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Por María Fernanda Delgado Ortega

¿Alguna vez has sentido afecto por alguien que no conoces (y nunca conocerás), sólo porque te acercaste a su obra? Si tu respuesta es afirmativa, me pasó lo mismo a los 10 años con Ray Bradbury.

Hablar de Ray Bradbury es hablar de visión y futurismo, así como de una profunda reflexión de la naturaleza humana. También nos quedaríamos muy cortos si nos refiriéramos a él como un autor de ciencia ficción, ya que podría decirse que este extraordinario hombre inspiró a los grandes que crecerían leyendo sus historias, y dado el trasfondo de los problemas sociales de Estados Unidos tiene una obra cargada de metáforas.

Nacido en 1920, y con una fuerte disciplina autodidacta, ya que no le fue posible asistir a la universidad por falta de recursos, se refugió en una biblioteca con la idea seguir cultivando su mente. Sus ojos vieron gran mayoría de los grandes acontecimientos del siglo XX, a los que siempre tuvo una visión crítica y reflexiva.

Algo curioso sobre su obra más conocida, “Fahrenheit 451”, es que Ray contó que el ver cómo el ejército nazi quemaba libros le conmovió profundamente, ya siempre fue un ávido lector y durante esa época se encontraba trabajando de bibliotecario. Este acto mostró ante sus ojos la vieja verdad que nos recuerda ver a la educación y la lectura como la más fuerte forma de revelarse a los poderes totalitarios. Esta es la premisa, en la que también se materializa una metáfora que le acompañó siempre: “(…) cada vez que abres un libro, la persona (que lo escribió) salta afuera y se convierte en ti”, lo cual se retrata en el final con una comunidad de “libros vivientes”.

El libro “Crónicas Marcianas” aborda el consumismo y la irracionalidad de la guerra; desde personas que ven una inminente destrucción de la tierra hasta la exploración y colonización del planeta rojo, retrata una metáfora de la sociedad moderna (y también la postmoderna) obsesionada con el expansionismo y el capital, acompañada de su respectiva destrucción. La deja desnuda ante el espectador, como la bestia insaciable en que se convirtió.

“El hombre ilustrado” de 1951 funge también como continuación de “Crónicas Marcianas”. Contiene muchos de los relatos más famosos del Ray (y obras que se quedaron para siempre en mi mente), como “El Otro pie”, “La Última noche del Mundo” y “Caleidoscopio” (recuerdas la película Gravity, está basada en este relato), cuya tremenda reflexión resulta en la obra maestra del autor.

Destacables de este autor, también son títulos incluidos en otras compilaciones como: “El ruido de un trueno” (por supuesto que has visto el episodio de los Simpson donde Homero viaja al pasado con el tostador, pues está basado en esta historia).  de la compilación “Las doradas manzanas del Sol” de 1952. También destacan de esta antología “La Bruja de Abril”, “La sirena” y “Las doradas manzanas del sol”, cuento que da nombre a la publicación.

A lo largo de su vida, Ray produjó más de 500 obras entre cuentos, poemas, obras teatrales y adaptaciones de sus obras para guiones cinematográficos y televisivos.

Su trabajo le trajo una notable cantidad de premios a lo largo de su trayectoria, como su mención honorífica en los premios Pulitzer de 2007, un EMMY por su guion televisivo para el “Árbol de las Brujas” en 1994 o su nombramiento como el 14° Mejor escritor de todos los tiempos en 1977. También obtuvo distinciones únicas, como el asteroide que fue nombrado en su honor (Bradbury 9766) o el galardón que lleva su nombre en los premios de la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de América (SFWA por sus siglas en inglés).

Simplemente es un autor atemporal que logra llevar constantemente a la introspección, que aborda los símbolos (uniéndolos con paisajes soñados, pero igualmente reales o posibles), y que también cambian de enfoque según la edad del espectador; creando así un estilo único que hasta ahora sigue atrayendo a lectores de todo el mundo.

  

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