Por Alejandro Avila Peña
El cine, a lo largo de los años, ha dialogado con el exterior a través de diversas propuestas que van desde lo melancólico, lo onírico y lo ficticio, abordando las inquietudes y los temas de diferentes realizadores de esta industria. En 2020, la sociedad atravesó una de las situaciones más complejas del siglo XXI: la pandemia provocada por el COVID-19. A raíz de ello, se determinó un confinamiento exhaustivo para la población, lo que ocasionó que muchos jóvenes permanecieran encerrados en sus hogares, elevando los niveles de ansiedad, depresión y otros problemas emocionales. Algunos canalizaron estas inquietudes a través de distintas actividades. En el caso de Vicente Monarque, el joven cineasta comenzó a dibujar en su imaginario, a partir de esa experiencia, una historia sobre la vulnerabilidad que años después se convertiría en su ópera prima dentro de la industria cinematográfica: ‘Kobe’.
“Fue un proyecto que se escribió durante ese tiempo en el que estuvimos todos encerrados… se me hacía muy interesante plantear una película donde un personaje estuviera vulnerable a las violencias que normalmente no se nombran”, compartió el realizador, quien dejó entrever que el proyecto se concibió con la necesidad de transmitir una sensación de vulnerabilidad ante situaciones que, en ocasiones, no se verbalizan.
Tras su estreno en el Teatro Cervantes, durante el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF), el pasado 24 de julio, el director Vicente Monarque compartió con Diario de México los detalles detrás de ‘Kobe’, su proyecto de titulación de la Escuela Nacional de Artes Cinematográficas (ENAC) de la UNAM. La cinta, que combina elementos de suspenso y thriller psicológico, explora la vulnerabilidad humana y los procesos de la memoria a través de una narrativa visualmente dinámica.
Monarque, a pesar de ser un joven que apenas ha comenzado su recorrido dentro de este arte, ha demostrado ser un creativo sensible al entorno en el que habita. Su pasión y conocimiento por el cine lo han llevado a esculpir una obra que, a través de las imágenes, evoca emociones profundas. Para Monarque, el papel del cine como punto de partida para el diálogo es primordial. Por ello, el autor de ‘Kobe’ admite que, hoy en día, ninguna historia es completamente nueva; sin embargo, enfatiza que las nuevas perspectivas sobre cómo contar una historia sí lo son. En ese sentido, señaló que es importante que se escuchen nuevas voces, pues a través de ellas es posible comprender la realidad desde “una perspectiva nueva”.
El origen de una historia de soledad y misterio
‘Kobe’ presenta la historia de Ana, una joven apasionada por el patinaje que atraviesa un proceso de recuperación tras una lesión. Su vida da un giro después de sufrir un accidente casi mortal, momento en el que conoce a Kobe, un extraño que afirma ser su amigo de la infancia. A medida que los encuentros se repiten, la realidad de Ana comienza a desmoronarse, revelando una profunda soledad oculta.
Esta premisa se traduce en una relación entre los protagonistas donde, aunque los momentos parezcan normales de manera individual, la suma de todos ellos revela algo “oscuro y fuerte”.
Influencias visuales y una nueva velocidad narrativa
La película destaca por un estilo de edición veloz que ha sido comparado con el trabajo de reconocidos cineastas contemporáneos. Vicente atribuye esto a una sensibilidad generacional: “Soy parte de una generación de directores que ha crecido bajo otros tipos de formatos, con una influencia muy grande de otras velocidades”. Además, mencionó la película animada ‘Perfect Blue’ como un referente fundamental para construir a un personaje vulnerable que se siente acosado por la violencia.
La ópera prima de Vicente es un festín sensorial que desde que inicia no da respiro al espectador a través de imágenes oníricas y una narrativa que se vuelve más frénetica conforme avanza el tiempo, ‘Kobe’ se vuelve en un thriller que deambula entre lo fanstico, el drama, el romance y demás; alcanzando niveles de epicidad gracias a una selección de canciones que aumentan la emoción de las imágenes.
A pesar de las etiquetas de género, el director prefiere no encasillar su obra: “No la trabajé en base a un género... no me gusta tanto la idea de forma consciente de escribir y seguir reglas de género”, afirmó, aunque reconoce que la cinta navega entre el drama y el thriller. Su objetivo principal era conectar con personas que, al igual que él, puedan sentirse desprotegidas por cuestiones raciales o de clase, buscando que encuentren “fuerza para luchar contra esas partes que son más complicadas de nombrar”.
El factor humano: el corazón del quehacer cinematográfico
Para Monarque, la realización de ‘Kobe’ fue un proceso de aprendizaje profundo, especialmente al trabajar con actores experimentados como David, exmiembro de la Compañía Nacional de Teatro. El director enfatiza que su visión del cine ha evolucionado: pasó de verlo como un objeto artístico a valorarlo como un proceso humano y colectivo.
“Conforme avanzo en el viaje, cada vez el factor humano, el factor de cómo el cine, en su hechura, permite poner tu grano de arena para un mundo más real”, reflexionó Monarque. Actualmente, el cineasta ya se encuentra trabajando en la escritura de su segundo largometraje, reafirmando la importancia de escuchar nuevas voces en la industria para entender el mundo desde perspectivas distintas.
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