Caracas.- Venezuela se encuentra sumida en el luto y la desesperación tras ser sacudida por un fenómeno geológico inusual y devastador: un "doblete sísmico". Dos potentes terremotos, de magnitud 7.5 y 7.2, ocurrieron con apenas 39 segundos de diferencia el pasado miércoles, dejando una estela de destrucción que afecta principalmente al estado costero de La Guaira.
Hasta el momento, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha confirmado un saldo trágico de 164 fallecidos y 971 heridos, declarando formalmente a La Guaira como "zona de desastre natural por la cantidad de edificios que colapsaron".
El fenómeno del "doblete sísmico" en el Caribe
Lo que inicialmente pareció un solo movimiento telúrico fue, según el Centro Nacional de Alerta de Tsunamis de Estados Unidos, un evento complejo donde dos sismos de gran magnitud ocurren en la misma zona con pocos segundos de diferencia. Esta combinación resultó fatal para la infraestructura de ciudades como Catia La Mar, donde múltiples torres residenciales colapsaron o quedaron parcialmente sostenidas por columnas debilitadas.
Historias de dolor entre los escombros de Playa Grande
En el complejo Luisa Cáceres de Arismendi, en Playa Grande, se viven escenas desgarradoras. Amir, un joven de 16 años, permanece atrapado bajo toneladas de concreto. Su testimonio refleja la agonía de quienes aún esperan ser rescatados:
No te vayas, no me dejes (...) Yo creo que quedo inválido. Cada vez (el edificio) se pone más pesado", relató Amir a EFE tras más de doce horas de encierro.
La situación es similar en otros puntos de la región. En el urbanismo "Hugo Chávez", los residentes buscan desesperadamente a Dana, una niña de 11 años, mientras los gritos de auxilio emanan de los restos de los edificios. La falta de maquinaria pesada ha obligado a civiles y funcionarios a recurrir a una "ingeniería improvisada" para intentar salvar vidas.
Una ciudad aislada y sin servicios básicos
La Guaira se encuentra actualmente sin electricidad ni señal telefónica, y las principales vías de acceso han sido cerradas, dejando a la población prácticamente aislada. En la avenida 'El Ejército' de Catia La Mar, el panorama es desolador: edificios humeantes y comercios destruidos.
Ana Echeverría, una comerciante local que logró evacuar a su personal gracias a una alerta sísmica en su teléfono, describió la rapidez del desastre:
No se puede explicar (lo que pasó). Es una cuestión de segundos, se te paraliza todo", afirmó Echeverría, quien además denunció saqueos en su negocio poco después del sismo.
Falta de recursos y el fantasma de 1999
A pesar de la magnitud de la tragedia, los residentes denuncian la escasez de cuerpos de rescate y bomberos. La ayuda fluye lentamente mientras el tiempo se agota para quienes permanecen bajo las estructuras.
Este desastre revive los traumas de la región, anteriormente conocida como Vargas, donde en 1999 miles de personas perdieron la vida debido a inundaciones y aludes. Hoy, la sombra de la tragedia vuelve a cernirse sobre el litoral central venezolano, en un país que, según los propios testigos, no estaba preparado para un sismo de tal magnitud.
Com información de EFE