Xiu: 'El Día de Muertos no se crea ni se destruye, solo se transforma'

Escena

El divulgador presenta Del Mictlán al Día de Muertos, un libro que recorre las raíces prehispánicas de la celebración. Tras años de acercamiento a fuentes históricas, busca despertar el interés por el pasado indígena de México.

El divulgador presenta Del Mictlán al Día de Muertos, un libro que recorre las raíces prehispánicas de la celebración. Tras años de acercamiento a fuentes históricas, busca despertar el interés por el pasado indígena de México.
El divulgador presenta Del Mictlán al Día de Muertos, un libro que recorre las raíces prehispánicas de la celebración. Tras años de acercamiento a fuentes históricas, busca despertar el interés por el pasado indígena de México.

México es un país mestizo y el Día de Muertos también lo es. La celebración que cada año reúne a familias alrededor de las ofrendas, fotografías y alimentos para recordar a sus difuntos no pertenece exclusivamente a una tradición indígena ni puede explicarse sin la influencia del catolicismo. Es el resultado de una historia de encuentros, resistencias y transformaciones que continúa hasta nuestros días.

Esa es quizás la idea central que atraviesan Del Mictlán al Día de Muertos, libro de Óscar Ramírez, divulgador y memero, mejor conocido en redes sociales como Xiu, quien busca acercar al público las raíces prehispánicas de una de las celebraciones más representativas de la cultura mexicana.

«No me asumo indigenista. Me gusta la historia, me apasiona la historia», explica al hablar de su interés por las culturas originarias. Aunque reconoce una identificación particular con su raíz indígena, evita asumirse como representante de un movimiento político o activista. Su trabajo, sostiene, consiste en compartir información, mostrar las fuentes y despertar la curiosidad de los lectores.

En la conversación concedida a Diario de México, Xiu habló de su trayectoria como divulgador, del proceso de investigación que dio origen al libro, de su identificación con el pasado nativo y de la manera en que entiende una celebración que considera resultado de distintas herencias culturales.

De las redes sociales al trabajo editorial

P. ¿Tú no te llamarías como tal historiador, sino divulgador?

R. Sí, exacto. Mucha gente me ha dicho que me creo o me hago pasar por historiador, pero soy muy claro al respecto. En el libro incluí agradecimientos para investigadores, arqueólogos, antropólogos y depositarios de la tradición oral, porque sin ellos no podría escribir una obra como esta.

Lo que pretendo es mostrar que existe información y que no se necesita ser historiador para leer los libros y encontrar lo que a uno le interese de sus raíces. Soy un divulgador de redes sociales y actualmente escritor.

P. ¿Cuántos años dirías que te llevó?

R. Esos trece años que llevo con la página. Sin embargo, unos ocho fueron los que tardé en entender que había fuentes primarias, interpretaciones y códices. Se vuelve un mundo complejo para quien no está relacionado con el tema o no recibió una formación académica, arqueológica o histórica.

De manera autodidacta es difícil encontrar las fuentes y saber de dónde obtenerlas. Por eso trato de contextualizar la información. No basta con decir que fray Bernardino de Sahagún escribió algo en su Historia general de las cosas de Nueva España. También hay que explicar quién fue, por qué es importante su obra y cómo obtuvo la información. En este caso, fue un fraile que llegó hace quinientos años al actual territorio mexicano y que escribió a partir de lo que preguntó a los mexicas.

P. Entonces, ¿tu libro no está pensado para un estudiante de historia? Es para la persona que de repente quiere generar ese germen, esa curiosidad.

Es para todo el público, pero sobre todo para quienes no están dedicados a la lectura académica o no están acostumbrados a ella. Los libros existen, nadie está ocultando la información. Se pueden buscar en PDF, en bibliotecas o en revistas como Arqueología Mexicana, pero no toda la gente conoce esas fuentes.

Lo que más me interesa es acercar a quienes no las conocen. Una vez que lean el libro y vean la bibliografía, podrán descubrir que hay mucho más de lo que les propone esta obra. Entonces será momento de investigar. Eso es lo que a mí me hubiera gustado cuando comencé.

En el libro reuní alrededor de 35 fuentes. Mi intención no es que la gente me crea a mí, sino que consulte la bibliografía y compruebe la información. Para mí es una ganancia que alguien revise los documentos, incluso si después deja de leer mi contenido. Lo importante es que crezca la discusión sobre el Día de Muertos, las tradiciones y la identidad mexicana.

P. ¿Con qué criterios juzgas el pasado?

R. Personalmente, trato de hacerlo de la manera más objetiva que puedo. Para ello tengo que leer un libro que hable desde el punto de vista español y contrastarlo con otro que lo haga desde el punto de vista indígena.

Es difícil conciliar las versiones, porque puede llamarte más la atención una que otra. A mí me gusta muchísimo la cultura indígena y prehispánica, y mi interés es que la gente conozca ese lado. Por eso recurro a fuentes que hablan de su grandeza, aunque irónicamente muchas de ellas fueron escritas por españoles.

Si hablamos de cómo vivían los mexicas, por ejemplo, tenemos que consultar la obra de Sahagún. Por mucho que pueda gustarme o no, es una fuente importante. Después hay que contrastarla con los códices y otros cronistas para identificar si algún pasaje está influido por su visión católica, si existe una exageración o si hay diferencias entre los testimonios.

También hay que explicar por qué no contamos con más documentos indígenas escritos. Cuando me preguntan por qué no utilizo más fuentes prehispánicas, tengo que señalar que muchas desaparecieron durante la conquista.

Identidad, mestizaje y raíz indígena

P. ¿México es un país indígena, hispano o mestizo?

R. Culturalmente es mestizo, no lo podemos negar. Salimos a diario y vemos la diversidad de personas; la comida es mestiza, nuestro idioma también, al igual que las leyes, el sistema económico y jurídico. Es una composición de muchas culturas.

En cuanto a lo biológico, es un tema complicado. Si vas al norte del país, a Monterrey, y dices que México es un país indígena, probablemente te dirán que no es cierto, porque esa realidad no está tan presente para ellos. Pero si vas a Oaxaca o Yucatán, las comunidades indígenas son más amplias y conservan muchas de sus tradiciones.

México es un país muy grande. En algunos lugares tiende más hacia lo europeo; en otros, hacia lo indígena. La Ciudad de México, por ejemplo, es un espacio multicultural. Por eso creo que depende mucho de la región desde la que se haga la pregunta.

P. A lo largo de tu libro y de lo que me has dicho, no sé, tu pretensión es un tanto ser neutral, ¿no? Pero, al menos por lo que he leído, no existe como tal la neutralidad y no es malo realmente, si lo piensas bien, pero sí es una limitante. Por lo que veo, tú te decantas por tu raíz indígena, insisto.

Exacto. No intento imponer una ideología ni que la gente me siga. Es mi experiencia, la historia, lo que a mí me fascina y la manera en que lo entiendo. Comparto eso para que otras personas puedan acercarse.

Si alguien se siente atraído por un libro o un documental y eso lo lleva a investigar, me parece muy bien. Ojalá encuentre ahí su identidad y una forma de sentirse mejor consigo mismo. Eso también puede ayudar a enfrentar problemas como el racismo.

Cuando no conoces el orgullo que podían sentir tus antepasados por sus ciudades o su cultura, puedes terminar pensando que eran pueblos bárbaros o incivilizados. Pero cuando descubres su historia, su pensamiento y el desarrollo de sus sociedades, puedes sentirte identificado con ese pasado.

Mi intención con el libro es aportar un granito de arena para que las personas sientan orgullo y admiración por su cultura, y tengan ganas de seguir investigando.

P. ¿Qué te llevó a identificarte con esa raíz?

R. En mi caso, mis abuelos vivían en un pueblo ñañú del Estado de México. Recuerdo ir y comer tortillas hechas a mano en el fogón, raspar el maguey con mi abuelo y escucharlos decir algunas frases en otomí.

Eran cosas que yo ya conocía desde niño, pero no sabía por qué existían ni de dónde venían. La historia me permitió entender el origen de esas prácticas que formaban parte de mi vida cotidiana. Eso terminó llevándome a buscar mi identidad y a reconocer qué era lo que más me identificaba.

Si hubiera crecido con otras tradiciones, quizá me habría interesado más otra parte de la historia. Pero en mi caso, y en el de muchos mexicanos, el contacto con los abuelos y las costumbres de los pueblos puede despertar ese interés.

El libro, la escritura y sus proyectos

P. ¿Se viene tercer libro?

Pienso que todo va a depender del éxito y de la recepción de la gente. Si el libro tiene buena aceptación, creo que sería lógico que hubiera un tercero.

El primero lo hicimos de manera independiente, mediante Kickstarter, junto con mi amigo Emanuel Valtierra, que es ilustrador. Era un proyecto de historia alternativa, una ucronía en la que los mexicas ganaban y los españoles perdían. Él lo ilustró a manera de códice, de unos nueve metros, y al otro lado estaba escrito como si fuera castellano clásico del siglo XVI.

Estuvimos nominados en 2017 y ganamos en 2018 los premios Sidewise de historia alternativa. Fue un proyecto independiente que me dio confianza para escribir. También trabajaba para Matador Network, donde publicaba artículos sobre cultura prehispánica.

Después me quedó la inquietud de escribir algo con mayor madurez, investigar y buscar que se publicara en una editorial. Así surgió Del Mictlán al Día de Muertos. Me gusta mucho la escritura y la historia, y me gustaría indagar en otros temas. La posibilidad de un tercer libro dependerá de cómo le vaya a este.

Catolicismo y tradición: una celebración en transformación

P. Noté en tu libro y en tus redes que no eres muy fan del catolicismo que digamos

Lo respeto, aunque a lo mejor no parece. Entiendo que las cuestiones religiosas son sagradas para las personas. No puedes llegar y decirle a alguien que lo suyo está mal, como hicieron los españoles hace quinientos años.

Simplemente presento el libro y la información. A mí puede no gustarme un camino y seguir otro; si a alguien le interesa, puede acompañarme. Y si no, al menos conoce otra cosmovisión.

No tengo una bronca personal con el catolicismo. En ocasiones puedo ser incisivo porque hay temas que inevitablemente remiten a la destrucción de los templos y de las representaciones de las antiguas deidades. Pero eso no significa que busque atacar las creencias de otras personas.

P. Por lo poco que he leído, la cultura prehispánica, vamos a centrarnos en la mexica, tenía esta idea de la deuda de sangre, que a partir de tu sangre pagabas tu deuda con los dioses. Pero quien tiene estas creencias ya no va por la vida sacrificando personas. Entonces, ¿sería el mismo culto o sería más bien algo como un revival o un homenaje?

R. Creo que el problema es centrarnos demasiado en los mexicas porque tenemos mucha información sobre ellos. Si nos vamos a los acolhuas, el pueblo de Nezahualcóyotl en Texcoco, encontramos otras posturas. A Quetzalcóatl, por ejemplo, se le atribuye una posición contraria a los sacrificios.

También estaban los tepanecas, otros pueblos nahuas, los totonacas, los zapotecas y los mayas, cada uno con sus propios ritos. No podemos reducir toda la cultura prehispánica a lo que hacían los mexicas.

En cuanto a los sacrificios, no considero que estuvieran bien, pero también tenemos que entender la cosmovisión de aquella época. Hay que preguntarse, por ejemplo, cuál era la diferencia entre el sacrificio humano y los soldados europeos que morían en las guerras por su dios. Ambos fallecían por una creencia; la diferencia, desde mi perspectiva, estaba en el momento y el contexto de su muerte.

Creo que ya sería criterio de cada quien. Finalmente, todas las religiones se han adaptado.

Yo no pretendo decirle a la gente que tome esa religión o que construya una nueva a partir de ella, porque pienso que terminaríamos tergiversándola. Lo que hago es mostrar lo que existe. Quizá alguien encuentre útiles ciertos conceptos filosóficos, como el tonalli o in ixtli, in yóllotl, que se refiere al rostro y al corazón. Son ideas que pueden ayudar a entender una forma de ver la vida y el universo, sin que eso implique recuperar los sacrificios o la guerra.

P. Sobre el altar correcto, durante muchos años estuvieron así los niveles, los siete niveles. Y tú como que intentas matizar el elemento cristiano, ¿cierto?

R. Más que quitarle lo católico, la premisa que manejo en el libro es que el Día de Muertos no se crea ni se destruye, se transforma.

Pensemos en la fotografía que ponemos en el altar. Hoy la colocamos y nos parece completamente normal, pero hace sesenta u ochenta años no estaba disponible para toda la población. Cuando apareció, seguramente hubo quien se preguntó qué hacía ese elemento en una ofrenda.

Lo mismo sucede con el papel picado, los xoloitzcuintles, los desfiles, los concursos de catrinas y otros componentes que hoy asociamos con la celebración. No todos estaban presentes hace cincuenta, cien o doscientos años. He visto fotografías de principios de la Revolución en las que las ofrendas se colocaban en el suelo y no tenían los niveles que ahora suelen considerarse característicos.

La religión católica buscó que los indígenas se adaptaran a ella mediante la utilización de sus propios cultos. En el libro incluyo un pasaje de fray Juan de Torquemada en el que observa que los indígenas seguían rindiendo culto a sus muertos, pero utilizaban las fiestas cristianas.

Así se fue construyendo el altar, entre la resistencia de los pueblos indígenas por mantener sus tradiciones y los esfuerzos de los frailes por evitar que continuaran las prácticas que consideraban paganas. De ahí surgió un sincretismo. No es mi intención que la gente le quite al altar su rastro o identidad católica, porque esa parte también forma parte de la tradición.

Entonces, ¿dónde está exactamente la directriz que nos dice cuáles son los elementos que debe llevar un altar y cuáles no? La celebración se ha transformado. Cada generación podría decirle a la siguiente que lo que hace ya no es puro o que no corresponde a la tradición. Pero eso mismo podrían decirlo quienes vivieron hace cien o doscientos años.

P. ¿Qué opinas de las iglesias cristianas evangélicas, que rechazan el Día de Muertos y no quieren tener nada que ver con la celebración?

R. Se vuelve complejo porque en México hay muchas cosmovisiones y religiones. Algunas buscan convertir a otras personas y ganar adeptos. Cada quien tiene sus necesidades espirituales, pero conocer las raíces del Día de Muertos nos permite defender la celebración.

Ya sea que alguien la identifique más con el lado español o católico, o con el indígena y sus religiones, nos corresponde conocer su historia. Si la desconocemos, otros pueden decirnos cómo debe celebrarse o incluso que no debe celebrarse, y no tendremos herramientas para responder.

No sabemos cuántas tradiciones desaparecieron junto con las lenguas indígenas. El Día de Muertos tampoco está exento de ese riesgo. Puede transformarse e incluso desaparecer algún día. Por ahora, sin embargo, veo que se fortalece y gana popularidad.

Conclusión

Para Xiu, el Día de Muertos es una tradición dinámica cuyo futuro depende de las decisiones de quienes la mantienen viva. La celebración incorpora nuevos elementos y cambia con cada generación, pero su continuidad también exige conocer las raíces que la conformaron.

El divulgador advierte que existe una línea delgada entre la tradición y la mercantilización. Si los mexicanos desconocen la historia de la festividad, considera que corren el riesgo de dejar que los intereses comerciales definan su significado.

Su libro no busca imponer una interpretación ni establecer una forma correcta de celebrar. Pretende aportar información para que los lectores conozcan una parte de esa historia y decidan qué lugar ocupa en su propia manera de entender la tradición.

«Me gustaría ayudar con este libro a que la gente conozca esas raíces prehispánicas. No estoy diciendo que sean las únicas», concluye.

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