Redacción.- Si en los últimos días has visto a jóvenes corriendo en cuatro patas por parques de Buenos Aires, Montevideo o Ciudad de México, no se trata de una escena de ficción. Se trata de la creciente visibilidad de los Therians, una subcultura que pasó de foros digitales a espacios públicos y redes sociales.
Más que un disfraz: una identidad
El término proviene de therianthropy, palabra de origen griego que combina “bestia” y “ser humano”. Quienes se identifican como Therians describen una conexión involuntaria, profunda e interna con un animal específico, al que llaman “teriotipo”.
A diferencia de los conocidos furries, que suelen crear personajes ficticios y utilizar trajes elaborados como parte de una expresión artística o lúdica, los Therians aseguran que su vivencia tiene un componente espiritual o psicológico. Para ellos, portar máscaras o colas no es únicamente una puesta en escena, sino una forma de exteriorizar una identidad que consideran auténtica.
El auge de los “quadrobics”
La expansión del fenómeno en 2026 ha estado marcada por los llamados “quadrobics”, una práctica en la que los participantes imitan movimientos animales corriendo, saltando y desplazándose en cuatro extremidades.
Videos de estas reuniones han acumulado millones de reproducciones en TikTok. Desde concentraciones en la Plaza Independencia de Montevideo hasta encuentros en el Barrio Chino de Buenos Aires, la práctica se ha replicado en distintas ciudades de la región. Incluso algunos creadores de contenido han asistido a estas convocatorias para documentar la experiencia y entender la dinámica interna de la comunidad.
Debate en el espacio público
La visibilidad también ha generado polémica. Reportes de incidentes, como el caso de una menor que habría sido mordida por un joven con máscara de lobo en Argentina, encendieron el debate y provocaron la intervención de autoridades ante alteraciones del orden.
En redes sociales, las posturas están divididas.
Algunos usuarios defienden la libre expresión y ven en los Therians una manifestación de búsqueda identitaria propia de la Generación Z. Otros reaccionan con burlas o desconcierto, cuestionando la práctica y sugiriendo que estas conductas deberían abordarse desde la salud mental.
¿Tendencia viral o fenómeno consolidado?
Aunque para muchos se trata de una novedad reciente, comunidades relacionadas con la therianthropy existen desde los años noventa en espacios digitales. La diferencia actual radica en su exposición pública y en la amplificación que ofrecen las plataformas sociales.
Lo que comenzó como una expresión íntima en foros de internet hoy se proyecta en parques y plazas, convirtiéndose en tema de conversación, crítica y análisis. En una era donde la identidad se debate en tiempo real, los Therians representan una muestra más de cómo las subculturas digitales encuentran su lugar —y su conflicto— en el espacio físico.
