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Por Mauricio Prado Jaimes

«¡Que viva Estados Unidos! ¡Viva Canadá! ¡Que viva Nuestra América! ¡Que viva México!». Así terminó el discurso de López Obrador en su visita a la Casa Blanca el 9 de julio pasado con motivo de firmar la entrada en vigor del T-MEC. No sorprenden los “vivas” a Estados Unidos y Canadá, finalmente el motivo de la reunión entre Trump y Obrador fue firmar la entrada en vigor del nuevo tratado de libre comercio.

Sorprende, en cambio, la mención a «Nuestra América», término que puede pasar desapercibido para el público en general, especialmente el estadunidense, pero que representa mucho más que una forma genérica de nombrar al continente americano. De hecho, es un término clásico en el pensamiento latinoamericano propuesto por el escritor y político cubano José Martí en su ensayo de 1891 titulado precisamente «Nuestra América», donde desarrolla toda una propuesta política para América Latina. Su aparición en la parte final del discurso de López Obrador no fue casual.

En el ensayo de Martí se aboga por dejar de aplicar las recetas de gobiernos extranjeros para conducir la vida política de los países latinoamericanos, defiende la necesidad de que en América Latina empecemos a construir formas de gobierno que no sean copias baratas de Europa y Estados Unidos, y en cambio que construyamos nuestro propio camino como naciones usando un pensamiento surgido de nuestras realidades. También señala la necesidad de los pueblos latinoamericanos por integrarse, siguiendo el pensamiento de Bolívar, y enfrenten los peligros del imperialismo que se cierne sobre la región en el siglo xix. Particularmente le preocupa el crecimiento de Estados Unidos como potencia y la potencial amenaza que representa para América Latina, por lo que el texto y la propia noción de «Nuestra América» se han convertido en un referente del antimperialismo latinoamericano.

Cabe suponer que la mención a esta noción en el discurso de López Obrador no es casual ya que no es la primera vez que el presidente mexicano hace referencia José Martí. En su discurso de toma posesión el 1 de diciembre de 2018, Obrador dijo que «México no dejará de pensar en Simón Bolívar y José Martí, quienes junto con Benito Juárez siguen guiando con sus ejemplos de patriotismo el camino a seguir de pueblos y de dirigentes políticos.»[1] También constantemente lo menciona en sus conferencias matutinas, en una de ellas calificó a Martí como uno de sus «guías políticos y espirituales».[2] Además de muchas otras menciones en conferencias y en sus redes sociales.

En este sentido, la mención de López Obrador a «Nuestra América» justo antes del «Viva México» en el cierre de su primer discurso como presidente en el extranjero, en la Casa Blanca y frente a Donald Trump adquiere relevancia como un guiño hacia los gobiernos y pueblos de América Latina; una señal –para quien sepa leerla– de que aunque se firma un tratado de libre comercio con Estados Unidos, México no se olvida de la región latinoamericana.

De este breve guiño no cabe esperar que López Obrador asuma una perspectiva abiertamente bolivariana y se prepare para ser el sucesor de Fidel Castro o Hugo Chávez en busca de la integración latinoamericana. Los discursos políticos de este tipo están diseñados cuidadosamente, calculados palabra por palabra, para lograr el impacto deseado y para que cada mensaje llegue al destinatario adecuado y esta mención a la noción mariana de Nuestra América no es la excepción.

Este tipo de declaraciones político-diplomáticas funcionan como discursos atrapa-todo (catch-all): los seguidores de Trump resaltarán las partes donde Obrador se muestra agradecido con su gobierno, los obradoristas resaltarán las partes del discurso donde muestra su defensa de la soberanía, mientras que los opositores verán la hipocresía del gobierno en esas mismas frases, y así cada facción política resaltará los fragmentos del discurso que más concuerden con sus preferencias políticas, al tiempo que tenderán a minimizar aquellas partes con las que desacuerdan. En este sentido, la mención a Nuestra América no deja de funcionar como un mensaje para aquel público que logre entender la referencia, en este caso, un público latinoamericano que espera ver en López Obrador un presidente progresista interesado en la región.

Sin embargo, no deja de ser significativo y simbólico que la mención a Nuestra América, concepto antimperialista y que aboga por la soberanía latinoamericana, esté presente en el discurso de López Obrador en plena firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, frente al presidente más hostil con los latinoamericanos en décadas. Aunque fuera en un pequeño guiño medianamente encriptado para aquellos que supieran leerlo, es grato saber que a pesar de nuestra intrincada, profunda y conflictiva relación con Estados Unidos y Canadá, México no deja de mirar hacia el Sur.

 

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