"Nunca dejé que la escuela interfiriera con mi educación". Mark Twain.

Por Carlos Meraz

El título Con faldas y a lo loco se le dio en España a la clásica comedia cinematográfica de 1959 Some Like It Hot, que aquí se conoció como Una Eva y dos Adanes, dirigida por Billy Wilder y protagonizada por el mito sexual Marilyn Monroe, con los actores Tony Curtis y Jack Lemmon.

Su trama es tan simple como divertida: dos tipos en la época de la Ley Seca en Estados Unidos son perseguidos por la mafia y logran escapar vestidos de mujeres que tocan en una orquesta femenina, cuya cantante es la inmortal rubia de Hollywood.

Pero el tema no es la cinta —que ocupa el primer puesto de la lista de las películas más graciosas de la historia del cine según el American Film Institute— sino el programa Uniforme escolar neutro, impulsado por el Gobierno de la Ciudad de México y la Secretaría de Educación Pública, que en sus afanes de parecer “incluyente” termina siendo de una estupidez apabullante.

Resulta que a nuestras brillantes autoridades se les ocurrió que los alumnos de preescolar, primaria y secundaria podrán elegir entre usar falda y pantalón como uniforme escolar. Algo muy práctico, viable y hasta lógico para las niñas; hasta ahí todo bien. Pero decir públicamente que “los niños pueden traer falda si quieren”, como lo agregó la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, es de una insensatez y estulticia sobresalientes.

Aún no puedo entender la ligereza de tal declaración y no es machismo —que no se malinterprete, como una feminazi que en las redes sociales me dijo que le daba “asco” que yo condenara la medida; a lo que contesté que más “asco” me daba su notable idiotez— pues que no vislumbran que permitir en un niño varón el uso de falda en lugar de ser un acto liberador, moderno y de respeto a sus derechos es enviarlo directo al paredón del bullying entre sus compañeros. Y si lo dudan, pues que los profesores prueben la innovadora propuesta, presentándose en falda y que relaten su “edificante y catártica” experiencia, desde la salida de casa rumbo al colegio, antes de ser usada en infantes como si fueran cobayas.

Lo de la falda lo entiendo en Escocia como parte de sus tradiciones y hasta en adultos fetichistas que sienten placer o necesidad en usar esa prenda, pero en un niño se me hace tan ridículo como un maestro dando clases ataviado de china poblana.

La disposición gubernamental Con faldas y a lo loco, perdón Uniforme escolar neutro, es unilateral en los varones, pues se enfoca en infantes con aparentes tendencias gays, como si la simple ropa solucionara la discriminación. De ser así y con tan contundente lógica todos los homosexuales andarían son sendos faldones, les gustara o no, con tal de sentirse incluidos en nuestra aún conservadora sociedad.

Ah, pero eso sí, prevalecen en las instituciones de educación básica medidas tan arcaicas para los varones como el corte cuasi militar, los tenis blancos sin franjas, el calzado lustrado y demás códigos de atuendo más cercanos a la milicia que a la academia. 

Y si después el menor hetero quiere fumar en clase ¿también atentarán contra sus derechos y se lo negarán nuestras sesudas autoridades? o ¿sólo importan los del infante gay? Que si las cosas siguen así no dudaría que hasta ligueros y lencería se les permitirán, y si un párvulo con atracción al sexo opuesto, para sentirse feliz y aceptado, quiere ir disfrazado de Batman, ¿bajo qué argumento se lo prohibirán?

Si tanto les preocupa la vulnerabilidad infantil en las escuelas primero debería de ser obligatoria la revisión de mochilas en los planteles para evitar armas, drogas y bebidas alcohólicas en las instalaciones educativas; seguridad policíaca en las inmediaciones; protocolos para erradicar el abuso escolar y ofrecer una educación digna a los alumnos que los haga pensar, cuestionar,  disentir y no sólo repetir como loros al unísono lo que les indica el maestro. Sin ánimo de ofender a Sheinbaum, con su insultante corrección política, sólo le recitaría aquella frase de Joaquín Sabina en 19 días y 500 noches: “siempre tuvo la frente muy larga, la lengua muy larga y la falda muy corta”.

Lo que hay que leer.

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José Carlos Meraz Díaz


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