Por: Dr. Ian Q. Carrington
Por su naturaleza, los renos recorren grandes distancias —5 mil kilómetros al año— y pueden alcanzar velocidades de 77 kilómetros por hora corriendo y 10 nadando.
Hay evidencias arqueológicas de que hace unos 14 mil años, los cazadores-recolectores del Paleolítico que habitaban la zona que ahora se ubica entre Rusia y Mongolia, aprendieron a atraer renos —separándolos de sus enormes manadas migratorias— y criarlos para domesticarlos.
De ellos obtenían cuanto necesitaban: carne, pieles y... leche. Cuando se dieron cuenta que les resultaban más funcionales vivos que sólo para su consumo, empezaron a emplearlos como animales de carga —se cree que la cría de lobos vino después, para ayudarlos a guiar y domesticar más renos.
La prueba tangible de que los renos siempre han sido domesticables es que, a la fecha, quienes viven en zonas rurales de Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia, los siguen empleando en sus tareas cotidianas. La cifra actual de estos animales «domésticos» se calcula en unos tres millones.
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