Washington.- La relación bilateral entre Estados Unidos y Canadá, históricamente caracterizada por la cooperación y el libre comercio, atraviesa uno de sus momentos más críticos. Con la imposición de aranceles masivos, acusaciones de competencia desleal y una inusitada guerra de insultos personales, el conflicto ha escalado de los despachos diplomáticos a las redes sociales, involucrando incluso la soberanía de los límites geográficos compartidos.
En una de las manifestaciones más sorprendentes de la tensión bilateral, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sugirió cambiar el nombre del lago Ontario —el cual define parte de la frontera común— por el de "Lago América". A través de su red social Truth, el mandatario estadounidense justificó esta propuesta debido al enfriamiento de las relaciones comerciales con la provincia canadiense de Ontario:
Estados Unidos se está planteando en serio cambiar el nombre del Lago Ontario por el de Lago América, ya que no esperamos hacer muchos más intercambios comerciales con Ontario."
Para reforzar su postura, Trump publicó una imagen del lago Ontario con el nombre original tachado por una cruz roja, sustituido por la denominación "Lago de América" en letras doradas. Este movimiento emula la decisión previa de la administración estadounidense de referirse oficialmente al Golfo de México como el "Golfo de América" en sus comunicaciones oficiales.
La respuesta de Canadá no se hizo esperar. La ministra de Industria canadiense, Mélanie Joly, rechazó de forma categórica la pretensión de Washington, apelando a la soberanía e identidad de su nación:
Siempre lo llamaremos lago Ontario. Estamos orgullosos de nuestros Grandes Lagos. Los hemos navegado desde hace miles de años. Forman parte de los cimientos de nuestro país y defenderemos lo que tenemos".
Joly enfatizó que, frente a las provocaciones retóricas, el gobierno de Ottawa actuará con inteligencia y de manera estratégica. El lago Ontario no solo posee una fuerte carga identitaria ligada a vocablos de origen iroqués —como kanadario ("agua brillante") u onitatario ("lago hermoso")— sino que constituye una arteria económica y estratégica vital que conecta los Grandes Lagos con el océano Atlántico a través del río San Lorenzo.
Aranceles y pérdidas millonarias: El núcleo del conflicto económico
Más allá de la simbología geográfica, el conflicto se sustenta en duras medidas arancelarias que amenazan con desestabilizar sectores clave de la economía regional. Estados Unidos impuso aranceles del 50% sobre aproximadamente 20 mil millones de dólares en productos canadienses, una medida tomada tras el colapso de las negociaciones bilaterales bajo condiciones que Ottawa calificó de "inaceptables".
Asimismo, Trump ha amenazado con aplicar aranceles del 50% a los automóviles, piezas de repuesto y acero provenientes de Canadá a partir del 1 de enero de 2027. Esta advertencia representa un golpe severo para la provincia de Ontario, epicentro de la industria automotriz canadiense.
El presidente estadounidense ha defendido estas drásticas medidas acusando a Canadá de perjudicar activamente a los productores de su país durante décadas:
Canadá ha estado 'estafando' a EE.UU. durante décadas. Han estado imponiendo a nuestros agricultores aranceles del 400% y más. Han llevado a la quiebra a muchas empresas estadounidenses magníficas".
Entre otras quejas, Trump alegó sin presentar pruebas que Canadá se negó durante diez años a certificar aeronaves de la firma estadounidense Gulfstream con el fin de acaparar el mercado para un competidor local. Según sus estimaciones, la economía estadounidense ha perdido un promedio de 60 mil millones de dólares anuales en la última década debido al desbalance comercial con Canadá.
Por su parte, el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha adoptado una postura firme de reciprocidad. Ante la entrada en vigor de los gravámenes estadounidenses, Carney prometió responder "dólar por dólar" mediante represalias comerciales que comenzarán a aplicarse a partir del 8 de septiembre.
Diplomacia sin filtros: Insultos y tácticas de represalia
La pugna económica ha venido acompañada de una de las confrontaciones verbales más explícitas en la historia reciente de ambos países. El jefe de Gobierno de Ontario, el conservador Doug Ford, instó a utilizar "todas las herramientas" de presión contra Washington, incluyendo la potencial restricción en la venta de electricidad y minerales críticos. No obstante, la disputa se tornó personal cuando Ford llamó a Trump "dictador", "tirano", "rey de las bancarrotas" y "perdedor", indicando además que el presidente podía besarle "el culo".
Trump reaccionó tachando a Ford de "lacayo" del primer ministro Mark Carney, y demeritó su figura comparándolo negativamente con su difunto hermano, el exalcalde de Toronto Rob Ford:
Es el hermano "menos carismático, inteligente y, en general, poco impresionante" del "difunto y gran Rob Ford".
Esta virulencia verbal refleja el clima de hostilidad. Desde su retorno al poder en enero de 2025, Trump ha aludido repetidamente a Canadá como el "estado 51" de la Unión Americana, un encuadre que el gobierno de Ottawa rechaza con firmeza por considerarlo una afrenta directa a su soberanía nacional.
Con la fecha límite del 8 de septiembre para la aplicación de aranceles de represalia por parte de Canadá, y la latente amenaza sobre el sector automotor para 2027, la relación norteamericana se adentra en un terreno de incertidumbre económica donde la retórica nacionalista parece primar sobre la diplomacia tradicional.
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