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Lo leí en Círculo de Poesía

Instante claro: la bruma que desaparece

Por Mariel Damián

En el sendero que esta antología construye para guiarnos al fondo, al centro o a la periferia del universo poético de Paura Rodríguez Leytón, hallamos los primeros versos del “Árbol y la arcilla azul azul” (1989). Una voz se hace visible en el silencio, más allá del miedo que produce el tiempo, el silencio es siempre luz de sabia soledad. Aunque la distancia es humo que recuerda al fuego, la distancia es también otro camino, un tren o un vagón de tren sin rumbo fijo. Esta nubosidad con que empieza nos conduce de la mano hacia “Ritos de viaje” (2002) en donde, la voz, aquella voz que toma forma en el silencio, se pregunta sobre el origen, sobre la materia de la que estamos hechos. Ella dice que tal vez, su estado natural sea el barro, hecha de tierra, agua, polvo y arcilla, el barro adquiere la forma de las manos que lo tocan.

En pez de piedra (2007) Paura se sumerge en las profundidades de la memoria, en la consciencia de muerte que acompaña a la vida, en el tiempo que inevitablemente muta las cosas que vemos. Habla de soledad, de silencio y de nostalgia. Pero entre esa música que sus versos cantan, se deja ver una luz que poco a poco parece ver que las cosas son ciertas. Esta luz, esta claridad, se parece a la paz que es lo mismo que la calma, cuando hay agua turbia y alguien busca, su rostro en el reflejo de los ríos:

Tendrás tiempo para tomar el té,

vendrá el calor,

vendrá la lluvia,

vendrá el olor a tierra mojada.

En “Como monedas viejas sobre la tierra” (2011) el tránsito con el lenguaje nos conduce hacia el alma, crujiente como madera, y hacia las formas. Sin embargo, una luz aparece y tiene nombre, un lugar que es un refugio, una señal, una salida, y es: la poesía.

Importa sólo la poesía

que sirve para armar

y desarmar al mundo.

Un poema podría ser el mejor refugio para tus huesos,

para tu fémur olvidado.

La poesía aparece en medio de un ejercicio de contemplación, va de la mano con el silencio y busca hurgar en el simbolismo de las imágenes hasta hallar el lenguaje propio de las cosas. Sus palabras, son piedras que tira al agua mansa y espera a que el lector, junto con ella,

observe el patrón de ondas que el pensamiento produce. La voz poética de Paura, es una voz guía, una voz que suele dar luz o ser una mano en el sendero infinito e inevitable del silencio. Entre la quietud de su lírica y el movimiento de sus ojos, entre la ruina de piedras y vagones extraviados y el crecimiento del agua o recuerdos vegetales; entre la naturaleza y la sociedad o la cultura, la antología de Instante claro, replantea las preguntas del origen, de la existencia.

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