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Reseña | 'Wildwood': ¿La película más oscura y violenta en la historia de Laika?

Escena

Laika Studios regresa al cine con 'Wildwood', una deslumbrante superproducción en stop-motion que desafía los límites del formato. Con una historia oscura y madura, la película demuestra que la animación no es solo un género infantil.

'WildWood' llega esta semana a cines Foto: Imagem Filmes Mx
'WildWood' llega esta semana a cines Foto: Imagem Filmes Mx

Por Alejandro Ávila Peña

"La animación no es un género, es un medio", mencionó el ganador del Oscar Guillermo del Toro hace algunos años, al defender las posibilidades artísticas de la animación. Su premiada película 'Pinocho', una adaptación en stop motion que convirtió el clásico en una historia más oscura, reflexiva y catártica, es una muestra de cómo este medio puede abordar temas complejos sin renunciar a su capacidad para asombrar. Con el paso del tiempo, aquella idea se ha convertido en un estandarte para reivindicar el cine animado dentro de la industria cinematográfica. Pero ¿por qué justificar el arte en sí mismo cuando su propio contenido debería demostrar lo que realmente es capaz de ofrecer?

Aquella frase, a decir verdad, despertó una curiosidad en mi interior. Las lecturas en las que se afirmaba que la animación era para niños y demás comentarios de esa naturaleza me generaron cierto ruido, hasta el punto de preguntarme qué clase de contenido veían los demás espectadores. La animación siempre se ha entendido como un medio artístico capaz de teatralizar, exagerar y llevar al extremo aquello que se quiere contar. Su naturaleza permite construir imágenes imposibles, deformar la realidad y convertir nuestros temores más profundos en algo tangible. No tendría por qué limitarse a un público infantil ni a historias que deban suavizar sus conflictos para resultar accesibles.

Aún recuerdo el terror que sentí durante mi infancia cuando vi por primera vez el clásico de Walt Disney 'Blancanieves y los siete enanitos'. La transformación de la reina en bruja fue uno de los momentos más perturbadores de aquella experiencia, una secuencia que demostraba cómo detrás de un rostro hermoso podía ocultarse un ser monstruoso, capaz de llevar la muerte a cualquier lugar. Algo similar sucede con el desenlace de 'Coraline', la primera película de Laika Studios, que volvió a demostrar que estos personajes animados también pueden protagonizar algunas de las historias más inquietantes del séptimo arte. La manera visceral en que Travis Knight y su equipo representaron a la Otra Madre cosiendo botones en las cuencas de los ojos de los niños sigue siendo, a día de hoy, uno de los momentos más tétricos que ha ofrecido el cine animado.

Por ello, aquella frase me hizo tanto ruido. No revelaba ninguna verdad desconocida, sino que servía como sustento para defender un conjunto de historias que quizá no habían sido apreciadas por un público más casual. Y es que, a decir verdad, buena parte de la animación comercial ha preferido alejarse de la crudeza dramática, como si mostrar conflictos humanos complejos fuera incompatible con la naturaleza del medio. Sin embargo, basta mirar la filmografía de Laika para comprender que la animación puede ser un vehículo para hablar de la soledad, la muerte, el duelo y el miedo sin necesidad de disfrazar sus consecuencias.

Esta semana llega a las salas de cine mexicanas 'Wildwood', la nueva película de Laika Studios que, después de un prolongado proceso de trabajo artesanal, se presenta como una de las producciones más ambiciosas del estudio. Se trata de un espectáculo en toda la extensión de la palabra, una obra que lleva el stop motion a una escala descomunal y que se posiciona entre los trabajos cinematográficos más cautivadores del año. No obstante, su grandeza visual también plantea una pregunta: ¿es suficiente construir un mundo extraordinario para contar una historia que permanezca en la memoria del espectador?

Un bosque que cobra vida a través del stop motion

La cinta está dirigida por el virtuoso Travis Knight, quien anteriormente estuvo al frente de 'Coraline' y de la aclamada fantasía oscura 'Kubo y las dos cuerdas'. Knight no solo se ha consolidado como un artesano de enorme prestigio, sino también como uno de los narradores más interesantes de la animación contemporánea. Sus películas suelen abordar temas profundos relacionados con la muerte, la pérdida y el duelo, y construyen relatos que no rehúyen los asuntos difíciles, sino que buscan dialogar con ellos a través de mundos fantásticos, incluso cuando la crudeza de sus imágenes puede resultar amarga.

Con 'Wildwood', el director ofrece un espectáculo que impacta por su despliegue técnico. La producción reúne marionetas, escenarios construidos a mano y una cantidad extraordinaria de elementos minuciosamente elaborados. Cada pieza demuestra el poder artístico que puede alcanzar un grupo de artesanos cuando trabaja de manera coordinada para materializar una visión cinematográfica. Cada edificación, cada árbol, cada personaje e incluso cada manifestación de la magia parecen poseer un peso físico que vuelve la experiencia visual particularmente inmersiva.

'WildWood'
'WildWood' - Foto: Imagem Filmes Mx

La película demuestra que el stop motion continúa siendo una de las técnicas más fascinantes del cine. A diferencia de otras formas de animación, aquí cada movimiento exige una intervención material, una modificación minúscula que, al combinarse con miles de fotogramas, termina por producir la ilusión de vida. Esa labor se percibe en la textura de los objetos, en la manera en que los personajes se desplazan y en los pequeños detalles que habitan cada rincón del bosque. No se trata únicamente de mostrar escenarios bonitos, sino de construir un universo que parezca existir más allá de los límites de la pantalla.

Mutilaciones, ojos ensangrentados, cuerpos destrozados, ejecuciones, personajes moribundos y restos de cadáveres son algunos de los elementos que ofrece 'Wildwood', una película que llega a las salas de cine como uno de los ejercicios técnicos más deslumbrantes de la animación reciente. Desde sus primeros minutos, la cinta propone un asombro visual que difícilmente permite apartar la mirada. La violencia no se presenta como un simple recurso para provocar al espectador, sino como parte de un universo en el que las decisiones tienen consecuencias y la lucha por el poder deja heridas que no pueden borrarse con facilidad.

'WildWood'
'WildWood' - Foto: Imagem Filmes Mx

La película parte de uno de los géneros que más posibilidades ofrece al cine: la fantasía. Brujas, animales parlantes, profecías, forajidos y una diversidad de reinos se entrelazan en una narración que busca recuperar la dimensión ancestral de los cuentos de hadas. La fantasía no solo funciona como espectáculo, sino también como un recurso para hablar de la condición humana. Como ha señalado el escritor George R. R. Martin al reflexionar sobre el género, estas historias pueden abordar verdades universales relacionadas con el amor, la vida, la fe, la duda, la avaricia y la lujuria. Bajo esa perspectiva, un bosque encantado puede convertirse en el escenario de conflictos que, pese a su apariencia extraordinaria, resultan profundamente reconocibles.

Con 'Wildwood', Knight ha creado un universo que respira y se siente en cada hoja caída, en la neblina que cubre los árboles, en los animales parlantes y también en el miedo de sus habitantes. La soledad de los gobernantes, la desesperación de quienes viven bajo su dominio y la esperanza de los desfavorecidos por alcanzar un mundo mejor forman parte de una realidad fantástica que intenta adquirir una dimensión política y emocional. La película funciona, por momentos, como una fábula ancestral que combina una estética gótica con elementos del folclore europeo medieval, mientras explora temas maduros como la depresión, la envidia, el egoísmo y la ambición.

Una aventura fantástica entre la madurez y la pérdida

La historia parte de la novela de Colin Meloy, ilustrada por Carson Ellis, y sigue a Prue McKeel, una niña de 12 años que vive en Portland, Oregón. Desde pequeña ha escuchado cuentos sobre el bosque que se extiende en las inmediaciones de la ciudad, aunque, conforme se aproxima a la adolescencia, comienza a dejar atrás aquellas historias que alguna vez alimentaron su imaginación. Sin embargo, todo cambia cuando una parvada de cuervos secuestra a su hermano menor, Mac. Ante la desaparición del pequeño, Prue y su compañero Curtis se internan en el llamado Bosque Impasable para recuperarlo, sin imaginar que ese viaje los llevará a descubrir un mundo oculto, habitado por criaturas extraordinarias y gobernado por fuerzas enfrentadas.

A partir de esta premisa, Knight esculpe una tierra mágica que parece cobrar vida a través de sus personajes. Águilas gigantes, coyotes militarizados, bandidos salvajes, animales que desempeñan funciones propias de los seres humanos y diversas comunidades fantásticas forman parte de una aventura que aumenta progresivamente su escala. La película avanza de menos a más y demuestra que su principal objetivo consiste en sorprender al espectador mediante la magnitud de sus escenarios, sus criaturas y sus secuencias de acción. Sin embargo, esa voluntad de asombrar termina por imponerse, en algunos momentos, sobre la necesidad de detenerse a explorar las emociones de quienes habitan ese universo.

'WildWood'
'WildWood' - Foto: Imagem Filmes Mx

Si bien la historia logra establecer sus principales conflictos, la narración no siempre está a la altura de lo que propone su apartado visual. El tema central es la pérdida y la necesidad de aceptar aquello que la vida nos arrebata, evitar que el rencor determine nuestras decisiones y encontrar la manera de seguir adelante. A ello se suma una reflexión sobre la madurez, entendida como el proceso de abandonar ciertas certezas infantiles para asumir responsabilidades que no siempre estamos preparados para enfrentar. El problema es que, pese a la importancia de estas ideas, la película no consigue desarrollarlas con la solidez necesaria durante sus más de dos horas de duración.

La cantidad de acontecimientos, personajes y subtramas que aparecen en pantalla termina por restarles espacio a Prue y Curtis. Ambos emprenden un viaje que debería transformarlos, pero su evolución emocional queda parcialmente sepultada bajo la acumulación de conflictos, encuentros y secuencias espectaculares. La película tiene mucho que contar, aunque no siempre encuentra el tiempo necesario para que sus protagonistas comprendan aquello que están viviendo. En consecuencia, algunas de las lecciones que intenta transmitir terminan sintiéndose más enunciadas que verdaderamente experimentadas.

Curtis, por ejemplo, tiene miedo de empuñar una espada y de demostrar valentía. Su inseguridad podría convertirse en uno de los elementos más interesantes de la narración, pues permite reflexionar sobre la diferencia entre sentir miedo y permitir que este determine nuestras acciones. Sin embargo, a lo largo de su viaje no existe un desarrollo suficientemente profundo que permita comprender de dónde provienen sus temores y cómo logra enfrentarlos. Cuando finalmente supera sus dificultades, el aprendizaje no alcanza la fuerza emocional que debería tener. La película parece decirnos que debemos afrontar nuestros miedos, pero la manera en que construye ese proceso no genera la empatía ni la reflexión que busca despertar.

Con Prue sucede algo parecido, aunque su personalidad obstinada le otorga un matiz diferente. Sus decisiones impulsivas deberían formar parte de un proceso de crecimiento en el que la protagonista aprende a reconocer los límites de su voluntad y a comprender que no todo puede resolverse mediante la insistencia. No obstante, algunas de sus acciones contradicen el discurso que la película intenta establecer. En determinados momentos se sugiere que madurar significa aprender a soltar, aceptar las pérdidas y dejar de aferrarse a aquello que ya no podemos controlar; sin embargo, la resolución de su arco dramático no termina de armonizar con esa idea. La contradicción podría resultar interesante si estuviera trabajada como parte de su evolución, pero, al no contar con suficiente desarrollo, termina debilitando el mensaje.

La película también intenta explorar las heridas de la guerra, las injusticias que produce el poder y las consecuencias de vivir en un entorno dominado por la violencia. Algunas muertes se muestran de manera gráfica, y los enfrentamientos dejan claro que el bosque no es un lugar inocente ni un refugio libre de sufrimiento. Sin embargo, pese a esa crudeza, la oscuridad de 'Wildwood' no alcanza la misma profundidad atmosférica de otras películas del estudio. La violencia está presente en las imágenes, pero no siempre encuentra un equivalente emocional en la historia. Y esa diferencia es fundamental: mostrar cuerpos heridos y personajes enfrentados no necesariamente significa construir un relato verdaderamente sombrío.

La oscuridad que distinguió a Laika

Las películas anteriores del estudio han partido, en buena medida, de las heridas íntimas de sus protagonistas. En 'Coraline', la soledad infantil y la ausencia emocional de sus padres conducen a la protagonista hacia una realidad alternativa que, detrás de su aparente perfección, esconde una amenaza aterradora. En 'Kubo y las dos cuerdas', la muerte y la fragilidad de los vínculos familiares se convierten en el centro de una aventura marcada por el duelo. En 'Los Boxtrolls', la orfandad y la separación familiar también forman parte de un relato sobre la identidad, la aceptación y la búsqueda de un lugar al que pertenecer. Cada una de estas películas construye su oscuridad desde el interior de la historia, utilizando los conflictos de sus personajes como combustible para desarrollar sus respectivas moralejas.

'WildWood'
'WildWood' - Foto por: Imagem Filmes Mx

La diferencia es que, en aquellas producciones, la oscuridad no dependía exclusivamente de lo que aparecía en pantalla, sino de las emociones que sostenían cada imagen. El miedo de Coraline provenía de una necesidad afectiva que podía reconocerse más allá de su contexto fantástico; el dolor de Kubo surgía de la imposibilidad de recuperar a quienes había perdido; y el conflicto de los Boxtrolls se relacionaba con la exclusión y la necesidad de encontrar una familia. La fantasía permitía amplificar esas heridas, pero nunca sustituía su importancia. Por ello, sus desenlaces podían ser amargos sin resultar completamente desesperanzadores: la pérdida permanecía, aunque sus protagonistas encontraran una forma de seguir adelante.

En 'Wildwood', en cambio, la historia no siempre logra establecer esa misma conexión entre el conflicto externo y la herida emocional de sus personajes. La película tiene una enorme cantidad de elementos que podrían conducirla hacia una narración más sombría, pero varias de sus subtramas terminan por entorpecer el desarrollo general. El relato se dispersa entre las disputas políticas, las alianzas, las traiciones y los combates, de modo que algunas de sus ideas más interesantes apenas encuentran espacio para desarrollarse. La ambición de construir un universo complejo es evidente, pero la complejidad no siempre se traduce en profundidad.

Uno de los elementos que pudo explotarse de mejor manera es la historia de la Viuda Gobernadora, la antagonista del filme. A través de ella se manifiesta el dolor que produce la pérdida de un ser querido y la manera en que el odio puede apoderarse de una persona cuando su deseo de recuperar aquello que amó termina por consumirla. Se trata de una figura que podría haber ofrecido una reflexión particularmente amarga sobre el duelo: el momento en que el sufrimiento deja de ser una herida que debemos aprender a sobrellevar y se transforma en una justificación para lastimar a los demás.

Sin embargo, Knight no consigue desarrollar a este personaje con la profundidad necesaria para convertirla en una antagonista verdaderamente memorable. Su historia contiene los elementos para construir una villana trágica, alguien cuyas motivaciones permitan comprender su dolor sin justificar sus acciones, pero la película no termina de encontrar el equilibrio entre ambas dimensiones. La Viuda Gobernadora queda atrapada en un punto intermedio: no alcanza la contundencia de una villana icónica ni desarrolla por completo la dimensión humana que podría convertirla en una figura trágica capaz de despertar cierta empatía. Su conflicto está ahí, pero no siempre consigue trascender el papel que desempeña dentro de la trama.

Esta falta de desarrollo también afecta la manera en que la película aborda sus temas más maduros. La depresión, el egoísmo, la ambición y las consecuencias de aferrarse al pasado son asuntos que podrían dialogar entre sí para construir una reflexión sobre el dolor y la responsabilidad. No obstante, el relato introduce tantas situaciones que algunas de estas ideas quedan relegadas a un segundo plano. La película quiere hablar de la pérdida, del crecimiento, de la guerra y del abuso de poder, pero no siempre logra articular esas preocupaciones dentro de un discurso emocional coherente.

Una batalla épica sin el peso emocional esperado

'Wildwood' despliega en sus minutos finales uno de los combates más viscerales y descomunales de la animación reciente. Ejércitos de animales, bandas de forajidos y fuerzas ancestrales se entrelazan para ofrecer un espectáculo en el que la violencia se muestra sin demasiados filtros y la fantasía adquiere dimensiones épicas. La secuencia remite inevitablemente a grandes sagas como 'El Señor de los Anillos' y 'Juego de Tronos', tanto por la magnitud de sus enfrentamientos como por la manera en que convierte las disputas por el poder en una confrontación que involucra a todo un mundo.

Desde el punto de vista técnico, la secuencia es extraordinaria. La cantidad de personajes, la coordinación de los movimientos, la construcción de los escenarios y la manera en que se combinan los elementos físicos para representar un conflicto de semejante magnitud demuestran el dominio artesanal de Laika. Cada enfrentamiento parece exigir un esfuerzo monumental y, en consecuencia, el espectador puede apreciar la dimensión del trabajo que hay detrás de cada plano. Es una de esas secuencias que justifican la experiencia de ver la película en una pantalla grande, pues su escala y su riqueza visual difícilmente podrían apreciarse de la misma manera en otro formato.

No obstante, pese a ser un espectáculo vibrante, la película no consigue transmitir una sensación de magia que esté a la altura de su despliegue visual. Cada elemento parece proceder de un universo fantástico, pero eso no significa que todos sus conflictos adquieran una dimensión emocional equivalente. 'Wildwood' habla de la pérdida y de crecer, pero la oscuridad de su mensaje no termina de producir aquella reflexión que hacía tan especiales a las mejores películas del estudio: comprender que la vida no es un cuento de hadas y que, aun cuando el dolor parece imponerse, siempre existe la posibilidad de encontrar una razón para seguir adelante.

Las historias anteriores de Laika podían ser sombrías, perturbadoras e incluso crueles, pero siempre encontraban un resquicio de esperanza dentro de sus protagonistas. Esa esperanza no consistía en borrar las tragedias ni en prometer que todo terminaría bien, sino en mostrar que las personas podían cambiar a partir de sus heridas. En 'Wildwood', ese componente existe, aunque no alcanza la misma intensidad. La película parece confiar tanto en la grandilocuencia de sus imágenes que, por momentos, deja en segundo plano la necesidad de que sus personajes encuentren un significado personal en todo aquello que han vivido.

La aventura también recuerda a esas historias de fantasía que, pese a resultar entretenidas, quedaron bajo la sombra de clásicos como 'Las crónicas de Narnia' o 'Harry Potter'. Son relatos que construyen mundos atractivos, presentan criaturas memorables y ofrecen conflictos capaces de sostener una aventura, pero que no necesariamente consiguen desarrollar una identidad narrativa que los vuelva inolvidables. Quizá el problema de 'Wildwood' no se encuentre únicamente en su adaptación, sino también en el material original que toma como punto de partida: una fantasía que recurre a arquetipos conocidos y que, aunque logra aprovecharlos visualmente, no siempre consigue ofrecer una perspectiva suficientemente novedosa dentro del género.

Esto no significa que las historias deban renunciar a los elementos clásicos de la fantasía para resultar originales. Los cuentos de hadas, las profecías, las criaturas mágicas y los conflictos entre reinos siguen siendo recursos valiosos cuando se utilizan para hablar de experiencias humanas reconocibles. El problema aparece cuando estos elementos se acumulan sin que la narración encuentre una manera particular de relacionarlos con sus protagonistas. En 'Wildwood', la imaginación visual es tan poderosa que hace evidente aquello que falta en el desarrollo dramático: una historia capaz de convertir su universo en algo más que un escenario extraordinario.

Un triunfo visual que deja una historia a medio camino

Por ello, el principal atractivo de 'Wildwood' no se encuentra tanto en su narrativa como en su propuesta visual. Sus imágenes son épicas, viscerales y están cargadas de una mística ancestral que parece provenir de un cuento de hadas transmitido durante generaciones. El bosque puede sentirse amenazante, hostil y desprovisto de encanto en algunos de sus pasajes más crudos, pero también conserva esa capacidad de despertar la imaginación, como si los relatos de la infancia hubieran cobrado vida y se hubieran reunido en un mismo lugar.

La película confirma que el stop motion sigue siendo un arte capaz de competir con cualquier otra técnica de animación en términos de escala, expresividad y riqueza visual. Su mérito no reside solamente en la cantidad de figuras o escenarios que consigue poner en movimiento, sino en la manera en que estos objetos adquieren una presencia tangible. Hay una sensación de materialidad que vuelve particularmente atractivos sus paisajes y sus criaturas, como si cada elemento hubiera sido arrancado de un universo paralelo para ser colocado frente a nuestros ojos. En una época en la que la imagen digital puede producir casi cualquier cosa, el trabajo artesanal de Laika recuerda que la ilusión cinematográfica también puede surgir de la paciencia, el tiempo y el esfuerzo colectivo.

Sin embargo, una proeza técnica no siempre se convierte en una obra redonda. 'Wildwood' consigue que su universo parezca vivo, pero no siempre logra que sus personajes respiren con la misma intensidad. La acumulación de acontecimientos, la evolución irregular de sus protagonistas y la falta de profundidad de algunas subtramas impiden que su mensaje sobre la pérdida y la madurez alcance todo su potencial. La película tiene momentos de enorme belleza, secuencias de acción memorables y una ambición que pocas producciones animadas se atreven a perseguir, aunque su dimensión visual termina por superar la fuerza de su historia.

Al final, 'Wildwood' se presenta como una de las obras artesanales más grandilocuentes del año: una aventura oscura sobre crecer, aprender a dejar ir y reconocer los estragos que los conflictos producen en quienes los padecen. Su mayor triunfo consiste en demostrar hasta dónde puede llegar el ingenio humano cuando se propone construir mundos tangibles, llenos de texturas, criaturas y paisajes que parecen poseer una vida propia. No obstante, a diferencia de sus antecesoras, la película se queda corta en el terreno emocional y narrativo. Es un cuento que probablemente será recordado por la manera en que luce, por su escala y por la descomunal labor que exigió su creación, antes que por aquello que realmente consigue decir sobre la condición humana.

Y es precisamente aquí donde cobra sentido aquella idea de Guillermo del Toro: la animación no debe entenderse como un género limitado a determinadas historias o a un público específico, sino como un medio cinematográfico con la capacidad de explorar cualquier dimensión de la experiencia humana. Desde la inocencia hasta la crueldad, desde la pérdida hasta la esperanza, sus posibilidades no dependen de que las imágenes sean realistas, sino de lo que consiguen transmitir. 'Wildwood' demuestra que el stop motion puede representar la violencia, construir mundos extraordinarios y alcanzar una escala visual descomunal; sin embargo, también evidencia que la destreza técnica no basta para convertir una película en una obra memorable. Porque animar no consiste únicamente en dar movimiento a objetos ni en hacer posible lo imposible: consiste en utilizar esas imágenes para contar algo que nos conmueva, nos incomode o nos haga reflexionar sobre nosotros mismos. La verdadera magia no está solamente en conseguir que un bosque parezca vivo, sino en lograr que aquello que sucede dentro de él también cobre vida en el espectador.

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Alejandro Ávila