Caracas.- A dos meses del devastador doble terremoto de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio, la devastación en el estado costero de La Guaira sigue siendo profunda.
La emergencia humanitaria inicial no ha cesado; por el contrario, la vulnerabilidad de la población se incrementa diariamente en medio de la escasez de recursos esenciales y un lento proceso de reconstrucción que mantiene a miles de personas en una situación de extrema precariedad.
El balance de las víctimas y la incertidumbre por los desaparecidos
El último balance oficial publicado este lunes eleva la cifra de fallecidos confirmados a 6.509, lo que representa un aumento de 71 decesos respecto a la semana anterior. No obstante, las discrepancias en las mediciones evidencican la complejidad de la catástrofe: mientras reportes previos de EFE estimaban al menos 6 mil 438 víctimas fatales, el gobernador de La Guaira, Alejandro Terán, informó previamente el 4 de agosto que los reportes de familiares en la región ascendían a 7 mil 265 fallecidos.
La incertidumbre se intensifica ante la ausencia de un conteo oficial centralizado de personas desaparecidas por parte del gobierno nacional. En el estado La Guaira, los propios familiares han reportado la desaparición de unas mil 579 personas. Esta falta de transparencia ha provocado fuertes reclamos políticos y sociales. El diputado opositor Henrique Capriles denunció la inacción estatal a través de su cuenta de X, señalando:
Seguimos sin cifras oficiales de desaparecidos y muchas familias continúan esperando que alguna autoridad llegue a sus comunidades, escuche sus necesidades y dé respuestas".
Paralelamente, el sistema de salud continúa bajo una presión extrema, acumulando un total de 226 mil 696 personas atendidas en hospitales, lo que representa un incremento de 140.338 pacientes respecto al reporte del 17 de agosto.
Colapso habitacional y lentitud en la reconstrucción
La infraestructura de La Guaira presenta un estado crítico. Hasta la fecha, las labores de remoción han logrado retirar 600 mil 790 toneladas de escombros. Sin embargo, la habitabilidad de la región se encuentra severamente comprometida. De los 60 mil 785 inmuebles residenciales inspeccionados técnicamente por las autoridades, 11 mil 001 han sido declarados con daños de "alto riesgo".
A pesar de la gravedad del diagnóstico habitacional, la entrega de nuevas viviendas se mantiene estancada en apenas 335 inmuebles, una cifra idéntica a la registrada en los balances de semanas anteriores. Esta parálisis en la asignación de hogares obliga a miles de damnificados a permanecer hacinados en refugios temporales sin perspectivas claras de reubicación.
Refugios al límite por la caída de la ayuda internacional
La supervivencia de los damnificados en los refugios se ha vuelto una lucha diaria debido a que la ayuda internacional ha disminuido drásticamente en las últimas semanas. Representantes de diversas organizaciones no gubernamentales (ONG) advierten que las condiciones de vida dentro de los albergues son desoladoras.
Olga San Martín, vicepresidenta de la ONG española Olvidados —organización que sigue entregando comida e instalando tiendas de campaña y camas en los refugios de La Guaira—, describió la urgencia en el terreno:
No hay la cantidad de ayuda que había hace un mes, hace 15 días, sino que se encuentran sin agua fresca, sin comida".
San Martín alertó además sobre la escasez de "kits urgentes" de higiene, señalando que hay refugiados que "no tienen jabón, no tienen cómo lavarse". En sintonía con esta situación, Aurora Pretel, responsable de la Asociación Solidaridad Vasco Ecuatoriana de España, coincidió en la caída de la asistencia exterior y destacó que las mayores necesidades se centran en el acceso a agua potable, artículos de higiene e insumos médicos. Pretel comparó el estado de La Guaira con una "zona de guerra" y advirtió sobre los riesgos ambientales a los que están expuestos los refugiados:
"El calor es terrible, es sofocante al día la deshidratación, la desnutrición. Entonces se necesita mucha ayuda en ese tema. Estamos instalando filtros de agua".
Dado que la mayoría de los damnificados perdieron sus hogares y se encuentran en refugios que carecen de cocinas y neveras, la población depende por completo del suministro diario de raciones preparadas y agua potable.
Solidaridad civil frente al sentimiento de abandono
Frente a la debilidad de la respuesta estatal y el descenso de la cooperación internacional, la red de voluntariado local intenta mitigar el desabastecimiento. En una iglesia mormona habilitada como refugio en La Guaira, se preparan y distribuyen unas 500 comidas diarias de lunes a viernes para abastecer a quienes trabajan en las zonas afectadas. Vanesa Rodríguez, encargada de esta labor, detalló a EFE el propósito de la iniciativa:
"La ayuda que realizamos está dirigida a médicos, rescatistas, voluntarios, bomberos, exactamente las personas que estén trabajando. El objetivo es llegar a las personas y suministrarle alimentos, comida caliente y bebidas frías".
Pese a estos esfuerzos comunitarios, el desánimo y la frustración crecen entre las familias albergadas. Betzabeth Pérez, una de las más de cincuenta personas refugiadas en la instalación religiosa, resumió la desesperanza de los damnificados al confesar sentirse "abandonada":
"No tenemos a dónde ir. Estamos esperando es respuestas de lo que en realidad nos van a resolver con la reparación de las casas o una vivienda".
Mientras se cumplen dos meses de la catástrofe y la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, prepara una alocución nacional para abordar la crisis, la realidad en La Guaira sigue marcada por el dolor, la escasez y el reclamo urgente de soluciones habitacionales definitivas.
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