¿La película más perturbadora del año? ‘La Posesión de la Momia’ y su extremo horror corporal

Escena

Lee Cronin, director de ‘Evil Dead’, presenta ‘La Posesión de la Momia’: un festín de horror corporal, vísceras y dientes rotos que transforma el dolor familiar en una pesadilla letal

Lee Cronin estrena 'La Posesión de la Momia'
Lee Cronin estrena 'La Posesión de la Momia'

Por Alejandro Ávila Peña

En 2023, el cineasta irlandés Lee Cronin alcanzó la fama mundial gracias a su trabajo en ‘Evil Dead: El Despertar’, donde confeccionó una aventura sombría cargada de imágenes grotescas. A través de ese relato, demostró que no es un simple artesano del susto fácil, sino un visionario capaz de manejar con precisión la tensión, la ansiedad y la asfixia emocional mediante imágenes perturbadoras que reflejan una descomposición social. Este fin de semana, Cronin regresa con La Posesión de la Momia, distribuída por Warner Bros Pictures, un incómodo relato que confirma por qué es una de las caras más aclamadas del horror contemporáneo.

Un milagro convertido en horror milenario

La película nos sumerge en la historia de Katie, una niña que desaparece en el Cairo, Egipto y reaparece ocho años después, hallada inexplicablemente dentro de un sarcófago milenario. Lo que para sus padres, Charlie y Larissa Cannon (Jack Reynor y Laia Costa), parece un milagro absoluto, pronto se transforma en una pesadilla sobrenatural al descubrir que algo oscuro ha poseído a la pequeña.

Desde esta premisa, Cronin desmantela las convenciones del género para construir un festín de perturbaciones e incomodidades que mantienen al espectador en alta tensión durante sus más de dos horas de duración. El director apuesta por una narrativa que evidencia las dinámicas familiares y el peso de la desaparición, confrontándolos con un elemento de horror que se advierte sombrío de inicio a fin.

La estética de la putrefacción y el horror corporal

Uno de los mayores aciertos de la puesta en escena es el extraordinario trabajo de maquillaje sobre la actriz Natalie Grace. Su interpretación es horrorizante; mediante un control inquietante de su cuerpo, crea convulsiones frenéticas y movimientos que incomodan profundamente, mientras sus gestos faciales encarnan un aura hipnótica de maldad.

En esta reinvención del monstruo clásico, Cronin eleva el estado de putrefacción a un nivel de intensidad insoportable. El espectador se enfrenta a imágenes explícitas de piel muerta, uñas desgastadas, quebradas y de un aspecto corrosivo que generan una repulsión inmediata. La atmósfera se vuelve aún más densa gracias a la fotografía de David Garbett, quien utiliza una iluminación verdosa para enmarcar espacios que recrean un ambiente infeccioso y de putrefacción. La cámara se detiene con morbo en detalles atroces: dientes rotos o ensangrentados, extremidades heridas y cuerpos que literalmente se quitan la piel, exponiendo vísceras por todos lados en un espectáculo del gore más puro y efectivo.

Además, el movimiento de cámara se intensifica por momentos, creando movimientos brutales que intensifican la adrenalina en momentos de terror y suspenso.

El director como arquitecto de la asfixia emocional

Lee Cronin no tiene prisa por aterrorizar; con precisión quirúrgica, se toma el tiempo necesario para elaborar una historia de misterio intrigante que desvela los secretos más tétricos de la posesión de Katie. Con movimientos de cámara inquietantes y cortes frenéticos, el realizador esculpe una pesadilla ácida que hace revolver el estómago.

Aunque la cinta ofrece guiños a clásicos como ‘El Exorcista’ en ciertos encuadres macabros, Cronin logra una identidad propia al usar a la "momia" como un catalizador de la ruptura familiar.

La casa se convierte en un espacio asfixiante donde el dolor, la culpa y el arrepentimiento se apoderan de los personajes, obligándolos a mostrar sus versiones más viscerales. Este deterioro se potencia con el diseño sonoro de Peter Albrechtsen y la edición de Bryan Shaw, quienes articulan la agresividad de los ataques de forma precisa. Cronin se enmarca como un artesano del horror contemporáneo, un visionario que disecciona los horrores de la cotidianidad y con precisión los teje en una obra demencial, agresiva y encantadora. ‘La Posesión de la Momia’ es un espectáculo enorme, un festín bizarro de atrocidades que se disfruta más en la pantalla de mayor tamaño, agregando que, en formato de 4DX, la inmersión de lo macabro se vive con mayor angustia.

Entre el cliché narrativo y la brutalidad épica

A pesar de sus múltiples aciertos, la película presenta inconsistencias que pueden volverla tediosa. La resolución del conflicto cae en salidas que ya son clichés del género y algunos argumentos rayan en lo absurdo o lo poco creíble. El ritmo, algo pausado en los primeros actos, puede resultar pesado para el espectador que busca una acción inmediata.

Sin embargo, estos baches se compensan con una letalidad épica y descomunal en su acto final. Sin piedad alguna, la obra expone atrocidades inimaginables, convirtiendo el dolor y la ruptura en un viaje intenso lleno de males. La Posesión de la Momia es, en última instancia, un espectáculo digno de la pantalla grande para quienes buscan una dosis extrema de adrenalina, asco e incomodidad.

 

Archivado en