Por Camila Vallarta

Cuando hablamos de mexicanos, ¿Qué es lo primero que se nos viene a la mente?

Nuestra cultura pertenece a una historia tumultuosa, con variedad de influencias, desde las civilizaciones indígenas hasta la dominante presencia europea. Es curioso como los diferentes grupos sociales se aferran a la patria de diferente manera, con diferentes estándares, dando como resultado una sociedad dispersa que se desarrolla en el mismo pedazo de tierra pero albergando en esta diferentes realidades.

México cuenta con una división de 6 clases sociales según la Secretaría de Economía, baja baja (35% de la población, alrededor de 39 millones) , baja alta (25% de la población, 29 millones), media baja (20% de la población nacional, 23 millones), media alta (14% de la población, 16 millones), alta baja (5% de la población nacional, 5.6 millones), alta alta (1% de la población, 1.1 millones) .

De esta manera entre 157 países evaluados, México es el número 24 más desigual del planeta. (Sol de México, 2019) Podemos analizar a cada clase como diferentes burbujas que envuelven a la sociedad e influyen en nuestra cultura, nuestra manera de actuar y de pensar dando como resultado personas con la misma nacionalidad que difícilmente comparten algo en común.

Mientras estas descienden la burbuja se va desintegrando hasta romperse y mostrar la realidad que enfrenta hoy el país, una que es precaria, sin definición, donde radica el magnate mexicano Carlos Slim, que gana 2.11 millones de dólares por hora, ubicado como el sexto hombre mas rico del mundo con una suma equivalente a los 60 billones de dólares, pero a la vez se presentan situaciones de pobreza extrema que nos localizan entre los 18 países con mayor índice en estos rubros.

Lo interesante de todo esto es que la burbuja es transparente, se puede ver a través de ella, y aunque no se viva, es posible darse cuenta de lo que pasa en el entorno, pero está protegida con comodidades que no se quieren dejar de lado para abogar por aquellos que viven fuera. Impresiona y entristece también que además de que no se aporta nada para que las clases mas bajas tengan una vida digna con garantías individuales, se opte por negarlos, por discriminar, por tacharlos de drogadictos y criminales, ¿es real que la burbuja deshumaniza? En efecto, el gobierno no toma buenas decisiones en relación a la administración de oportunidades, pero ¿qué hacemos al respecto?, seguimos tolerando las desigualdades, normalizando y dejando de mirar dando pie a que se agudicen las diferencias, fomentando el clasismo y dando pie a las distinciones sociales.

Es momento de ponerle un alto a la censura de la realidad mexicana, porque esto no protege sino que agravia el problema. Aunque el Estado mexicano no sea eficiente en erradicar o disminuir la pobreza, entre clases sociales se puede aportar lo necesario para conseguir el desarrollo. Es urgente un México unido, que no solo se abrace cuando juega la selección, sino siempre. Nuestro País no son los millones de Slim, sino la desnutrición infantil, la falta de educación, la falta de empleos.

Rompamos la burbuja, utilizando las redes sociales, dando a conocer nuestra inconformidad por lo que sufren mexicanos todos los días, levantemos nuestra voz y luchemos por el país que podemos llegar a ser, imponente, extraordinario. Aunque se piense que ya es imposible el cambio, la esperanza sigue viva en los corazones mexicanos, porque podemos juntos.

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

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Camila Vallarta de la Peña


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