se hizo presente cuando Rosalía interpretó ‘Divinize’. Regresando a ese universo de ‘Lux’, la catalana se puso un velo y se rodeó por completo de él, estando estática y siendo iluminada por una cálida luz.

Caos controlado y emoción a flor de piel

Hay cierto dramatismo en el performance que propone Rosalía durante su show. El espectáculo funciona por la teatralidad que es invocada a través de las cuerdas, los vientos, los metales y tambores que conforman la imponente orquesta, pero, de igual manera, por el sonido más sucio y visceral producido por los beats densos que aluden a la etapa urbana de la catalana.

Esos géneros, en contraposición, esculpen una atmósfera de caos controlado que, con unos números de baile bien ejecutados, hacen que por ningún momento el espectador quiera quitar la vista del escenario.

Agregado a esto está la interacción de Rosalía con el público, lo que eleva aún más la grandilocuencia del show. La española ejecuta con un profesionalismo excepcional cada verso, mostrando tener un canto de cisne dentro de ella, pero, de igual manera, cierta generosidad y humildad cuando el tiempo se lo permite para mostrar su lado más vulnerable y, a su vez, crear una conexión mayor con sus espectadores.

“Buenas noches, México, ¿cómo estamos? Yo, la verdad, agustisidísima aquí con vosotros… sean bienvenidos al ‘Lux Tour’. Sabéis que yo vengo desde muy lejos, y venir desde Cataluña, de tan lejos, y encontrarme con tanto cariño acá en México es algo que nunca voy a dejar de agradecer… me siento apapachada aquí… son tan generosos, mil gracias… la siguiente canción es para vosotros… quienes nunca me han dejado sola… me emociona mucho verlos aquí… la siguiente canción es ‘Mio Cristo Piange Diamanti’”.

Dijo Rosalía, recitando una canción que fue uno de los momentos más emotivos de la velada. Acompañada de violines, violas, cuerdas y tambores, Rosi dio una interpretación magistral, llegando incluso a un estado casi catártico, pues, con unos bombos solemnes y una luz cálida que la iluminó, la cantante recitó la canción con mucha melancolía y cariño: “Y mi Cristo llora diamantes, llora, llora diamantes”, recitó, mostrando unos ojos a punto de llorar.

“Las ganas que tenía de venir yo aquí… México, eres de los mejores… real que sí… eres lo mejor”.

Fue así que el primer acto llegó a su fin. La especie de galería o cuadro rectangular volvió a cerrarse y, minutos después, las puertas del cielo volvieron a abrirse para dar paso a un ángel negro rodeado de bailarines. Como si de una reina oscura se tratase, Rosi poseía una corona de plumas y, al ritmo de los acordes de ‘Berghain’, recitó ese precioso canto de cisne que se acompañó por una orquesta envolvente e hipnótica.

Los bailarines comenzaron a rodear a la cantante y, girando alrededor de ella, comenzaron a moverse de un lado a otro. Luces que iban del azul al negro potenciaban el drama presente, el cual llegó a todo su esplendor cuando la melodía alcanzó una parte de techno, haciendo que las luces se prendieran y apagaran al ritmo acelerado del beat, ocasionando un caos sonoro que maravilló a todos los presentes.

“¿Están listos para la siguiente? Pues échale… vamos a mover ese culazo… este es el mejor momento para hacerlo”, retó la catalana, dando inicio a la parte más movida y frenética de la velada, en donde canciones como ‘Saoko’, ‘La Fama’ y ‘De Madrugá’ se hicieron presentes, marcando una intensidad visceral en el show.

Cada bailarín se mecía de acuerdo con el beat infeccioso de las piezas musicales. La precisión de cada movimiento, desde la pierna hasta el brazo, creó en el escenario imágenes que, por momentos, parecían ser pinturas en movimiento.

Una celebración a la vida

Fue así que el segundo acto concluyó, dando paso al tercero, que abrió con una impresionante ejecución de bombos y varios tambores que marcaron una apertura solemne e imponente, dando la sensación de que una guerra sónica estaba a punto de iniciar.

La figura rectangular se dividió nuevamente y, en medio, se pudo observar una pirámide con escaleras de lado a lado. Sobre de ella yacía Rosalía y, alrededor, sus bailarines. La catalana, con un vestido blanco y unos guantes rojos, interpretó ‘El Redentor’. Terminó y se fue a un extremo, mientras unos bailarines ponían una pintura detrás y un cuadro en la orilla de la plataforma. Rosi regresó y quedó a la mitad de ambas. En eso, algunas personas llegaron y quedaron observando a la catalana mientras esta interpretaba ‘Can't Take My Eyes Off You’.

El acto terminó. La teatralidad y el drama estaban en el ambiente. La gente, con una emoción inquietante, estaba en espera del próximo acto, pero Rosalía sabe que incluso un buen show tiene momentos de tranquilidad y diversión. Es por ello que, partiendo del concepto religioso de este tour, la catalana siguió con el confesionario, invitando a la cantante Kenia Os para que contara un secreto.

Kenia llegó rodeada de aplausos. La mexicana admitió estar nerviosa, pero Rosalía la tranquilizó diciéndole que todo estaría bien y la invitó a pasar para confesarse.

En esta sección, Kenia Os comentó: “Soy una mujer que pone límites, pero hoy vamos a hablar del cacas”. “Yo me iba a una gira por U… cuando me di cuenta que etiquetó a una chava en secreto, me di cuenta porque tengo muchas amigas gays”, soltando la risa y provocando un momento de humor entre el público.

La mexicana nunca señaló un nombre en concreto, pero dijo que, a los diez días, esta pareja comenzó a salir con alguien más. Ambas artistas concluyeron en que: “Ojo de loca no se equivoca”.

“Para mí no solo es venir a cantar a México… es venir a una tierra con historia… y de una manera muy especial de escuchar la música. Tanto que de la ranchera nació una de las canciones como ‘La Perla’… sin ‘Rata de dos patas’ esta canción no existiría… gracias, Paquita la del Barrio”, exclamó Rosalía, agradeciendo de manera genuina a una de las cantantes mexicanas más importantes de la historia nacional.

En ‘La Perla’ se dio un performance hipnótico, donde los bailarines se pusieron detrás de Rosi y, con sus brazos, fueron generando una ilusión óptica, creando diversas figuras.

“Quiero celebrar que ya estoy aquí en la CDMX”, dijo Rosi, dándose un respiro para echarse un tequila con su pianista y, a su vez, leer varias pancartas que había por todo el Palacio. Durante este momento firmó una muñeca de una fanática y, además, felicitó a Jimena, una fanática, por haber concluido su carrera en ingeneria química.

Estos momentos sirvieron para llevar la teatralidad a un lado más humano, para evidenciar que, detrás de la pasión y de la ópera realizada, Rosalía sabe que debe crear una conexión genuina con cada persona presente en su show.

Fue así que, con mucha emoción, entonó ‘Sauvignon Blanc’, en donde confeti dorado cayó sobre el escenario. El acto terminó con ‘La Yugular’.

Para dar apertura al cuarto acto, en las pantallas se pusieron pinturas renacentistas y de diversas épocas, las cuales el público tenía que imitar, creando así un momento de diversión y pausa antes de dar inicio a esta sección.

En esta parte, Rosalía se bajó del escenario y comenzó a saludar a sus fanáticos, yendo de lado a lado, abrazando a algunos y firmando algún que otro objeto.

“El flamenco y la música mexicana son hermanas… para mí me enseñan a llorar, reír, cantar y celebrar todo en una misma canción”, dijo la catalana, dando inicio a ‘La Rumba de Perdón’.

“¿Están listos pal desmadre?”, advirtió Rosalía antes de iniciar una sesión de canciones más frenéticas, en donde un objeto cuadrado con luces bajó y se meció de lado a lado. En esta sección interpretó ‘Bizcochito’ y ‘Despechá’, llevando la euforia del público a un nivel cada vez más alto.

Con alas en su espalda y acompañada de sus bailarines, Rosalía se preparaba para el acto final.

“Los vuelvo a ver pronto… hasta pronto, México… los quiero mucho”, dijo, dando paso a una interpretación melancólica y poderosa de ‘Magnolias’, concluyendo así una primera velada en donde la catalana mostró el poder de la ópera, dando pasión, valentía, fraternidad y, sobre todo, una celebración a la vida misma.

En su primera noche en el Palacio de los Deportes, Rosalía demostró que, a día de hoy, tiene una de las experiencias sensoriales más estremecedoras: a través de dos horas, te adentra en un viaje donde el flamenco, la rumba, el trap, el techno y demás sonidos se entrelazan para iluminar, por unos momentos, la vida de los demás. Y quizá ahí radica la verdadera fuerza de ‘Lux’: en convertir un concierto en algo que va más allá de la música, en una experiencia donde el canto, el drama, la teatralidad y la emoción terminan encontrándose en un mismo lugar. Como decía Wagner, la música es el lenguaje de la pasión; y esa noche, frente a miles de personas en el Domo de Cobre, Rosalía convirtió esa pasión en una experiencia viva.

Añadir Diario De México como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora