Ciudad de México.- Una jueza de control dictó la medida cautelar de prisión preventiva oficiosa en contra de Diego Sebastián “N” (de nacionalidad argentina) y su cómplice mexicano Gerardo “N”. Ambos son señalados por su presunta participación en el asesinato de Jonathan Meléndez Ochoa, de 38 años y tecladista de la agrupación musical Camilo Séptimo, así como de su esposa, su hija de tres años, la trabajadora doméstica de la familia y su mascota.
Los imputados permanecerán recluidos en el Centro Penitenciario de Barrientos (también denominado Juan Fernández Albarrán), ubicado en Tlalnepantla, mientras se define su situación jurídica.
Durante la comparecencia inicial, la autoridad judicial calificó como legal la detención de los sospechosos y concedió la duplicidad del término constitucional de 144 horas solicitada por su defensa.
De esta manera, será el próximo miércoles 9 de septiembre cuando se determine si ambos sujetos son vinculados formalmente a proceso.
En tanto, los asesores jurídicos de las víctimas pidieron al tribunal que el homicidio de las dos mujeres y de la menor de edad sea analizado con perspectiva de género y se clasifique bajo el tipo penal de feminicidio.
EL MÓVIL: UNA "CAJA FRÍA" CON MILLONES EN BITCOIN
Las líneas de investigación de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) apuntan a que el crimen fue motivado por un intento de robo patrimonial planificado.
De acuerdo con las indagatorias, los agresores sabían que el tecladista y su familia poseían importantes recursos en activos virtuales y pretendían localizar dentro del domicilio “una caja fría con cantidades millonarias de dólares en Bitcoins”.
Durante el desahogo de pruebas en la audiencia, un testigo señaló que en la vivienda se encontraba un dispositivo de memoria que aparentemente resguardaba información para acceder a cerca de 3 millones de pesos en criptomonedas, el cual no pudo ser localizado por los peritos y las autoridades.
Asimismo, la fiscalía documentó que el autor intelectual prometió a su cómplice un pago de 2 millones de pesos “por la ayuda” para perpetrar los crímenes y asegurar el supuesto botín.
PREMEDITACIÓN Y RECONSTRUCCIÓN DE LOS HECHOS
Los peritajes sostienen que el ataque fue preparado con antelación. Entre el 31 de agosto y la mañana del 2 de septiembre, uno de los involucrados instruyó al otro para abastecerse de insumos específicos que coinciden de manera directa con los materiales utilizados para someter a las víctimas en la escena del crimen.
El arsenal incluía “un desarmador plano, un desarmador de cruz, electrónicos, cinchos grandes, guantes negros de tatuajes y cubrebocas”, además de un rollo de cinta adhesiva industrial.
A través de las grabaciones de las cámaras de seguridad del fraccionamiento residencial Grand Viure, en la Zona Esmeralda del municipio de Atizapán de Zaragoza, los investigadores lograron establecer la cronología del pasado martes 1 de septiembre:
- 17:42 horas: Ana Paula Barragán, esposa del músico, arribó al departamento acompañada de sus hijos.
- 19:28 horas: Jonathan Meléndez llegó al edificio a bordo de una camioneta Chevrolet Suburban en compañía de un amigo.
De acuerdo con el testimonio de dicho acompañante, el tecladista mostró signos de temor antes de ingresar y le pidió expresamente: “espérame aquí abajo, si no contesto pide ayuda”. Al notar que Meléndez Ochoa no respondía a los mensajes de texto, el amigo se dirigió a la caseta de vigilancia para solicitar auxilio.
La fiscalía determinó que el intervalo de muerte de las víctimas ocurrió entre las 17:30 y las 20:00 horas, coincidiendo con el tiempo de estancia de los presuntos agresores en el condominio.
EL HALLAZGO EN LA ESCENA DEL CRIMEN
Al ingresar al departamento, las fuerzas del orden se encontraron con un escenario de extrema violencia. El cuerpo del músico de Camilo Séptimo yacía en la recámara principal, maniatado sobre un sofá y amordazado con cinta industrial, con un impacto de bala en el cráneo.
En el baño del mismo dormitorio se localizó a su esposa, Ana Paula (de 35 años), atada y amordazada, con su hija de tres años sobre sus piernas; ambas presentaban heridas por proyectil de arma de fuego.
Debido a que la mujer contaba con cuatro meses de gestación, el Ministerio Público imputó a los detenidos el cargo de interrupción del embarazo.
En la primera planta del penthouse, los elementos policiacos hallaron el cadáver de la trabajadora doméstica, una joven de 21 años, con heridas de bala.
En otro de los cuartos de baño fue encontrada la mascota de la familia, una perra Golden Retriever llamada Nala, que fue ejecutada con un disparo en la cabeza y con el hocico cubierto de cinta adhesiva.
Por este hecho, Diego Sebastián “N” encara cargos por crueldad animal, delito del cual Gerardo “N” se encuentra exento.
El único ileso en el sitio fue un niño de aproximadamente cinco años, quien se resguardó en otra de las habitaciones y fue entregado a sus abuelos por los primeros respondientes.
HUIDA CON PLACAS ROBADAS Y ARMA DESECHADA
La fiscalía reveló que los homicidas utilizaron un arma de fuego equipada con silenciador, lo cual explica por qué ninguno de los vecinos reportó haber escuchado las detonaciones.
Con posterioridad al crimen, uno de los imputados habría confesado sobre la pistola: “la desensamblé y aventé a una barranca”.
Para salir del conjunto habitacional, los acusados abordaron un automóvil gris que portaba placas de circulación sobrepuestas, las cuales contaban con reporte de robo vigente en la Ciudad de México y habían sido sustraídas en las inmediaciones del domicilio de Gerardo “N”.
Al cruzar por la salida del condominio, uno de los implicados exhibió una pistola ante los guardias de seguridad privada para evitar que realizaran la inspección reglamentaria del vehículo.
IMCM
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