Miles de personas participaron en la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la alcaldía Iztapalapa, una de las celebraciones religiosas más tradicionales de la Ciudad de México, cuya asistencia podría alcanzar alrededor de 2 millones de personas, de acuerdo con estimaciones preliminares de autoridades.
Sin embargo, hasta el cierre de las actividades no se habían dado a conocer cifras oficiales de asistencia.
La escenificación, que este año forma parte de las celebraciones de Semana Santa, es considerada una de las representaciones religiosas más grandes del mundo, atrayendo cada año a fieles, visitantes y turistas al oriente de la capital.
Origen de la tradición
La Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa tiene su origen en 1843, cuando habitantes de la comunidad realizaron una promesa al Señor de la Cuevita tras superar una epidemia de cólera que afectó a la población.
Desde entonces, la escenificación se ha convertido en una tradición de fe profundamente arraigada en la comunidad, organizada principalmente por habitantes de la alcaldía y actores voluntarios.
Con el paso del tiempo, el evento ha adquirido reconocimiento internacional y es considerado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Operativo de seguridad y atención
Durante la jornada, autoridades capitalinas desplegaron un operativo de seguridad y atención médica para resguardar a los asistentes.
Entre las dependencias participantes estuvieron la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil (SGIRPC), así como autoridades de la alcaldía Iztapalapa, quienes brindaron apoyo en caso de incidentes.
Entre las atenciones más comunes se encuentran golpes de calor y malestares derivados de las altas temperaturas, situaciones que suelen presentarse debido a la duración del recorrido y la concentración de personas.
Operativo vial
Por su parte, elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) implementaron un operativo vial, que incluyó cierres en diversas calles de la alcaldía para permitir el desarrollo de la procesión y garantizar la seguridad de los asistentes.
Las restricciones a la circulación se mantuvieron durante el desarrollo de las actividades religiosas, consideradas uno de los eventos más importantes del calendario cultural y religioso de la capital.