Por Carlos Meraz

Veinte veinte, así muchos llaman al prometedor año que inicia, al menos numéricamente, con simetría, orden y perfección. Ojalá y así sea en un mundo que se tambalea por sus fallidas economías, deshumanizadas políticas y caos ambiental. 

Pero ese término cool para denominar al año bisiesto o el de la rata, según el calendario chino, no es reconocido por la Real Academia de la Lengua Española (RAE), ya que es un anglicismo de uso incorrecto para nuestro idioma. Lo que sí es apropiado es utilizarlo para recordar el título de desaparecido programa de la televisión mexicana en la incipiente década de los ochenta.

La emisión matutina de 20-20 era de lunes a viernes matutina y Televisa la transmitía sólo para el Área Metropolitana del país, con bloques ininterrumpidos de videos de artistas angloparlantes de “música moderna”.

Por sus espacios musicales desfilaron estrellas del rock del calibre de Blondie, con Heart of glass; Eagles, con Hotel California; Electric Light Orchestra, con Last train to London y la perpetua ronca Kim Carnes, con Bette Davis Eyes; así como exponentes de la música pop como KC & The Sunshine Band, con Please don’t go; Patrick Hernandez, con Born to be alive; Olivia Newton-John, con Physical y a la desgarradora voz de Bonnie Tyler, con It’s a heartache, entre muchos más.

Justo en aquel inolvidable segmento de videos transmitieron el que a la postre sería considerado el primer videoclip oficial de la historia: Bohemian rhapsody, de la banda londinense Queen. Un concepto visual que marcó la pauta en la industria discográfica para acompañar al sencillo de un video promocional con la imagen del artista para difundirse urbi et orbi.

Y ahí estaba yo, de adolescente, religiosamente pegado hasta la enajenación frente al televisor cada mañana, antes de irme a la secundaria en el horario vespertino. Así que de lunes a viernes desayunaba videos musicales, casi siempre los mismos y con algunas ocasionales novedades para una época en que los estrenos tardaban meses en llegar al país, pues la globalización era tan sólo un complejo término setentero acuñado por el teórico de la comunicación, el canadiense Marshall McLuhan, con su visionaria idea de la “aldea global” y del “medio es el mensaje”. Como a todo genio incomprendido, el tiempo le dio la razón.

Pero, bueno, en 20-20 mi mayor descubrimiento —casi una epifanía que definió el género que escucharía el resto de mi vida— fue ver a un rubio cantante narigón con la más espectacular y erizada cabellera que ha desfilado por el rock, con una seductor rango vocal curtido con cuchillas de afeitar y un outfit andrógino... Rod Stewart en el videoclip de uno de sus temas más exitosos: Da ya think I’m sexy?

El vigésimo año del tercer milenio arranca con 2020, y este viernes, 10 de enero, Stewart cumplirá 75 años y, al igual que The Rolling Stones, los programas de retiro voluntario no están en sus agendas, lo que sí tiene programado para este verano es un prometedor tour norteamericano, nada menos que acompañado por Cheap Trick, como banda invitada.

Imaginar a alguien que está a un lustro de distancia de convertirse en un octagenario, siendo poseedor de una convincente actitud de forever young, con pose de sugar daddy mediante una preferencia por las rubias explosivas y que, además, hasta se atreve a preguntar a su audiencia: “¿Crees que soy sexy?”. Sólo Rod Stewart, nadie más.

Lo que hay que leer.

Rod

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José Carlos Meraz Díaz


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