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¿Es posible reconciliar la seguridad con la libertad? ¿El futuro aún es el gran depósito de las esperanzas? ¿Es verdad que los hechos hablan por sí solos de manera imparcial?

Las anteriores son preguntas que, en los últimos 500 años (más-menos), ocupan la mente de estudiosos e intelectuales de diferentes latitudes y disciplinas (ahí tienes la buena noticia). La mala es que quizás pasemos otros 500 años sin respuestas.

Y es que hoy no son pocas las personas que añoran las restricciones del Estado todopoderoso y totalitario del pasado, amo y señor de vidas y tierras.

Un Estado que a cambio de la obediencia ofrecía cierta estabilidad política y económica a sus gobernados, aún en sus años de vejez. ¿Qué tenemos ahora por la libertad? Todos los riesgos inherentes a una independencia personal establecida por mandato de ley (del mercado, de la oferta y la demanda).

Para muchos, y cada vez más, el futuro ya no es la esperanza de vivir mejor. Cada día crece en ellos el miedo a perder el trabajo, a quedarse sin clientes, a salirse del mercado; a volverse viejos, a ser excluidos por el sistema. Temen el desbarranco de su estilo de vida, a que el banco les quite su casa.

A despertar una mañana y descubrir que son obsoletos; que la carrera universitaria que estudiaron ya no es requerida, ni útil, según las nuevas exigencias empresariales y las nuevas tecnologías. Que ya forman parte del precariado.

En cuanto a los hechos, todo dependerá de las personas que los recopilen y relaten. Siempre estarán sujetos a una decisión subjetiva de cómo jerarquizarlos, cómo narrarlos, qué contar o qué callar. Y todo lo anterior en el contexto de una volitiva política de la memoria que regula el proceso de su difusión, incluso prevé quién debe exponer los hechos, así como el momento y lugar para hacerlo. Nada en cuanto a su divulgación ocurre por azar.

Otra pregunta aún sin respuesta. ¿La epidemia de la nostalgia que hoy padecemos nubla la razón humana y alimenta el resurgimiento de los populismos y los nacionalismos que brotan en todas partes del planeta? Ya me dirás, querido lector. Ya contestarás.