'No somos actores, somos portadores de un mensaje de fe', relatan jóvenes de Iztapalapa

Mi Ciudad
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En las calles de Iztapalapa, la fe no se observa: se vive. Cada año, la Representación de la Pasión de Cristo transforma a la comunidad en un escenario donde la devoción, la historia y la identidad colectiva se entrelazan. En su edición número 183, esta tradición se prepara para convocar nuevamente a miles de asistentes en uno de los actos religiosos más imponentes del país.

Lejos de una puesta en escena convencional, la representación se sostiene en la participación de jóvenes de los Ocho Barrios, quienes asumen los papeles principales no como actores, sino como portadores de un mensaje espiritual profundamente arraigado.

MARÍA: EL AMOR QUE SOSTIENE LA FE

Este año, Erika Yasmín Morales Hernández encarna a la Virgen María, un papel que describe como una bendición y una responsabilidad. “Me siento muy bendecida y agradecida con los ocho barrios y con mi familia...”, expresó a Diario de México, tras su elección, reconociendo la exigencia del proceso.

Indicó que la selección no sólo evalúa habilidades escénicas, sino también condiciones personales: ser oriunda de la comunidad, cumplir con requisitos religiosos y demostrar compromiso. A ello se suma una preparación integral que abarca lo físico, lo mental y lo espiritual.

“Es más allá de representarlo, es entenderlo, vivirlo para poder transmitirlo a la comunidad”, explicó Morales Hernández, quien destaca que el aprendizaje principal del personaje es el amor incondicional.

EL PESO DE LA CRUZ

Quien dará vida a Jesús de Nazaret, Arnulfo Eduardo Morales Galicia, enfrenta un desafío igualmente difícil. Dijo que más que un papel, se trata de un compromiso que, según el propio intérprete, implica convertirse en un referente de fe para la comunidad.

“Es un gran orgullo... pero también una gran responsabilidad”, afirmó, tras haber superado un proceso de selección que incluyó pruebas físicas, médicas y actorales.

Mencionó que la preparación física resulta particularmente exigente: desde cargar troncos de hasta 35 kilos hasta arrastrar una cruz de entrenamiento de entre 70 y 80 kilos en el Cerro de la Estrella. Sin embargo, el reto va más allá del cuerpo.

“Lo más difícil... es poder transmitir el mensaje de Jesús: entrega, sacrificio y amor por el prójimo”, señaló.

MÁS QUE UNA REPRESENTACIÓN

La Pasión de Iztapalapa trasciende lo escénico. Es una manifestación comunitaria donde la fe se convierte en acción colectiva y en identidad compartida. Cada participante asume su papel como una forma de testimonio, no de actuación.

“No somos actores... somos jóvenes de la propia comunidad que queremos emitir ese mensaje de fe”, enfatizó Erika, sintetizando el espíritu de la tradición.

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