Por Alejandro Ávila Peña
Desde tiempos remotos ha existido la creencia de que no somos la única civilización en este vasto universo. Quizá se trate de una idea que busca satisfacer la soledad colectiva del ser humano; sin embargo, esta necesidad de pensar que existen seres en otros mundos ha quedado plasmada, con el paso del tiempo, en distintas ramas artísticas. Entre ellas, el cine hollywoodense se ha encargado de sentar las bases del concepto OVNI y de construir la visión que millones de personas tienen sobre este fenómeno.
Uno de los principales responsables de popularizar este género ha sido el legendario Steven Spielberg, quien, a través de cintas como ‘E.T. el extraterrestre’ y ‘Encuentros cercanos del tercer tipo’, revolucionó la industria al ofrecer espectáculos memorables y moldeó la manera en que hoy percibimos a los visitantes de otros mundos. Esta semana, Spielberg regresa a la pantalla grande con la inquietante y provocativa ‘El Día de la Revelación’, un impactante thriller de acción que plantea una de las preguntas más perturbadoras de los últimos años: ¿Qué pasaría si un día el mundo entero descubre que hay vida extraterrestre entre nosotros?.
El estallido de la paranoia: Un secreto de magnitud global
A partir de esta premisa, Spielberg, a través de una odisea de más de dos horas de duración, ejemplifica la paranoia colectiva que desataría el conocimiento de un secreto de tal magnitud. El realizador elabora una encrucijada alrededor de toda la mitología OVNI, donde naves ovaladas y triangulares, seres de otro mundo y jeroglíficos en campos de cultivo construyen un cuento espacial que sumerge al espectador en una aventura de alta adrenalina que va de menos a más. Paranoia, fe, esperanza, religión y dilemas morales son los pilares de esta película, la número 37 en su ya extensa y aclamada trayectoria.
En esta obra, Spielberg evidencia por qué sigue siendo el maestro indiscutible del espectáculo. La sensación de un evento sin precedentes y grandilocuente impregna cada fotograma: desde persecuciones automovilísticas hasta estructuras que se vuelven invisibles y una intensa batalla mediante artefactos galácticos que dotan a los individuos de poderes telepáticos. La solemnidad de cada fotograma convierte al filme en un espectáculo que en todo momento sorprende por lo épico que se siente.
No obstante, el cineasta se aleja de la atención precisa al fenómeno biológico extraterrestre para adentrarse en la psique de sus personajes, explorando cómo la revelación de esta información altera la percepción de la realidad y desata conflictos filosóficos profundos.
Los rostros de la verdad: Entre la valentía y el control
La trama nos presenta a Daniel Kellner (Josh O'Connor), un experto en ciberseguridad que arriesga su vida para denunciar los abusos de Wardex / Dexno, una corporación secreta para la que trabajó durante ocho años. Su motivación no es solo la verdad, sino también salvar a su novia Jane (Eve Hewson), una exnovicia que ha perdido su vocación religiosa. Paralelamente, conocemos a Margaret Fairchild (Emily Blunt), una presentadora del clima que se convierte en el canal principal para las conversaciones sobre el fenómeno OVNI.
Frente a ellos se alza Noah Scanlon (Colin Firth), un antagonista imponente y desquiciado que posee tecnología avanzada para la vigilancia en tiempo real e incluso para invadir mentes ajenas. Spielberg no lo retrata como un villano caricaturesco que busca el mal por el mal, sino como alguien consciente de que una revelación de esta magnitud podría colapsar a la civilización. A esta tríada se suma Hugo Wakefield (Colman Domingo), quien supervisa y colabora con el accionar de Kellner, dotando a la persecución de un ritmo frenético que busca mostrar al mundo los videos oficiales que prueban la presencia alienígena en la Tierra durante años.
El triunfo interpretativo: La maestría de Emily Blunt
El reparto brilla por presentar personajes que se sienten humanos y vulnerables ante lo desconocido. Josh O'Connor ofrece una interpretación excelsa como el matemático obsesivo y paranoico, utilizando expresiones faciales inquietantes para transmitir el miedo y la valentía de sus actos. Sin embargo, es Emily Blunt quien entrega la que podría considerarse la mejor actuación de su carrera. Blunt se muestra magnética y encantadora, logrando que el espectador empatice con ella en cada matiz: desde la angustia en su mirada hasta las bromas ingenuas que alivian la tensión del metraje. Su personaje se erige como "la elegida" para revelar la Verdad, mostrando un coraje que resuena en la pantalla.
Spielberg utiliza estas relaciones sociales para cuestionar cómo una noticia de este calibre afectaría incluso las creencias religiosas. La película centra momentos clave en lo que un grupo de fe podría pensar al confirmarse la existencia de otros seres, sugiriendo que la Verdad absoluta es inalcanzable y que cada individuo debe tejer su propio entendimiento de la humanidad.
La arquitectura del cine contemporáneo: Técnica y sonido
A nivel técnico, Steven Spielberg demuestra por qué es considerado el arquitecto del cine moderno. La dirección de fotografía de Janusz Kaminski es impecable, planificando cada encuadre de manera hipnótica para crear "pinturas" que parecen extraídas de una fábula ancestral. La cámara se desplaza con un control magistral, ofreciendo planos secuencia que sumergen al espectador en las secuencias de acción más descomunales.
La experiencia visual se ve potenciada por la espléndida banda sonora del legendario John Williams. A pesar de su longevidad, Williams confecciona una partitura conmovedora que refuerza las imágenes épicas y, por momentos, infantiles del realizador. La iluminación, por su parte, juega un papel crucial al resaltar la ingenuidad en los pasajes oníricos y elevar el impacto dramático en los momentos de mayor tensión. Es un deleite audiovisual que triunfa al recordar el propósito primordial del séptimo arte: hacer que el público sueñe despierto.
A lo largo de los años, Steven Spielberg se ha erigido como el arquitecto definitivo del siglo XXI; su cine ha repercutido e influenciado a millones de generaciones en gustos y estilos de vida, llevando la imagen a la realidad de este mundo; desde el gusto excesivo por los dinosaurios, el temor a los tiburones hasta la creencia de alienígenas; Steven ha moldeado la identidad de una cultura y sus creencias. Es por ello que, con ‘El Día de la Revelación’ el cineasta confecciona de manera precisa la paranoia de las personas ante un momento de este nivel pero, sabiendo de la influencia de su cine (casi adoctrinador), Steven decide no dotar de un significado a la verdad revelada; si bien a lo largo del metraje plantea temas muy importantes como emparentar a los alienígenas con alguna figura mesiánica como cristo, Steven al final no decide explotar estos temas en un tercer acto que deslumbra por lo bien narrado que está visualmente pero que, en el fondo carece de una revelación que provoque satisfacción al espectador; al final, pareciera que Spielberg arma todo este espectáculo para dar un gran plot twist que no llega en ningún momento.
La encrucijada del cierre: ¿Fábula o realidad?
A pesar de sus virtudes, ‘El Día de la Revelación’ tropieza en su tramo final. La película se siente por momentos más como un cuento de hadas sobre el fenómeno OVNI que como una verdad tangible, lo que le resta impacto frente a obras más contundentes como ‘Arrival’. Aunque el tercer acto es visualmente deslumbrante, a nivel narrativo queda un vacío; Spielberg no parece saber qué haría realmente la población con esta Verdad, sugiriendo problemas sociales más sustanciosos que la simple revelación de vida exterior.
El director parece ser víctima de su propio fanatismo, olvidando dotar de una relevancia profunda a esta fuerza alienígena, la cual se presenta casi como una divinidad mesiánica a través del personaje de Blunt. Al no explotar este elemento, la cinta pierde la oportunidad de convertirse en un clásico atemporal al nivel de ‘E.T.’. Con todo, la película ofrece imágenes asombrosas, como una casa repleta de animales o vehículos invisibles, y se erige como un testimonio del poder del género de la ciencia ficción para confrontar al ser humano con sus demonios y temores más personales. No será su mejor obra, pero es una aventura encantadora que invita a reflexionar sobre nuestra propia existencia en la inmensidad del cosmos.
