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Reseña de ‘La Isla Olvidada’: DreamWorks deslumbra con una aventura visual

Escena

DreamWorks estrena ‘La Isla Olvidada’, una deslumbrante aventura dirigida por Joel Crawford y Januel P. Mercado. La cinta sigue a Jo y Raissa en la mística Nakali, donde deberán luchar por conservar sus recuerdos y salvar su amistad.

'La Isla Olvidada' es la nueva película de DreamWorks
'La Isla Olvidada' es la nueva película de DreamWorks

Por Alejandro Ávila Peña 

Este año, el género de la animación dentro del cine se está coronando como uno de los mejores años para el género. Con obras como ‘Hoppers’ y ‘Toy Story 5’, se ha demostrado que el medio de la animación es una herramienta precisa para invocar mundos inimaginables, pero, a su vez, para abordar temas necesarios de una forma divertida y emotiva.

Es por ello que, con ‘Wildwood’ a la vuelta de la esquina, DreamWorks no ha querido quedarse atrás y esta semana estrena ‘La Isla Olvidada’, un combo de diversión en una tierra ancestral de nombre Nakali, la cual toma inspiración del folclore filipino.

La película es una aventura cargada de comedia, de momentos emotivos, pero, sobre todo, de dos cosas fundamentales: por un lado, los creativos ponen sobre la mesa una artesanía que luce irreal en cada trazado y escena de la película, demostrando que en el género no hay límites para los animadores; por otro lado, se tiene una historia que, si bien parte de un discurso ya gastado en otras propuestas, la manera en la que lo exploran en esta película es emotiva y catártica en la recta final.

Un clásico instantáneo

La animación, a lo largo de los años, ha sido un vehículo preciso para relatar historias imposibles de creer; una herramienta que ha invocado mundos de otros mundos, tierras ancestrales donde lo imposible sucede y en donde temas universales son abordados desde una perspectiva irreverente, divertida, pero, sobre todo, emocional.

Uno de los pilares dentro de este género ha sido DreamWorks, que en los últimos años ha forjado un puñado de clásicos que se han quedado grabados en el consciente colectivo; títulos como ‘Shrek’, ‘Madagascar’ y, más recientemente, ‘Robot Salvaje’ han demostrado que el estudio puede esculpir historias divertidas, llenas de entretenimiento, pero, a su vez, con un mensaje capaz de llegar a niveles catárticos.

Este fin de semana, el estudio regresa con ‘La Isla Olvidada’, un combo de diversión y reflexión que aborda uno de los temas más importantes en las relaciones humanas: la amistad. A través de una animación que combina 2D, 3D, texturas artesanales y elementos de inspiración oriental, la película demuestra que, a día de hoy, la animación no tiene límites y puede ofrecer espectáculos visuales que deslumbran tanto desde lo estético como desde lo técnico.

La amistad es quizás ese vínculo del cual todos necesitamos alguna vez en nuestra vida, un lazo complejo que no solo depende de las buenas acciones, sino también de la valentía, del respeto y de la empatía de poder ir forjando con otra persona una relación donde el amor recíproco y las ganas de compartir momentos juntos sean una constante.

La soledad acecha en cada instante. En muchas circunstancias de la vida hay esa sensación de vacío, de tener problemas o incluso triunfos y no tener a alguien con el cual podamos compartir eso. De una manera inteligente es que la película plantea escenas donde retrata el vacío emocional de estar solo; en imágenes donde se ve una sala de estar y uno de los personajes no tiene a nadie, o incluso estar aislado en una cueva sin el contacto de las personas del exterior, como uno de los personajes del filme.

La película plantea que la amistad es ese combustible que nos hace seguir en el día a día, una ruleta al azar que, sin saberlo y mucho menos pensarlo, cualquier día podemos encontrar a aquella persona que sea nuestro mejor amigo. Ya sea en la parada del autobús, en el parque o incluso en una pequeña interacción en el salón de clases preguntando por el horario escolar, cada una de estas situaciones puede detonar una historia de momentos compartidos y recuerdos que perdurarán en la eternidad.

Y es precisamente ahí donde ‘La Isla Olvidada’ encuentra su mayor fortaleza. La amistad no aparece únicamente como un concepto bonito o como una herramienta para mover la historia; es el motor que hace que sus personajes tengan algo que perder. Los recuerdos se convierten en la representación de todo aquello que dos personas han construido juntas, desde los momentos más importantes hasta aquellos pequeños instantes que, en su momento, parecían insignificantes, pero que con el paso del tiempo terminan siendo los más valiosos.

A partir de este entendimiento es que los realizadores esculpen en ‘La Isla Olvidada’ un homenaje a estos vínculos; partiendo de que los recuerdos son ese tesoro y recordatorio de lo especial que puede ser un vínculo. De manera precisa, la relación de las dos protagonistas sirve como punto de partida para reflejar esta emoción; ‘La Isla Olvidada’ no llega a un grado de emotividad como lo fue ‘Robot Salvaje’, pero sí logra trasladar la magia de lo que es tener a un amigo verdadero.

Una amistad puesta a prueba

La historia nos presenta a Jo y Raissa, dos mejores amigas que, justo cuando sus caminos están a punto de separarse, terminan varadas en el místico y olvidado mundo de Nakali, inspirado en el folclore filipino. En esta dimensión, llena de criaturas legendarias, ambas descubrirán que regresar a casa tiene un precio: podrían perder los recuerdos y emociones que han construido durante toda su vida.

A partir de esta premisa, los directores Joel Crawford y Januel P. Mercado ofrecen una aventura que, desde los primeros minutos, es un festín de diversión, pero, sobre todo, un homenaje a los vínculos de amistad. La relación de Jo y Raissa se presenta como un vínculo cargado de defectos, virtudes y momentos compartidos; son precisamente estos recuerdos los que terminan convirtiéndose en el corazón de la historia.

La película entiende que crecer también significa aceptar que las personas pueden tomar caminos distintos. La amistad cambia, las circunstancias cambian y, en ocasiones, las personas que estuvieron a nuestro lado durante una etapa determinada terminan tomando otro rumbo. Sin embargo, eso no significa que aquello que se construyó juntos pierda valor.

Por eso, el conflicto de Jo y Raissa funciona de manera especial: el peligro de perder sus recuerdos no representa únicamente olvidar una serie de acontecimientos, sino perder una parte de quienes son. Cada momento compartido forma parte de su identidad y, al ponerlos en riesgo, la película convierte algo tan cotidiano como una amistad en una aventura fantástica de grandes dimensiones.

Un festín visual

Hay una constante diversión a lo largo de la película, traducida en una paleta de colores vibrantes que se potencia con las distintas técnicas de animación. La cinta mezcla 2D, 3D y texturas de apariencia artesanal, además de incorporar influencias del anime y del folclore filipino, logrando que Nakali se sienta como un mundo extraño, mágico y lleno de personalidad.

La construcción de Nakali es uno de los grandes aciertos visuales de la película. Cada criatura, paisaje y escenario parece diseñado para transmitir la sensación de estar entrando en un lugar que existe bajo sus propias reglas. La mezcla de estilos hace que el mundo tenga una identidad particular y, al mismo tiempo, permite que la película pase de momentos de enorme belleza a secuencias completamente descontroladas.

Otro de los atractivos de la cinta es el diseño de sus personajes. Jo luce un diseño desenfadado, acorde con alguien rebelde y orgullosa de su pasión por contar historias; por su parte, Raissa tiene una personalidad más intelectual, pero sus alas de murciélago le otorgan una presencia magnética.

El resto del elenco también resulta encantador: desde un bebé demonio y un perro humanoide hasta un tritón que, al no estar hidratado, cambia a una forma más horrenda. Cada uno de estos personajes desata un festín cómico que hace que por momentos la película sea un caos de diversión, recordando a los momentos de gloria del estudio.

Cada uno de los personajes hace que la diversión no se detenga, ofreciendo un viaje sensorial que sorprende por lo visual, pero que también divierte gracias al humor.

El valor de los recuerdos

‘La Isla Olvidada’ recuerda por qué DreamWorks es una maquinaria de historias inolvidables. Aunque su premisa sobre la amistad puede sentirse familiar, la película encuentra una manera particular de abordarla al convertir los recuerdos en el eje de su aventura.

Al utilizar una mitología poco explorada dentro de la animación comercial, como la filipina, el mundo de Nakali se siente como una tierra ancestral que puede resultar entrañable para nuevas generaciones. ‘La Isla Olvidada’ demuestra que la animación sigue siendo uno de los medios más surrealistas e hipnóticos para invocar mundos que, aunque sean completamente oníricos, pueden sentirse profundamente humanos.

Pero es en los recuerdos donde la película encuentra su verdadero corazón. Recordar a alguien también es una forma de quererlo. Los recuerdos son la evidencia de que estuvimos ahí, de que compartimos algo con otra persona y de que, aunque el tiempo cambie las circunstancias, hay momentos que permanecen dentro de nosotros.

Jo y Raissa no son mejores amigas únicamente porque la historia lo establezca; su relación se construye a partir de todo aquello que han vivido juntas. Las discusiones, las risas, los momentos incómodos, las aventuras y hasta las diferencias forman parte de un vínculo que no necesita ser perfecto para ser verdadero.

Y quizá esa sea la idea más poderosa que deja la película: una amistad no se mide solamente por cuánto tiempo permanecemos junto a una persona, sino por la huella que esa persona deja en nosotros. Hay amigos que conocemos durante años y otros que aparecen durante una etapa específica de nuestra vida, pero ambos pueden terminar convirtiéndose en una parte fundamental de nuestra historia.

‘La Isla Olvidada’ demuestra que la animación sigue siendo uno de los medios más surrealistas e hipnóticos para invocar mundos que, aunque sean completamente oníricos, pueden sentirse profundamente humanos. Y en su clímax catártico, recuerda algo tan sencillo pero muy fuerte: la amistad también se construye con todos esos momentos que, al final, terminan convirtiéndose en nuestros recuerdos más valiosos. Porque crecer no significa olvidar a quienes estuvieron a nuestro lado; significa aprender a llevar con nosotros todo aquello que construimos juntos.

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Alejandro Ávila