La ropa no significa nada

hasta que alguien vive en ella…”

 

Marc Jacobs– diseñador de moda.

 

Por Ricardo Córdova

 

En México, el mejor termómetro para saber que la temporada de frío ya comenzó es cuando se viraliza el Han Solo style o lo que es lo mismo: muchísimas chicas vistiendo al estilo del forajido personaje de Star Wars: botas altas de equitación, chalecos con peluchito, camisas o suéteres de cuello ruso y cinturones gruesos.

La muchedumbre al Han Solo style.

Por otra parte, la mayor parte del territorio ruso se ubica por encima del paralelo 50 norte, lo que en términos prácticos significa que acá el invierno llega mucho más temprano y se va mucho más tarde que en México, por lo que un día sí y otro también, de octubre a abril hace frío…mucho frío.

Y esa situación geográfica –evidentemente- condiciona cada uno de los aspectos de la vida cotidiana: el ocio, el estudio, la comida, la vida social, los deportes y, por supuesto, la moda.

Y es que a diferencia de nuestro ¡México lindo y querido!, en Rusia el cambio de look es más drástico y evidente porque las condiciones meteorológicas son más exigentes. Por ejemplo: acá en verano hubieron días que arañamos los 40° a la sombra, pero para el invierno ¡Imagínense! Se espera que el termómetro llegue a descender en ciertas zonas hasta los -40° pero, por supuesto, siempre puede llegar a ser peor…mucho peor.

Por ello, y acá entre nos, a mí una de las cosas que más me llama la atención es la particular manera de vestirse de la gente de estas latitudes, la cual quiero subrayar cambia –dramáticamente- de temporada en temporada: de la primavera-verano a la de otoño-invierno.

Quiero mencionar que acá a la gente le interesa, le sabe y además le gusta. Esa es –sin lugar a dudas- la principal razón por la cual los programas de televisión ofrecen tantos y tantos programas relacionados con el maquillaje, la ropa, los peinados, el calzado, los perfumes, el cuidado de la piel, los accesorios y un larguísimo etcétera de temas afines.

Tampoco es raro que (sobre todo) las chicas cuenten en su guardarropa con alguna prenda de algún famoso diseñador, que sin bien puede ser de segunda mano, al fin y al cabo es de diseñador y es cuidada como la niña de sus ojos.

Es por eso que mientras yo estoy haciendo el inventario de mi guardarropa (con la finalidad de saber cómo voy a sobrevivir a los casi seis meses de frío que se avecinan), por su parte los nativos ya hasta plancharon y acomodaron “hasta arriba” su ropa más pachoncita.

Yo, ni hablar del peluquín, usaré los mismitos pantalones de mezclilla, las anodinas camisas de ñor de cuarenta y pico y mis suéteres de “César Costa” que usé en verano y primavera, porque salvo mi chamarrón de hombre de verdad y mis zapatos de invierno, no tengo propiamente ropa invernal.

Y es que desde octubre, la banda ya sacó del clóset (y de las maletas que durante el resto del año permanecen escondidas debajo de las camas), los calientitos Пальто (paltó: abrigo); Шарф (sharf: bufanda); Шапка (shapka: gorra); Перчатки (perchatki: guantes); куртка (kurtka: chamarra); Платок (platok: la mascada típica rusa que las mujeres usan para cubrir su cabeza) y las Ботинки (batinki: botas) que son las prendas invernales más socorridas en estas tierras.

Paltok o mascada. Prenda típicamente rusa.

Las mujeres de la estepa.

Quiero aprovechar para subrayar –una vez más- que a pesar del frío y de las incomodidades que significa traer tanta ropa encima, si algo tienen las mujeres rusas es que a pesar (tal vez la palabra más adecuada sea sin importar) de las inclemencias del tiempo le meten un chorro (neta que muchísima) producción al asunto de su arreglo personal, porque si bien es importante es taparse, comienzo a creer que al final para ellas es más importante verse atractivas.

¿Qué las calles son prácticamente pistas de hielo? No le aunque, ellas van con botita coquetona y con súper tacones de aguja. ¿Que necesitan ir al mercado a comprar un kilo de jitomate y estamos a -3°? Como antes muerta que sencilla, ahí van con su simpaticón gorrito combinado con su suéter de lana súper lindo y bien maquilladitas; ¿Que hay que ir a la tienda de la esquina a comprar un litro de leche? Sin problema, pero si solo sí usan su elegante bufanda, que forzosamente tiene que hacer juego con el color de los guantes; ¿Hay que ir arreglado al trabajo? Bueno, pero solo si el abrigo contra el frío resalta la cintura avispa. ¡Uff! ¡Qué pesado!

La constante que se repite invariablemente en la ropa que decidan ponerse (aplica solo para las chicas) es que lo que vistan debe resaltar su feminidad (lo que sea que esto signifique).

En contraparte, a los hombres la neta es que les vale un poco queso eso de andar combinados, ya no se diga limpios y menos coquetones. Ellos son más prácticos: se ponen durante casi todos los meses que dura el invierno la misma chamarrota oscura que pesa como 5 kilos, se calzan sus típicos gorros rusos, se ajustan sus pantalones negros y se ponen sus botas antiderrapantes. Y si el frío persiste, pues con uno, dos, tres o cuatro vodkas se lo quitan y ya está. No hay necesidad de cambiarse, combinarse o arreglarse. Ellos se lo toman leve la nieve.

Vestimenta típica de los varones en inverno.

No me dejes en Siberia.

Hay muchos motivos para las mujeres rusas casi siempre vayan muy (MUY) arregladas, pero uno de los más importantes es que ellas están sometidas a una feroz competencia porque los hombres rusos tienen más perspectivas a la hora de elegir a su pareja que las rusas. ¿Por qué?:

  1. Las solteras por llamar de los hombres: desde chiquitas son presionadas por la sociedad para conseguir un hombre a edades relativamente tempranas y casarse;
  2. Las casadas por mantener a sus hombres a su lado, puesto que “la cosecha de mujeres nunca se acaba”, siempre habrán mujeres disponibles y dispuestas a darles vajilla.

Pero, ¿por qué pasa esto? La respuesta es muy sencilla como discutible: por una simple cuestión poblacional, acá hay un excedente de casi diez millones de mujeres (según los datos publicados por el Servicio Federal de Estadísticas, hoy en Rusia hay 76 millones de mujeres, las cuales integran el 53,7% de la población; mientras que hombres hay 66,2 millones, o sea 46,3%).

De esta manera, desde pequeñas a las niñas rusas les enseñan en casa (y en casi todos lados) que deben verse lindas, “ser modocitas”, coquetonas, que deben saber hacer un montón de cosas para ser (primero) consideradas una verdadera mujer y (segundo) un buen prospecto para esos altivos hombres que tanto escasean y que además se dan a desear (aunque estén re feos se cotizan más que Mauricio Garcés).

Mujeres rusas con vestimenta de invierno.

Retomando

Ya que en tierras tlahuicas andan sufriendo con el frío, les comento que si algo he aprendido de los camaradas es a saber cómo debo vestirme en invierno. Así que les paso el tip ganador para en esta temporada andar como Putin por su casa.

La onda es seguir la estrategia de la cebolla. Es decir: capas y capas de ropa. Primero una camiseta térmica, y si no la tienen, pues va la de algodón, seguida de la camisa más formal que vaya a usar, luego viene el suéter, una chamarra ligera y si tienen una chamarra más gruesa o un abrigo, súmenlo a su outfit.

Pero eso no es suficiente. Es importante complementar con los siguientes accesorios: bufanda o pechera, gorro y cubreorejas. Eso en cuanto al tronco.

Para la parte baja del cuerpo unos boxers son la opción, pero no dejen de usar su debido calcetín de lana o de plano doble. Las botas a prueba de agua son un must y recuerden no usar pantalón de mezclilla a menos que traigan abajo un pantalón térmico, y es que la mezclilla con el frío se endurece y al cabo del tiempo termina sintiéndose como si miles de cuchillas se te estuvieran clavando en la piel.

Ahora, por si ustedes no lo sabían, los rusos tienen tres vestuarios a lo largo del día, el cual usan según las circunstancias:

  • El de calle. Es con el que van a trabajar o a la escuela (ya enumeré más arriba todo lo que se ponen).
  • El de casa: es mucho menos formal y suelen ponérselo cuando vuelven del trabajo. Consiste en pants deportivos, camisas de algodón, sudaderas, calcetines gruesos y sus тапочки (tapiechki-sandalias).
  • El de dormir, que no es otra cosa que la pijama. Puede ser desde el mameluco estilo Jenrruchito, hasta el camisón de franela, pero ahí sí depende del gusto y presupuesto de cada quien.

Así las cosas queridos míos, les dejo un abrazo y me retiro a mis aposentos para ver, una vez más The Devil Wears Prada, no sin antes agradecerle a Dios que por acá no anda Edy Smol, el Gurú de la moda, por lo que puedo seguir paseándome chichamente con mis garritas del diario por todo Simferopol sin tener que andar “cuidándome de la cámara”.

 

Un abrazote y tápense que hace frío.

 

Imagen de ricardo.cordova

Ricardo Córdova Orta