Por David Somoza Mosquera
“En casi todas las organizaciones a las que he asesorado me he encontrado con el mismo problema: demasiados proyectos y muy pocos que realmente importen”, señala Antonio Nieto-Rodríguez, experto en liderazgo de proyectos y transformación organizativa, en su artículo “Your Company Needs to Focus on Fewer Projects. Here’s How”.
Advierte que muchas organizaciones son conscientes de que sufren una sobrecarga de proyectos, lo que “ralentiza la ejecución y oscurece las prioridades estratégicas”. Sin embargo, incluso teniendo esto claro, luchan por acabar con proyectos para liberar recursos y energía para centrarse en sus prioridades más importantes.
La solución -según expone- es un cambio cultural: “Tratar la interrupción de proyectos como una señal de liderazgo, no de fracaso”. Siete hábitos prácticos, como limitar el tiempo de las iniciativas, recompensar a los líderes que liberan recursos y reasignar personal a proyectos de alta prioridad, ayudan a desarrollar esta mentalidad, asegura.
“Cuando las empresas se centran en menos esfuerzos y de mayor valor, aceleran la transformación, elevan la moral y agudizan su ventaja estratégica. El éxito no surge de empezar de nuevo, sino de detener lo que ya no importa”, sostiene Nieto-Rodríguez.
Dicho de otro modo, intentar que una empresa lo haga todo es la receta perfecta para no destacar en nada. La ambición de abarcar todo más bien suele diluir recursos valiosos como el tiempo y la energía mental de los equipos. Cuando una compañía diversifica sus esfuerzos en demasiados frentes, pierde su identidad y ventaja competitiva.
Al dispersar el talento en proyectos inconexos, la calidad de la ejecución cae drásticamente. Las empresas que ganan son aquellas que deciden, con valentía, qué batallas no van a pelear para concentrar toda su potencia de fuego en un objetivo único y transformador.
Centrarse en proyectos específicos contribuye a que la curva de aprendizaje se acelere y los procesos se optimicen de forma natural. Este dominio técnico se traduce en un valor real para el cliente, quien prefiere una solución experta sobre una promesa genérica que intenta cubrirlo todo.
La claridad operativa reduce el caos interno y el agotamiento de los empleados. Un equipo que sabe exactamente cuál es la prioridad trabaja con mayor confianza y velocidad. En cambio, la dispersión crea cuellos de botella constantes y una sensación de frustración al ver que nada llega realmente a la línea de meta.
El éxito sostenible no se trata de tener el catálogo más amplio, sino de ser la opción indiscutible en un nicho concreto. Las marcas más icónicas del mundo se construyeron diciendo "no" a cientos de buenas ideas para decir "sí" a una idea extraordinaria. Menos es más cuando ese "menos" se ejecuta con una precisión implacable.
