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Por Carlos Meraz

Si usara tarjetas de presentación, abajo del nombre del argentino Juan Ingaramo, en su profesión sólo diría “músico a secas y libre de prejuicios sonoros”.

Y es que a sus 32 años, en la música ha hecho de todo para no quedarse con ganas de nada. Por ello saltó del pop al reguetón, como lo hacen los osados... sin red de protección.

Su eclecticismo musical sin fronteras ha llevado a Ingaramo a trabajar igual con sus coterráneos Litto Nebbia, Adrián Dárgelos (Babasónicos) y Miranda!, que con mexicanos como Los Ángeles Azules, Jay de la Cueva y Julieta Venegas.

“Sentí que en el pop había demasiada libertad y en el rock demasiados mandatos que no me identificaban. En en pop tengo más espacios en blanco, en ese lienzo musical, que los que pudiera ofrecerme el rock. Y ahora me llegó el sonido de esta época: el reguetón, que es una responsabilidad generacional. La música es para ser libre, y sentirse limitado por un género se me hace un desperdicio”, advirtió el nominado a Mejor Nuevo Artista en la reciente edición número 20 de los Latin Grammy.

UN MÚSICO A SECAS
Quizá por ello su tercer álbum de 2006 se tituló simplememnte Músico, como una declaración de principios de Juan Ingaramo para el futuro.

“Soy un explorador sonoro, cuya brújula es la intuición, el instinto”, aseguró.

El otrora futbolista profesional —que incluso en un par de ocasiones llegó a jugar contra Lionel Messi en clubes argentinos— destacó que sus shows “son más para la diversión que para la introspección”.

Hoy, jueves 28, se presentará como artista invitado del grupo mexicano Little Jesus, en el Pepsi Center WTC de la CDMX; el 5 de diciembre actuará con Emmanuel Horvilleur (Illya Kuryaki And The Valderramas), en el Galera, ubicado en Dr. Carmona y Valle 147, en la colonia Doctores, y el 7 estará como parte del cartel del Festival Catrina, en Puebla.

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