Por Alejandro Ávila Peña
Desde hace más de 20 años, la saga de 'Evil Dead' se ha erigido como una de las franquicias por excelencia del terror. A través de escenas viscerales, violentas y dotadas de una gran brutalidad, la saga ,comandada originalmente por el legendario Sam Raimi, sigue demostrando que puede reinventarse sin perder la esencia que caracterizó a las primeras entregas y que conquistó a millones de seguidores.
Esta semana, las salas de cine arden con 'Evil Dead: En Llamas', una entrega caótica y entretenida que, fiel a su estirpe, presenta secuencias frenéticas cargadas de sangre, cuerpos fracturados y un sinfín de momentos donde lo fatídico acecha de forma constante. Producida por Lee Cronin y Sam Raimi (quien también participa en el guion), esta película es dirigida por Sébastien Vaniček, realizador francés conocido por manufacturar producciones de atmósfera cruda, sobria y, sobre todo, violentas.
Una pesadilla de sangre y herencia
El cineasta toma las riendas de esta nueva entrega que, tras el éxito de 'Evil Dead: El Despertar', promete una historia más oscura y tétrica. La trama nos presenta a Alice, quien tras la muerte de su esposo, Will, busca consuelo refugiándose con sus suegros en una casa aislada. En esta estancia, el duelo de Alice se convierte en una pesadilla cuando los secretos ocultos de la familia de Will salen a la luz. Así, deberá lidiar con demonios que poseen gradualmente a los integrantes del grupo, convirtiendo el hogar en un auténtico infierno.
Bajo esta premisa, el realizador construye el capítulo más brutal y sucio de toda la saga. Desde los primeros minutos la tensión es palpable mediante imágenes despiadadas: cuerpos partidos a la mitad, piel quemada y anzuelos de pesca arrancando extremidades faciales. Cada elemento de violencia es efectivo para elevar la tensión, lo cual se consigue gracias a una apuesta visual altamente gráfica y sin censura.
La técnica detrás del salvajismo
El diseño de sonido, el montaje y la edición juegan a favor de la cinta, esculpiendo una tensión progresiva que alcanza su mayor potencia con movimientos de cámara rápidos y escenas dinámicas que logran transmitir adrenalina incluso en momentos sin horror explícito. El apartado sonoro sumerge al espectador en el relato; cada grito, apuñalada o metal enterrado en la carne se siente real gracias a un trabajo sonoro meticulosamente elaborado.
A esto se suma la atmósfera lúgubre en tonos grisáceos, que hace que el metraje se perciba putrefacto, sucio y visceral, permitiendo que la decadencia y la locura se sientan desde el inicio. En cuanto al elenco, las actuaciones convencen, aunque no sorprenden. La actriz Souheila Yacoub se convierte en el bastión actoral al combinar ira, melancolía y temor, logrando que el peligro que corre su personaje se sienta auténtico. Por su parte, actores como Hunter Doohan, Errol Shand y Tandi Wright logran sostener la inquietud de la narrativa.
El humor en esta entrega es ácido y convincente aprovechando momentos de tensión para dotar al relato de un dinamismo narrativo encontrando estos momentos en situaciones tensas como posesiones, o incluso en momentos donde lagunos personajes están siendo torturados salvajemente; el sarcasmo en estos momentos no rompen con la furia en la que transita la película, sino que al contrario, hacen que la atmosfera se vuelva más ácida y hasta cierto punto cínica haciendo que el momento sea un total disfrute para los amantes de esta franquicia.
Otro factor que potencia la brutalidad y el salvajismo del largometraje es la manera en la que se maneja la cámara en todo momento; con una dirección frenética y caótica es que a través de planos en cenital, en picada, contrapicado y demás es que cada toma logra mostrar con precisión lo violento que es cada secuencia; desde personajes peleando, cuerpos cayendo desde lo más alto, es que este trabajo logra retratar con precisión la condición de salvajismo y de ira que adopta cada uno de los personajes, logrando así que la locura y el infierno que se vive se pueda sentir aún más.
Luces y sombras en el relato
Quizás el punto más debatible es la dificultad para crear tensión a través de silencios inquietantes. Si bien abunda la violencia gráfica, la atmósfera sombría se pierde por momentos; el director exhibe ira en pantalla, pero a veces falla al intentar construir una ansiedad más psicológica. Asimismo, el guion coescrito por Raimi intenta explorar temas como el maltrato, el machismo y la violencia intrafamiliar a través de una familia rota: un padre machista, una madre sumisa y un hermano acomplejado.
Sin embargo, en el clímax del metraje, estos elementos no se explotan totalmente, dejando la sensación de que el discurso social es más un pretexto para justificar el gore que una reflexión profunda. Además, el manejo del espacio resulta errático: la cámara sitúa al espectador en la casa aislada, para luego pasar a una persecución en carretera y volver al origen, lo que genera un ritmo enredado y una ligera falta de cohesión narrativa.
El rugido eterno de los Deadites
A pesar de estos tropiezos, 'Evil Dead: En Llamas' cumple su cometido: brindar un infierno de sustos y secuencias brutales que revuelven el estómago. Esta aventura de los llamados 'deadites' pisa el acelerador desde el inicio y no lo suelta jamás. La película entiende que un legado de más de 30 años pesa y rinde homenaje con guiños a momentos determinantes de la saga, pero sin caer en el simple "fan service"; en su lugar, fabrica su propia locura con escenas sofisticadas.
En conclusión, 'Evil Dead: En Llamas' es el infierno hecho película y un festín visual para los amantes del gore. Aunque no se consagra como la mejor de la saga, deja en evidencia por qué esta franquicia sigue siendo garantía de salvajismo y horror desenfrenado. Con esta entrega, se reafirma que este universo de posesiones aún tiene mucho que ofrecer para que el infierno siga ardiendo en la pantalla.
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