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México.- Con una obra pictórica no tan extensa como la de otros grandes, este hombre logró colarse entre los pintores más relevantes de la primera mitad del siglo XX, y con justa razón.

Hijo de aristócratas franceses, Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Montfa nació en el palacio de La Berbie un 24 de noviembre de 1864. Sus padres eran primos hermanos, lo que trajo muchos problemas a sus hijos, ya que Henri nació con un problema congénito que le impidió desarrollar sus piernas y su hijo menor Richard-Constantine, murió en la infancia. Gracias a su padecimiento y a la fractura de sus dos fémures, Henri tenía una estatura muy baja, por lo que siempre se sintió rechazado en el entorno social de su familia.

 En la adolescencia comenzó a mostrar un fuerte interés por el dibujo, por lo que su tío, el Conde Charles de Toulouse-Lautrec y otros artistas, amigos de su familia comenzaron a fomentar su talento y educarlo. Para sus 20 años ya se había instalado en el barrio de Montmartre, donde estuvo tomando clases con pintores notables de la época, como René Princeteau o León Bonnat. Por la época en que estuvo pudo coincidir con grandes artistas de inicios de siglo como Vincent Van Gogh, quien fue su gran amigo. Durante este tiempo tuvo de vecino al impresionista Edgar Degas, a quien admiraba profundamente y de quién recibió educación, ya que se nota la influencia en sus piezas a partir de esta época.

La mayor parte de sus ingresos provenían de su trabajo como ilustrador. Para entonces él comúnmente estaba recibiendo encargos de dueños de cabarets y centros nocturnos que solicitaban carteles y letreros para sus establecimientos. También llego a hacer ilustraciones para algunas publicaciones. 

Al vivir en Montmartre su estilo de vida era completamente bohemio. Sus obras se centraron en retratar la vida nocturna, puesto que él la conocía muy bien ya que era un asiduo de los centros nocturnos y los burdeles. Tiene mucho que ver el ambiente relajado y festivo de estos lugares con su predilección por ellos, ya que eran absolutamente lo opuesto al formalismo de los centros sociales que frecuentaban los aristócratas; aquí al fin pudo sentirse cómodo y ser él mismo.

Para 1890 realizó un viaje a Londres, donde pudo conocer y confraternizar con Oscar Wilde, con quien además de su amistad colaboró realizando el diseño de los volantes y cartel para el estreno de su drama Salomé.

Se puede considerar a Toulouse-Lautrec como un postimpresionista y un pionero del Expresionismo. Dentro de lo destacable de su obra está el desprecio por el paisajismo tan marcado en la corriente impresionista, ya que lo consideraba vacío. Decide tomar como protagonista a la figura humana, haciendo énfasis en la cotidianeidad y naturalidad, contrastando con el medio de los personajes, ya que uno de sus temas preferidos era retratar artistas de cabaret o prostitutas en su entorno cotidiano. La marca distintiva de su estilo es su predilección por las imágenes poco luminosas y los colores provenientes de la iluminación artificial, lo cuál le daba la oportunidad de experimentar con colores brillantes. El dinamismo de sus imágenes tenía como rasgos característicos el “estilo fotográfico”, que emulaba un momento captado por una cámara, con todo el dinamismo y el color de este. 

Al mismo tiempo que se desarrollaba su carrera, su adicción al alcohol y el contagio de enfermedades venéreas fueron deteriorando su salud hasta que para 1897 su estado anímico era bastante malo. A pesar de esto, su producción artística se mantuvo e incluso, cuando en 1899 lo internaron en un hospital psiquiátrico, hizo toda una serie inspirada en los actores de circo. Pasó sus últimos dos años en este lugar, hasta que le dejaron irse (tal vez para pasar sus últimos días) con su madre, donde finalmente murió el 09 de septiembre de 1901.

Dentro de lo más destacable de Toulouse -Lautrec como artista es su notable influencia en las corrientes artísticas que le precederían, como el Art Nouveau y el Modernismo; además de la reivindicación que hizo a las artistas nocturnos y personajes callejeros, dejando un legado que retrata a toda una generación, en la cual crecieron y vivieron los artistas más grandes del siglo XX.

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