Por Omar González

Más de 70 días en encierro para evitar contagios de este virus que paralizó al mundo. “Quédate en casa”, decía de forma reiterada, desde el pasado 23 de marzo, el subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, al poner en marcha la “Jornada Nacional de Sana Distancia” que terminó este 31 de mayo.

Y así lo hizo la gran mayoría de la ciudadanía, algunos desde muchos días antes de que los funcionarios de la 4T hicieran el llamado. Muchos mexicanos lo hicieron al darse cuenta de los estragos que estaba causando el Covid-19 en Europa, sobre todo en España, Italia y Reino Unido. En cambio, en el país, nuestro presidente minimizaba la pandemia y seguía con sus giras, despertando la polémica en una sociedad dividida en dos: sus fervientes seguidores y sus opositores.

La jornada sanitaria, en palabras de quien se volvió en esta emergencia el vocero de la presidencia (López-Gatell), era para evitar saturación de hospitales en el país y mayor número de muertes por esta enfermedad. Las conferencias de prensa a 19:00 horas se hicieron el parté obligatorio de un gobierno urgido de dar un mensaje alentador a los mexicanos. Mostrando las famosas “dispositivas” de cifras, curvas y pronósticos. Se quedó corto en sus estimaciones, eran de un máximo de 8 mil defunciones y es seguro que rebasen las 10 mil.

Las actividades no esenciales tuvieron que bajar la cortina durante todo este periodo, más de 160 mil empresas ya no podrán abrir al pasar la tempestad -estimaciones de la Conacope-; un millón de personas estarán desempleadas y, en otros casos, hay quienes siguen laborando, pero con la mitad de la paga. El personal del sector Salud arriesgando su vida a diario…. Pero el 1 de junio inicia “la nueva normalidad”, como le ha llamado el gobierno de Andrés Manuel López Obrador a esta etapa para comenzar a reactivar la economía… Más de dos meses en encierro y nos preparamos a reiniciar actividades cuando el territorio nacional aún se encuentra en Fase 3, en semáforo de emergencia rojo, es decir, cuando los contagios en el país están a la orden del día, en el pico de la pandemia.

El mensaje es contradictorio, absurdo, fuera de toda lógica. En otros países tuvieron que extender su confinamiento. En el nuestro todo se acomoda al capricho del inquieto líder, a quien ya le urge salir a hacer lo que sabe: proselitismo y actos populistas. El problema es que a López Obrador se le olvida que ya no está en campaña.

Todo acomodado al antojo de nuestro presidente. Qué importa que el país no haya superado la crisis sanitaria, el señor quiere salir de gira, entonces hay que justificar que su actividad es esencial y más aún, dar por concluida la “Jornada Nacional de Sana Distancia” y dar paso a la “nueva normalidad”.  Una falta de respeto a todos los médicos y enfermeras que se están partiendo la madre a diario. Un golpe bajo a todos aquellos que han perdido su patrimonio al respetar los términos pactados por la emergencia. Una burla a todos -seas “chairo” o “fifí”- los mexicanos.

Cómo chingados no

En su conferencia matutina del viernes, Andrés Manuel López Obrador confirmó que reinicia el lunes 1 de junio sus giras por el sur del país, donde participará en eventos donde no habrá más de 50 personas como medida sanitaria. Recomendó a los reporteros hacer la cobertura presidencial desde casa. “No es necesario estar físicamente”.

Pero en realidad, ¿el mismo presidente tiene que ir a dar banderazo de las obras del Tren Maya? ¿No sería más prudente que lo hiciera simbólicamente desde Palacio Nacional?

En la semana que está por iniciar, Hugo López-Gatell, a pesar de que siga pregonando el “Quédate en casa”… ¿quién le va a creer? Si a nuestro presidente le importa un bledo.

Cada vez son más las voces de funcionarios de su gabinete que han expresado su descontento -a amigos y grupos cercanos- por lo que sucede en las mañaneras. Prácticamente todos los mensajes de quienes participan en ella, son impuestos, un guión establecido, no se vale proponer ni improvisar. Todo controlado por el mandamás.

“No queda de otra”, dicen, “hay que aguantar para no perder el trabajo”. Se tragan su dignidad y no renuncian.

No me arrepiento

Sí, en 2018 fui de los que votó por un cambio. Al igual que yo, otros estábamos cansados de las corruptelas, nepotismo, inseguridad, desempleo y favoritismo de “antes”…. Ahora, el problema es que el presente se ha quedado en el pasado.No me arrepiento por mi acción, sufragué por lo que deseaba; que no se esté dando no es responsabilidad mía.

Voté por Andrés Manuel López Obrador, pero no por eso voy a defender a capa y espada todas sus decisiones. Van a llamarme “chayotero”, “corrupto”, “vendido” por exigirle en redes sociales, por criticarlo, pero, en lo personal, lo que sucedió “antes” ya lo sé, ya nos partió la madre. Fue su discurso antes de llegar a la silla grande, estuvo, hasta cierto punto, bien en su primer año de gobierno, pero ya llevamos casi la mitad del segundo y yo quiero escuchar el ahora. La corrupción y el nepotismo sigue, ¿o qué pasa con los Bartlett y Alcalde Luján?.

El mismo presidente ha clasificado a la prensa entre “buena” y “mala”. Sus seguidores se encargan en Twitter de denostar a sus críticos.

Hace unos días le platicaba a un amigo que sería mejor que quienes defienden a AMLO en la red social fueran “bots”, porque si son seguidores, estamos en graves problemas de falta de autocrítica, resentimiento social y fanatismo político.

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Omar González Zárate

Recuerdos, política y lo que surja.

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