Elton John: Rocketman o la tía Gertrudis

Por Carlos Meraz

Elton John es una de esas pocas estrellas de rock que se pueden jactar de haberlo ganado todo —menos un Nobel, de eso solo Bob Dylan lo puede presumir—, en su vitrina de la egoteca hay seis estatuillas Grammy, 12 premios Ivor Novello, cinco Brit, un Tony, un Globo de Oro, un Oscar en a la Mejor Canción Original por Can You Feel The Love Tonight, incluida en la película animada The Lion King.

Eso sin contar la fortuna que ha amasado en medio siglo de carrera, estimada en 480 millones de dólares, más lo que ha derrochado en excentricidades. Este británico de 72 años no solo reinventó el rock pop desde 1969, sino también a sí mismo con un nombre que, desde 1996, es antecedido por Sir, título de nobleza que le concedió la reina Isabel II. Nada mal para un británico de la clase trabajadora que ha vendido 300 millones de copias alrededor del mundo.

En colaboración con Bernie Taupin, su letrista de cabecera, ha hecho una exitosa mancuerna, con joyas musicales de su era dorada setentera como Crocodile Rock, Saturday Night’s Alright For Fighting, Goodbye Yellow Brick Road, Candle In The Wind y Rocketman, como se titula su película biográfica que se estrena el próximo 31 de mayo.

Dos décadas atrás en Atlanta, donde radica, tuve la oportunidad de entrevistar a Reginald Kenneth Dwight, como realmente se llama el músico que ya en ese entonces más que el Rocketman extravagante y talentoso de la década de los setenta lucía más parecido a la solterona tía Gertrudis, con un traje azul tornasol combinado con camisa amarilla y una generosa cabellera que hacía dudar, entre implantes capilares o bisoñé, tras su conocida alopecia de juventud.

Con un balanceo al caminar que, con unos kilos menos emularía al Charlot, pero con la regordeta y petisa figura de tonel recuerda más el tierno vaivén de un pingüino o a la arquetípica tía Gertrudis, Elton habló con nostalgia de su era de excesos y ascenso a la fama como el enfant terrible del rock pop, cuando las teclas del piano eran tocadas por el hombre cohete.

“Las drogas son un escape, ahora puedo ver más claro y no escapo de la realidad; pero todavía sueño con cocaína y veo que mi madre me regaña... ¡Oh, Dios! Si no hubiera sido músico me encantaría haber sido una famosa estrella del deporte, como tenista o futbolista, o un prestigioso modisto, pues adoro todo lo referente al fashion”.

La sagrada trinidad setentera del rock de “sexo, drogas y rock ‘n’ roll” para Elton ya es ajena y caduca para esta centuria, ahora su pertenencia y vigencia se traducirían en algo más políticamente correcto como “sexo, arte y música”.

“Lo más grande del rock ‘n’ roll es que alguien como yo pueda ser una estrella”, sentenció.

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José Carlos Meraz Díaz


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