La Haya.- La reciente ola de calor que azotó a los Países Bajos entre el 18 y el 29 de junio ha dejado una huella trágica en la salud pública. Según una primera estimación del Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente (RIVM), se registró un exceso de mortalidad de unos 480 fallecimientos por encima de lo esperado para ese periodo.
Mientras que las cifras habituales para esa semana rondan las 3 mil 50 defunciones, el total real ascendió a aproximadamente 3 mil 530. Este incremento afectó con mayor severidad a las personas mayores de 80 años y se concentró en las regiones del este y sur del país, donde el termómetro alcanzó sus puntos más altos.
Los riesgos biológicos del calor extremo
El RIVM ha sido enfático al señalar que estas cifras son aún provisionales, dado que el registro total de defunciones puede tardar varias semanas en completarse. Sin embargo, la institución advierte que las altas temperaturas son un factor de riesgo crítico para personas con enfermedades crónicas (especialmente cardiovasculares y pulmonares) y para los adultos mayores.
En estos grupos vulnerables, el organismo pierde eficacia al regular la temperatura corporal debido a:
- Deterioro en el funcionamiento de los órganos.
- Una menor sensación de sed.
- Reducción de la capacidad de sudoración.
Factores agravantes: Humedad, noches tropicales y contaminación
No solo el sol diurno representó un peligro. La ola de calor se caracterizó por noches excepcionalmente calurosas, con temperaturas mínimas que no bajaron de los 25 grados. Esta falta de alivio nocturno, sumada a una elevada humedad, intensificó la sensación de bochorno.
Además, el aire se vio afectado por episodios de contaminación atmosférica, lo que supuso una "carga adicional para la salud de las personas más vulnerables". Esta combinación de factores llevó al Instituto Meteorológico de los Países Bajos (KNMI) a emitir, por primera vez en su historia, una alerta roja por calor extremo.
Prevención y el Plan Nacional contra el calor
A pesar de la gravedad de las cifras, existe un componente de resiliencia. El organismo rector subrayó que la concienciación pública y la implementación del Plan Nacional contra el Calor han sido fundamentales.
Desde su puesta en marcha en 2010, estas medidas han contribuido a "reducir la probabilidad de fallecer durante los episodios de calor extremo", los cuales son cada vez más frecuentes debido al cambio climático. No obstante, el RIVM insiste en que no se debe bajar la guardia y es vital seguir prestando atención constante a los efectos del clima sobre la salud.
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