'Los Fabelman', cuando la vida no es como en el cine

Foto: Universal Pictures

Por Francisco X. López

¿Cual es la magia de las películas? Para Sammy Fabelman (Mateo Zoryan y Gabriel LaBelle) está en la creación de historias que le permitan explorar el significado de los hechos y la naturaleza de las personas. Como le dice su tío Boris (Judd Hirsch): "La vida no es como en las películas". Pero para el joven aspirante a cineasta, las peliculas son como deberia ser la vida.

El cineasta Steven Spielberg se embarca en The Fabelmans, un proyecto personal e íntimo, el que reinterpreta pasajes de su infancia y adolescencia en una historia de maduración, aceptación y auto descubrimiento, donde el hijo mayor de una famila judia se cuestiona todo lo que le rodea, desde su vocación, convicciones, familia y la relación que tiene con ella e incluso su percepción de sí mismo y la que tienen los demás sobre él.

Actualmente el cine es algo cotidiano, pocas veces sorprende a la audiencia, pero para un niño de siete años que, por primera vez, asiste a una sala a presenciar un clásico como El espectáculo mas grande sobre la Tierra, la experiencia es reveladora y a partir de entonces sabe que lo que quiere hacer es contar historias a través de la cámara.

Este conflicto se suma a la situación entre sus padres Mitzi y Burt (Michelle Williams y Paul Dano), que son una pareja amorosa, pero tienen un secreto que afectará profundamente a toda la familia.

La cinta —que se estrena en México este jueves 26 de enero— tiene una gran carga emocional, pues aún cuando sólo está basada en las vivencias del director, se nota el impacto que tuvo cada detalle, cada recuerdo en su formación.

Los Fabelman son una familia ligeramente disfuncional, con roles hasta cierto punto típicos. Un padre, genio de la electrónica dedicado al trabajo que se debate entre su desarrollo profesional y los deseos de su familia; una madre amorosa, con sensibilidad artística y dotes no explotados como pianista, pero con problemas emocionales; el primogénito que no cumple con las expectativas de la familia; tres hermanas que se burlan de él y un tío que está más que presente en la casa y el devenir diario.

No hay una gran producción, porque todo se basa en la historia; los efectos visuales son puntuales, pero discretos. Tampoco hay grandes secuencias, pero sí varias escenas entrañables que plasman la manera en como Sammy va aprendiendo a expresarse a través de la imagen en movimiento, también a leerla y a interpretarla.

The Fabelmans (Los Fabelman) no es una carta de amor al cine, es una sutil confesión de un cineasta que expresa su amor hacia las películas, pero cómo todo primer amor, no está exento de corazones rotos.

Finalmente, aún cuando el título alude a una familia, no todos los personajes terminan por se explorados o desarrollados. Todos existen en función a su relación con Sammy y aún cuando hay interpretaciones excelentes, el resto de Los Fabelman, con excepción de la madre, se quedan en un segundo plano.

Una mirada llena de melancolía a una infancia que formó a uno de los cineastas más exitosos de la historia y que sin ser un éxito comercial, ha recibido gran reconocimiento por parte de la crítica de todo el mundo.

Totalmente recomendable, aunque hay que decirlo: No es la mejor película del año y mucho menos la mejor de Spielberg.

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