La polémica explotó en plena Semana Santa… y no es para menos. Una ópera con monjas desnudas, acrobacias en patines y escenas provocadoras desató una auténtica tormenta en Amberes, enfrentando a la Iglesia con el mundo del arte.
Todo gira en torno a “Sancta”, la controvertida obra de la austriaca Florentina Holzinger, que llevó al límite la provocación: religiosas tatuadas patinando desnudas, cuerpos suspendidos simulando crucifixiones y escenas cargadas de erotismo. Para muchos, arte; para otros, una ofensa directa.
El primero en alzar la voz fue el obispo de Amberes, Johan Bonny, quien no se guardó nada y calificó la puesta en escena como “grotesca” y un ataque directo al cristianismo. Según él, el espectáculo “pisotea lo más sagrado” justo cuando los fieles conmemoran los días más importantes de su fe.
Pero la respuesta del otro lado no tardó. El director de Opera Ballet Vlaanderen, Jan Vandenhouwe, defendió la obra y pidió frenar lo que llamó una “caza de brujas” contra el arte feminista. Incluso invitó al obispo a ver la función… invitación que fue rechazada.
La discusión se volvió aún más intensa cuando el político Filip Dewinter la tachó de “circo anticristiano” financiado con dinero público, encendiendo todavía más el debate en redes y medios.
¿Arte o provocación?
La obra, basada en un texto de Paul Hindemith de 1922, ya era escandalosa hace un siglo. Ahora, Holzinger la reinventa con música litúrgica, pop y metal para lanzar un mensaje sobre liberación sexual, poder femenino y crítica a la tradición religiosa.
Mientras la Iglesia denuncia una burla, los creadores insisten en que forma parte de una larga tradición artística que usa símbolos religiosos para cuestionar normas sociales.
El resultado: una producción que no deja indiferente a nadie y que, en plena Semana Santa, ha logrado exactamente lo que muchos consideran su objetivo… poner a todo el mundo a hablar.
Con información de EFE.
