El turista del Apocalipsis

share

Por Gerson Gómez Salas

Todos son unos cabrones. Hijos de la chingada. Avaros y codos. Además comen platillos muy extraños. Les ponen huevo cocido a todos sus alimentos y caldos.

Se fijan demasiado en el dinero, cuentan los centavos. Casi no dejan propina. Desde la llegada de ellos a Monterrey se partió en dos el tiempo.  Antes de los coreanos y después de los coreanos.

share

Por Gerson Gómez Salas

No me lo habrían permitido mis padres.

Impensable para la ingesta cotidiana. Cuasi kosher cuasi gentil. Con la despensa en casa de la tía de Villa Mitras. Servidespensa solo comercia con industrias transnacionales. Se entrega todas las semanas a tiempo. Puede llamar si falta alguno de sus productos

Solo las hamburguesas al carbón. En la parte baja de tenerías. De la parte vieja de la ciudad de Monterrey. Dos veces por semana. Sin tomate, sin cebolla y sin pepinillos. Solo la carne en su jugo.

share

Por Gerson Gómez Salas

Se enchiló con las preguntas de los reporteros de la fuente. Le pidió a una de sus ayudantes le acercara la botella con agua. Miró con desprecio a cada uno de los asistentes del otro lado de la mesa.

La ingratitud es una incapacidad de los seres humanos. De un momento a otro pueden hasta morder la mano de quien los alimentó. Por las mesas de redacción les hizo llegar su iguala mensual. Fueron cuatro años de luna de miel. Pero así es esto de la suerte.

share

Por Gerson Gómez Salas

Abatido. Sin respirar. A media calle. Como un perro. Lleno de tierra. Con seguridad te habrán volado los sesos. Por el pavimento o el asfalto. Los fotógrafos con el lente largo. Desde la barrera guardan las imágenes.

Eso eres ahora. La estadística de una guerra por el tercer sexenio.

Esta historia la conozco ya. Le dijiste. Entre los pasillos. Solo ustedes dos. Mientras todos llevan prisa. Ella viste ropa deportiva Nike. Se la ajusta a la perfección. 

share

Por Gerson Gómez Salas

Se lo advertí a mi hermana. Por nada del mundo voy a dejar el crucero de verano en las Bahamas. Ya lo tengo planeado. En el Palacio de Hierro de San Pedro surtí todo el guarda ropa para la aventura. Ya no tenemos necesidad de estar cuidando a los güercos. 

Cada uno ya hizo su vida. Incluso Alejandro, quien salió rebelde, nos prometió, a su papá y a mí, no meterse en problemas. Bien sabes cómo le gustan las fiestas. Andar a deshoras en el centrito. Como si fuera adolescente.

share

Por Gerson Gómez Salas

Te lo juro cabrón, siempre tuviste buen gusto con las viejas. Te valía verga donde las conocieras. Si en la pista desgastada del Azul Tequila o el privado humeante del Desextres. En el after alterado del Chocolate o el precopeo inflamatorio del María Tequila. 

Todos los días te descolgabas. Les endulzabas el oído. Siempre supiste como hacerla. Eras todo un misterio con los asuntos de la lana. Manejando pura troca del año. No bebías una sola gota de alcohol ni probaste tabaco. 

share

Por Gerson Gómez

share

Por Gerson Gómez

share

Por Gerson Gómez.

Oscuridad y penumbra. La ley de la selva. La supervivencia del veloz.

Muy entrada la madrugada, por la calle de la República de Chile, las pocas voces de una ciudad en reposo. Paredes descascaradas y cortinas de metal abajo. Candados dobles y triples. Alarmas armadas y sincronía con centrales policiacas.

Extraviada la mirada, la brújula de la inteligencia a cuentagotas.

La boca del lobo, las fauces del monstruo en silencio. Apresuro el paso. Maratonista y pitonisa: sálvese quien pueda. Voy derecho y no me quito.

share

Por Gerson Gómez

En la barra solo hay calor. Todo Monterrey vaporiza.  

Extenuante. Intenso. Imposible. Soñadores temerarios. Desplazados. Parias de la formalidad. Brazos caídos.  

share

Por: Gerson Gómez

Desairadas y sin visitantes. Aroma a desinfectante y lamentos cansinos a toda hora.

Las capillas ardientes del IMSS, de la avenida Constitución en Monterrey, del FIBESO. Aquí se velan los difuntos sin tantos recursos, los caídos en desgracia. De cuota módica y de aportaciones sociales en las instancias de gobierno.