Ramón estuvo los dos días posteriores al paso del devastador huracán Otis encerrado en un casillero bajo los escombros de su propia casa en Acapulco y bebiendo agua a través de una manta encharcada hasta que su hija lo encontró.
Ramón estuvo los dos días posteriores al paso del devastador huracán Otis encerrado en un casillero bajo los escombros de su propia casa en Acapulco y bebiendo agua a través de una manta encharcada hasta que su hija lo encontró.