Por Carlos Meraz

Creo que no existe un coro que defina la alegría de la libertad de las comunidad LGBTTTIQ (Lesbiana, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual, Travesti, Intersexual, Queer) que la del Noa-Noa, de Juan Gabriel, cuya letra reza: Este es un lugar de ambiente, donde todo es diferente... Y más allá de que si el citado salón de baile de Ciudad Juárez fuera gay o no, la canción de 1980 es inherente a la festividad fuera del clóset y al epicentro del templo del placer lúdico.

El orgullo gay está irremediablemente asociado a algunas canciones que son ya himnos en los desfiles anuales y también en las fiestas de fin de semana de un público que disfruta la noche, mientras de día se reivindica como un colectivo cuyo más grande “defecto” es amar a su semejante... pues, ¿qué eso no es lo que predicó el Mesías hace 2 mil años?

En aras de celebrar con música no tanto la tolerancia, —esa que solo respeta y acepta de lejitos— sino la inclusión que incorpora a la sociedad contemporánea al público homosexual, expongo cinco temas que son casi unas declaraciones de principios.

El primero obviamente es El Noa-Noa, cuya pegajosa letra se la sabe desde el muy gay hasta el muy macho. El segundo icónico tema es la discotequera de 1978, I will survive, de Gloria Gaynor: Mientras sepa como amar, sé que permaneceré viva, tengo toda mi vida para vivir y tengo todo mi amor para dar, sobreviviré.

La tercera canción referente de la cultura militante gay tiene una reina nacida en la Ciudad de México, hija de un asturiano y una cubana, pero de ciudadanía española: Olvido Gara, mejor conocida como Alaska, intérprete del hit de 1986, A quien le importa: La gente me señala, me apunta con el dedo, susurra a mis espaldas, y a mi me importa un bledo.

La cuarta es una pieza musical de 1976 del grupo sueco ABBA, Dancing queen, que a un ritmo desinhibidamente exhorta a ser la “reina del baile”. Así como la canción del quinto puesto: Vogue, de Madonna, quien en 1989 logró tal identidad en la comunidad gay que popularizó un tipo de danza llamada voguing, cuya finalidad era contonearse como si se estuviera en un desfile de modas.

De las cinco restantes de este Top 10 de himnos gay para bailar desinhibidamente, la sexta sería obra de otra respetada maestra del colectivo: Cher, con Believe (1998); la banda Queen, con I want to break free (1984); el grupo Erasure, con A little respect (1988); Sylvester, con You make me feel (mighty real) (1978) y el dueto The Weather Girls, con esa oda de fascinación por los varones It’s raining men (1982).

Como bonus track, en esta arbitraria lista donde como suele pasar “no son todas las que están, ni están todas las que son” se sumarían a la fiesta dos cortes de icónicos exponentes de la música: la excéntrica neoyorquina Lady Gaga, con Born this way (2011) y el histriónico andaluz Raphael, con Mi gran noche (1968).

Lo que hay que leer.

 

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José Carlos Meraz Díaz


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