Ankara.- El panorama de la seguridad transatlántica enfrenta una nueva fase de tensión tras las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, a su llegada a la cumbre de la OTAN en Ankara. El mandatario no solo ha cuestionado la viabilidad financiera de la alianza, sino que ha vinculado la lealtad de sus aliados con intereses estratégicos específicos en el Ártico y Oriente Medio.
La fractura por Irán: ¿Vale la pena la inversión en la OTAN?
Tras su llegada a Turquía, Trump arremetió contra las principales potencias europeas —Reino Unido, Alemania, Italia y Francia— por no respaldar la ofensiva de Estados Unidos en Irán. El mandatario cuestionó abiertamente la magnitud de la inversión estadounidense en la organización ante lo que considera una falta de reciprocidad.
¿Para qué nos estamos gastando centenares de miles de millones de dólares en ellos, cuando ellos no están luego ahí para nosotros?", se preguntó el presidente, subrayando su descontento con la negativa europea a intervenir en el conflicto o en la reapertura del estrecho de Ormuz.
Trump enfatizó que estas acciones fueron una forma de "probar a la gente" para determinar si realmente contaría con su apoyo en momentos críticos.
El caso de Georgia Meloni y la "orden de alejamiento"
Un punto focal de la discordia ha sido la relación con la primera ministra italiana, Georgia Meloni. Aunque Trump la describió como una "buena persona", señaló que su decisión respecto a Irán "estropeó su relación". El distanciamiento llegó al terreno digital cuando el presidente publicó en Truth Social una foto con Meloni acompañada del mensaje: "Necesitamos una orden de alejamiento".
Esta tensión personal refleja un problema estructural más amplio que la cumbre de Ankara busca abordar: el aumento del gasto militar europeo y la necesidad de que los aliados asuman mayores capacidades de defensa ante una posible redistribución de recursos por parte de Estados Unidos.
Groenlandia: El nuevo eje de la estrategia de seguridad
Más allá de Oriente Medio, Trump ha vuelto a poner sobre la mesa su interés por Groenlandia, afirmando que el territorio debería estar bajo control estadounidense y no danés. Su argumento se centra en que Dinamarca no invierte lo suficiente en el territorio y en la importancia geopolítica de la isla.
Según el mandatario, Groenlandia "es una parte importante para Estados Unidos y está rodeada de barcos chinos y rusos", lo que justifica su postura de que debería cambiar de administración. Trump incluso vinculó este tema con sus problemas actuales con la alianza, afirmando que la situación de Groenlandia "dañó mi relación con la OTAN".
Advertencias sobre el futuro de Europa
El presidente estadounidense sugirió que la presencia militar de EE. UU. en el continente no es permanente. Criticó la resistencia europea a sus propuestas, recordando el gasto que Washington realiza para protegerlos de Rusia, y llegó a sugerir que "podríamos retirar a todos nuestros soldados de Europa" debido a que la región ha cambiado drásticamente en las últimas dos décadas.
Finalmente, Trump lanzó una advertencia sobre la estabilidad interna del continente, instando a los líderes europeos a tener cuidado con la inmigración y la energía, sentenciando que "si no tienen cuidado con esas dos cosas, ya no habrá Europa".
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