Por Gerson Gómez Salas

La rodean. Eso la horroriza. Extiende sus manos. La faja de billetes nuevos de 20 pesos. Los paqueteros del supermercado. Deslizan la necesidad. Ella adelanta el motor de su silla de ruedas. Ahí está Doña Romina. Ya la conocen por sus excentricidades.

Desde temprana hora envió al mozo al banco de la sucursal Vasconcelos. Hizo pagos en ventanilla. No confía a su edad del internet. También cambió dos mil pesos. Por billetes de veinte.

La filantropía es lo suyo. El espíritu empresarial de sus ancestros. De ayudar a diestra y siniestra a los más necesitados. Sin necesidad de salir de San Pedro. Donde vive sus últimos años. En un encierro sin detalles por explicar.

De la camioneta blindaba bajó para hacer las compras. Los guaruras se apostaron en todas las entradas y salidas. El chofer la camioneta con el motor encendido. Nervioso. La asistente personal la ayudo a descender. 

Se puso en marcha por los pasillos. La lista de comestibles, de enceres para ir llevando la tragedia de la soledad. En el departamento de alimentos internacionales dos piernas enteras de jamón serrano. Sus mascotas, dos chihuahuas, solo lo consumen.

Para ella, con el intestino irritable, sigue la dieta blanda del nutriólogo del Centro Medico de Houston Texas. En cada uno de los pasillos se deslizó observando el costo de la vida. 

Pobre de la gente de otros países, donde no tienen nada para comer. Aquí solo se muere de hambre el holgazán, los flojos y los comunistas.

A esos últimos siempre los ha odiado. Mucho más, cuando mataron a su tío Don Eugenio, los imbéciles de la liga comunista 23 de septiembre. Monterrey la mandaba su familia. Meterse con ella era desairar la costumbre. Lastimar la autoridad.

Liga 23 de septiembre

Lo hicieron saber al presidente Echeverría, cuando le pidieron de manera respetuosa abandonara el servicio funerario del empresario.

Pensaron mucho en exiliarse. Ir a vivir a los Estados Unidos. La sombra del comunismo ya había cobrado muchas vidas en el 68. Cuba, Chile y Argentina. Las inversiones fuertes de sus mercados en expansión.

Todo en manos de muchachos imberbes, greñudos y hippies. El gobierno mexicano debería darles una lección de buenos modales. Por eso aplaudió la desaparición de los estudiantes.

Jugar con fuego es de ignorantes. La educación popular eso había fortalecido. Profesionistas ominosos, sin moral y desobligados. Con amargura les recordaba quemando camiones. En las portadas de los principales periódicos nacionales.

De ningún otro tema se hablaba en las reuniones en el Casino Monterrey. Contratar mejores guardaespaldas. Manejar perfiles menos ostentosos. ¿Cómo hacerlo? Si ellos jamás han conocido las privaciones. Esa es tarea del gobernador y del presidente. Robar menos y hacer más con el dinero de los contribuyentes.

En la última sección del supermercado le asusto el precio tan alto de los artículos orgánicos. Eso y la apariencia de un cliente greñudo con tatuajes en sus brazos. Se le hizo conocido de la sección Sierra Madre. El tenista de moda participando en el abierto de San Pedro. Deberían pedirle antidoping, pensó. 

Tiene una facha de mariguano, como los de los años 60. Apresuró el motor de su vehículo. Enfilada a las cajas le abrieron una exclusiva para no hacer fila con los demás, sus vecinos desconocidos.

Al terminar de pasar por la máquina registradora el total del consumo, deslizó la tarjeta de crédito. Una vez al mes acostumbra a hacer la misma hazaña. Eso la mantiene activa. Sin depender de nadie o de nada.

El grupo de paqueteros la rodeó en 360. Abrió la bolsa de diseñador color negra. Del interior, la fajilla nueva con billetes de veinte pesos. Sin romper el sello entregó a los hombres y mujeres de su edad, vestidos de camisa blanca y pantalón caqui.

La abordaron extendiendo la mano. Dadiva de la divina Garza, doña Romina extiende los billetes. En tres minutos ha sudado la gota gorda. Ella dice ya. Los guaruras le despejan el camino. 

En la puerta del supermercado la camioneta con el motor encendido la espera. Su asistente personal le ayuda a desmontar de la silla eléctrica. 

Como ha subido el precio de la vida, le dice. Pobres hombres y mujeres. Me dan mucha lástima. Por eso hago obras pías. El cielo es un lugar público. Quiero me recuerden como lo fui. Una mujer de bien. Con un corazón de oro pulido.

Importante: Este contenido está redactado en sentido literario y es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

Corazon

Imagen de gerson.gomez

Gerson Gómez

Crónicas gonzo desde la ciudad aromática a barbarie, a cabrito, carne asada y a cerveza.

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México