Por Alejandro Ávila Peña
"La mente es todo; en lo que piensas, te conviertes", se podía leer en una de las dos pantallas laterales que se encontraban junto a la tarima del Palacio de los Deportes, recinto que fue convertido en un centro espiritual para la conversión y la libertad emocional. El programa de sanación Free Spirits Wellness Center había hecho la primera parada (de dos) en el Domo de Cobre para evidenciar que su tratamiento era efectivo.
Todos están invitados a sanar
Con una congregación de más de 15 mil personas, la terapia intensiva para sanar heridas fue comandada por Ca7riel & Paco Amoroso, quienes regresaron a la capital mexicana para ofrecer, el pasado 6 de agosto, el primero de dos shows de su más reciente gira mundial, Free Spirits World Tour; una gira internacional que los ha llevado por distintos países para demostrar que la música cura heridas, sana el alma y que, en vivo, se convierte en el mejor testimonio de ello.
Desde horas antes del show, la gente iba y venía de un lado a otro. Algunos corrían para conseguir un buen lugar en la pista; otros esperaban a sus acompañantes. Lo cierto es que todos los asistentes expresaban alegría y la esperanza de ver a uno de sus grupos favoritos. La gente portaba sus mejores vestiduras, con un estilo urbano que se reflejaba en los pantalones y las chaquetas; otros, en cambio, apostaron por una vestimenta más ligada al dúo argentino. Había quienes llevaban el ushanka (sombrero ruso), ese accesorio que se volvió popular cuando el grupo argentino tuvo su boom con su Tiny Desk de 2024; otros portaban gafas cargadas de flow y también estaban quienes lucían playeras con los rostros de cada uno de los integrantes. Pero hubo quienes, muy clavados en el concepto y sabedores de que asistirían a un retiro espiritual, decidieron vestir completamente de blanco, con el alma limpia y la esperanza de que el programa tuviera un mayor efecto.
Cerca de las 8:30, el recinto se encontraba a reventar en cada una de sus secciones. El grito efusivo de los presentes estallaba por momentos y hacía vibrar al Domo de Cobre; la emoción se sentía y, sobre todo, las ganas de vivir el regreso de uno de los grupos más propositivos de los últimos cinco años. El ambiente era de alegría. Los últimos asistentes iban llegando y comenzaban a contemplar el majestuoso escenario montado en el Palacio: una gran cortina blanca con el símbolo de Free Spirits caía sobre la tarima, la cual se extendía hacia una pasarela.
Para entrar en ambientación, la música que se escuchaba era de relajación e introspección; sonidos ambient que preparaban el alma de los presentes para comenzar su proceso de conversión. En las pantallas aparecieron varias frases motivacionales: "La belleza es sentirse bien consigo misma", de Jennifer Aniston, o incluso "Si somos libres, todo nos sobra", de Sam Martín, fueron algunas de las que se pudieron leer antes de que el programa de sanación diera inicio.
Hora de conversión
A las 21:04 horas, la luz se apagó y el grito masivo retumbó. El Domo de Cobre quedó casi en completa oscuridad, pues en la cortina permaneció encendido el símbolo de Free Spirits, convertido en un emblema de esperanza frente a los momentos difíciles y las etapas más oscuras de la vida. Fue entonces cuando una enfermera se abrió paso y se paró sobre la pasarela; a través de una serie de ademanes intentó comunicarse con la audiencia para acompañar a una voz que dio la bienvenida a este programa de restauración emocional. "Esto es una demostración interactiva de cómo se liberan los espíritus de sujetos quebrados en menos de 90 minutos", mencionó la voz, que además señaló que los pacientes ya se encontraban sobre el escenario y estaban en el peor estado posible.
Fue así como la cortina se bajó y los dos sujetos salieron a escena. Cato y Paco se encontraban sobre la tarima, sentados en sillas de consultorio, cada uno vestido con las prendas que portaron cuando ganaron sus premios Grammy Latino a finales del año pasado. Desde el primer momento del show, la intención era clara: los argentinos ofrecerían, a lo largo de hora y media, un espectáculo dirigido a la emoción y la adrenalina, pero también construido alrededor de una narrativa que transita por el ego, la depresión y los males cotidianos que cualquiera puede padecer, y que también pueden sanar a través de la música, esa que cura hasta el alma más rota.
La elección de estas prendas no fue casualidad, pues fue ese día cuando el dúo comenzó a construir el concepto de su segundo disco y de su nueva gira mundial. Aquel día en que ganaron el Grammy Latino, los argentinos habían alcanzado la cima mundial; sin embargo, ese éxito los consumió, los corrompió, o al menos así decidieron representarlo para construir una narrativa en torno al ego y al exceso de emociones que pueden corromper al ser humano. Para aliviar esas heridas, el dúo se sometió a un tratamiento espiritual dirigido por Sting, quien se convirtió en el maestro que guio su proceso de conversión emocional.
A través de 12 Steps (12 pasos), el dúo argentino ofreció un show cargado de emoción, luces hipnóticas, humo, una puesta en escena casi teatral y una interpretación eufórica por parte de Cato y Paco. Acompañados por músicos virtuosos, esculpieron un espectáculo conceptual que da testimonio de cómo, incluso cuando una persona está envuelta en la depresión, la ira, la tristeza y otros males, siempre existe la posibilidad de salir adelante gracias a las cosas buenas de la vida: el placer, los amigos e, incluso, las canciones.
Un show espiritual
Cato y Paco se encontraban reclinados en dos sillas blancas, cada uno conectado a máquinas de soporte vital. A sus espaldas tenían un anfiteatro desde donde eran observados por un grupo de personas congregadas al fondo del escenario. Todos vestían de blanco, pero lo más interesante era que se trataba de rostros conocidos: desde una botarga del Dr. Simi hasta la actriz y tiktoker Erika Buenfil, Luis Gerardo Méndez, La Cachirula, Macario Martínez y la actriz Loreto Peralta. La lista de famosos era diversa y todos, con euforia y efusividad, movían su cuerpo al ritmo de "No me sirve más", tema perteneciente al segundo álbum del dúo argentino.
El concierto estuvo marcado por una serie de pasos; cada uno representó una etapa de este proceso de conversión. "Liberen sus articulaciones", dijo Stin para dar paso a "Nada nuevo", canción que provocó que la masa humana reunida en la pista de baile brincara y gritara con todas sus fuerzas. La gente coreaba, bailaba y se dejaba llevar por el ritmo de la melodía.
Poco a poco, el dúo comenzó a desprenderse de sus sillas y a moverse con mayor libertad. "Nadie inventa nada nuevo, todo está ya hecho nuevo", cantaron, una frase que demuestra, con sarcasmo, que si bien pareciera que todo está hecho, ellos prueban que todavía es posible reinventarse de múltiples maneras. Este show es ejemplo de ello: a través de un concepto de sanación, Cato y Paco construyeron uno de los espectáculos más originales de su carrera.
"Liberen sus toxinas", volvió a decir la voz para dar paso a la fiestera "Ay, Ay, Ay", una melodía alegre, inquietante y enérgica. La gente brincaba, cantaba y sentía una conexión cada vez más fuerte con el dúo, que ya recorría la pasarela. Paco, con una irreverencia única, recitaba cada uno de los versos, mientras que Cato interpretaba la canción con movimientos sensuales, ácidos e irónicos. El momento cumbre llegó cuando las pantallas enfocaron a Loreto Peralta, con quien se dice que Paco Amoroso mantiene una relación sentimental. Al término de la canción, Cato cargó una toalla, levantó los brazos y dejó ver que dentro de ella había un bebé de plástico. Ante ello, todo el Domo de Cobre retumbó entre aplausos y un grito ensordecedor.
"Muero", "Mi Diosa" y "Tetas" fueron dosis directas de adrenalina. La energía que desborda el grupo sobre la tarima es contagiosa; la risa, la pasión y la emoción compartida podían sentirse en cada uno de los presentes, que no dejaron de bailar y cantar durante todo el recorrido. En "Muero" llegó uno de los momentos más explosivos de la velada: a través de un beat infeccioso y adictivo, el dúo hizo saltar a todo el recinto gracias a un outro sensorial y frenético. En la recta final de la canción, ambos tomaron dos cuerdas sujetas al escenario y comenzaron a agitarlas al ritmo del beat.
"Ciudad de México, buenas noches a todos... yo soy Paco", exclamó el cantante, quien de inmediato lanzó un "¡eo!", provocando que la multitud reunida respondiera al unísono con el mismo grito.
Para calmar las revoluciones generadas, el dúo regresó a sus sillas y dio una pausa a la intensidad que había marcado el comienzo del show. Durante un momento se reprodujo un video de Stin, quien agradecía a los presentes por estar ahí y explicaba que su voz se escuchaba gracias a un proceso tecnológico nunca antes visto. "El objetivo es liberar nuestro espíritu... repitan las canciones como un mantra", explicó el también músico, quien invitó a la audiencia a cantar fuerte y sin vergüenza, pidiéndoles que fueran valientes. "Ser valientes es el primer paso para admitir los problemas", se escuchó antes de dar paso al step 6, que consistía en dejar los problemas atrás. Fue entonces cuando el riff de "Hasta Jesús tuvo un mal día" cimbró el Domo de Cobre. Se trató de un corte de rock preciso y efectivo que puso a saltar a todos los presentes. Los pasos continuaron y la adrenalina nunca disminuyó; la teatralidad de los argentinos es una muestra de lo que significa construir un espectáculo musical: desarrollar un discurso y expresarlo a través de cada canción.
Fue así como llegó la hora de pedir perdón con el step 8. "Esto se siente como estar en casa... la vida a veces puede ponerse bien loca... para toda nuestra gente que anda triste, esta canción es para ustedes", dijo Paco antes de dar paso a una interpretación catártica de "Vida Loca". Un reflector bañó de luz a Cato, quien, con su guitarra, comenzó a interpretar la melodía, mientras la gente iluminaba de blanco las gradas del recinto con los destellos de sus teléfonos.
El show fue una demostración de que la música puede sanar y ayudar a sobrellevar los momentos más difíciles, ya sea una ruptura emocional, la pérdida de un ser querido, la presión del trabajo o los problemas personales. El espectáculo dejó claro que, incluso en medio de las situaciones más complicadas, siempre existe una oportunidad para salir adelante y que nada está perdido porque, al final, todos experimentamos una vida loca.
Llegó el turno del step 9. "Para poder perdonar, libérate de cualquier resentimiento y compártelo con tus amigos", mencionó la voz antes de dar paso a "El día del amigo", una melodía divertida y electrizante en la que el dúo se acercó a las personas que se encontraban al fondo del escenario, quienes comenzaron a brincar y bailar al ritmo de la canción.
Liberación total
La recta final del show fue una dosis de descontrol y frenesí constante. Los argentinos demostraron, una vez más, que son virtuosos a la hora de emocionar a la gente y ponerla a bailar; la acidez y la diversión que transmite cada uno de ellos se convierten en un deleite sensorial. Desde guturales viscerales hasta una sección de riffs descomunales, el espectáculo alcanzó una energía cada vez más explosiva. Las luces, que transitaban entre el rosa, el verde y el azul, comenzaban a preparar el terreno para el desenlace.
"Dumbai", "Baby Gangsta", "A mí no", "Todo Ray" y "La que puede, puede" fueron algunas de las melodías que sonaron como un combo directo al descontrol y la diversión.
Los músicos acompañantes fueron una pieza determinante del show. Pianos, metales, vientos, tambores y cuerdas esculpieron una fiesta que deambuló entre el rock, el funk, el trap y otros géneros.
"Son prácticamente unos Free Spirits... solo les falta sincronizar con su público", dijo Sting antes de dar paso a "La que puede, puede", tema en el que Cato desató un outro de guitarra demoledor y explosivo.
"Liberen su cuerpo... bailando y saltando", se escuchó. Pasadas las 22:00 horas y con poco más de una hora de concierto, la gente, aún con energía, respondió brincando y bailando como si no hubiera un mañana.
La fiesta no terminaba
La oscuridad volvió a reinar, pero esta vez unos láseres de luz roja iluminaron el recinto. La fiesta seguía y parecía no querer terminar. Sobre la pasarela, Paco y Cato, acompañados por las celebridades que formaban parte de la puesta en escena, comenzaron a desatar una celebración eufórica. Los beats se apoderaron del Palacio y, durante "Pirlo", el lugar volvió a pintarse de blanco gracias a las luces de los celulares. "Felicitaciones, ya son unos espíritus libres", se escuchó. Parecía que la fiesta había terminado; sin embargo, "El himno del mediocre" comenzó a sonar como la última canción de la noche. Llenos de energía, renovados y agradecidos, el dúo abandonó el escenario.
El primer show de Cato y Paco como parte de esta gira en la Ciudad de México fue una celebración de la resiliencia, la música y la vida. Con una hora y media de duración, los argentinos entregaron una fiesta para sanar heridas, cantar canciones compartidas y demostrar que hoy son uno de los proyectos musicales más ambiciosos de la escena actual.
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