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 “Mi bisabuelo dice: tengo el deseo de comprar una casa, pero no tengo la posibilidad;

tengo la posibilidad de comprar una cabra, pero no tengo el deseo.

¡De modo que bebamos para que nuestros deseos coincidan con nuestras posibilidades!”.

 

Brindis tradicional ruso.

Por Ricardo Córdova

No es casualidad que una de las primeras frases que se aprenden a decir en ruso sea за здоробье (za sdarovie): ¡a la salud! Ni tampoco resulta sorprendente que la palabra rusa пить (se pronuncia pit´) y que en español significa beber, sea una de las que tiene más sinónimos en la lengua de Pushkin.

Tampoco es ningún cliché ni una idea errónea el que a los rusos les encanta beber, porque de verdad les gusta mucho y lo hacen con olímpica frecuencia, pero cuidado, los camaradas no sólo beben vodka como muchos podrían pensar: también les gusta el coñac, el vino, la cerveza, el samagón y muchas otras bebidas alcohólicas -incluidas las de producción casera- y hasta los mexicanísimos tequila y mezcal.

Y si bien en un momento podríamos justificar esta debilidad de los rusos por los regalos de Dionisio a modo de compensación por las duras condiciones climatológicas en las que viven, sirva mencionar que los rusos no solo beben en invierno, también lo hacen en verano, en primavera y en otoño; y empinan alegremente el codo en fin de semana, pero también el lunes, el martes, el miércoles o el jueves; por la mañana, la tarde y por la noche. Los rusos beben con los amigos, la familia, los compañeros de trabajo y, ¿por qué no? hasta con los desconocidos, claro, siempre y cuando éstos tengan el entusiasmo y el aguante suficiente para beber cantidades industriales de alcohol.

No existen registros exactos que documenten el origen de la afición de este pueblo por el trago, pero algunas leyendas inclusive afirman que en el siglo XI, cuando el príncipe Vladimir analizaba la posibilidad de adoptar alguna religión para los eslavos del Rus del Kiev (practicaban el paganismo), desechó la opción del Islam porque este prohibía el consumo del alcohol, decantándose por la opción del cristianismo pues este último permite su consumo sin restricciones.

Y sí, el consumo de alcohol está íntimamente ligado a casi todos los ámbitos de este pueblo: ricos y pobres; gente del campo y de la ciudad; jóvenes y viejos; héroes y villanos, todos alzan sus copas y brindan a la salud de la Madre Rusia, por la vida, las amistad, las mujeres, la paz mundial y un interminable etc.

¿Quién no recuerda al Presidente Boris Yeltsin protagonizando embarazosas escenas públicas resultado de su incontrolado gusto por el alcohol? O qué decir de los no pocos pasajes que pueden encontrarse en la obra literaria de autores tan importantes como Dostoievski, Tolstoi, Dovlatov, Nabokov, Gorki, Erofeiev, etc.…quienes no escatimaron en detalles describiendo el apasionado gusto por la bebida del pueblo ruso.

 

Una no es ninguna

Ahondando un poco más en una de las costumbres que más definen a los rusos, les comparto una anécdota: hace unas semanas me invitaron a un cumpleaños. Estábamos compartiendo el pan y la sal alrededor de 12 personas. En una pausa entre uno de los tantos brindis que hubieron, el anfitrión me preguntó: “¿qué importancia tiene para los mexicanos la comida?”. Le respondí que entre muchas otras cosas, la comida nos sirve como pretexto para reforzar nuestros vínculos: a través de la comida demostramos nuestro amor por nuestra familia; por nuestros amigos e inclusive nuestro amor por nuestro propio país etc. Una vez terminada mi pequeña explicación, el ruso muy contento me confió: “así también pasa con nosotros, pero no con la comida sino con el alcohol”, y agregó: “Pero pese a lo que generalmente se piensa, nosotros no somos el país más borracho del mundo”. 

Una vez concluida la comida, ya en casa y recuperado de la dura resaca, me dediqué a buscar en Internet para comprobar si era cierto que Rusia no era el país que más alcohol consume en el mundo. Y navegando me encontré una nota firmada por Ilaria Gianfagna y Marcia de los Santos publicada el 20/02/2018 en el periódico digital australiano www.sbs.com.au  titulada “Los países con más consumo de alcohol del mundo”. En la nota se da cuenta de la lista de país con más consumo per cápita según la Organización Mundial de la Salud. Para mi enorme sorpresa, efectivamente, en dicha lista Rusia ocupa el cuarto sitio, con un consumo per cápita con 14.5 litros de alcohol puro al año; el sitio de honor lo ocupó Moldavia con cerca de 17 litros al años. Nota: Moldavia es un país famoso por sus vinos y que se ubica al sureste de Europa y que perteneció a la URSS.

Ahora bien, para que se comprenda la que significa beber -per cápita- 14.5 litros de alcohol puro al año, primero hay que tomar en cuenta estos datos: Rusia tiene una población de cerca de 140 millones de habitantes, pero cerca de 14 millones de ellos profesan el islam, el cual prohíbe el consumo del alcohol entre sus fieles. Dicho lo anterior, 14.5 litros de alcohol puro al año es igual a beberse:

  • 178 botellas de vino al año,
  • 64 litros de vodka al año
  • 1320 latas de cerveza de 325 ml al año.

Pero más allá de la pintoresca imagen de los rusos bebiendo, cabe mencionar que ya desde la década de los noventa, la Organización Mundial de la Salud lleva considerando el alcoholismo de la población rusa como un serio problema de salud pública, así como la principal causa de muerte entre los varones del país; pues mientras las mujeres rusas viven un promedio de 73 años, en cambio los hombres difícilmente alcanzan los 60 años.

Sirva esta comparación para entender la seriedad del problema: los varones rusos viven 17 años menos que sus pares europeos occidentales, en gran medida por enfermedades relacionadas con el excesivo consumo de alcohol.

Tal vez por ello no resulte nada extraño que desde el año 2013, el gobierno de Putin haya promovido una durísima ley de salud la cual prohíbe la proyección de la publicidad de bebidas alcohólicas: cerveza, vino, vodka, coñac, etc. En televisión, radio, internet, transporte público y vallas publicitarias, esto con la intención de coadyuvar a disminuir el alarmante consumo.

Por eso resulta una ironía (y eso me recuerda tanto a mi querido México) de que a pesar de que en la televisión rusa solo se transmitan comerciales de cervezas sin alcohol, lo cual contrasta con la cruda realidad: la pasmosa facilidad con la cual los rusos acceden en tiendas de abarrotes, mercados, supermercados y tiendas especializadas, a una enorme variedad de bebidas alcohólicas y que créanme que no son pocas.

La verdad, si a mí me dan a escoger entre un buen trago de vodka o un taco de suadero, definitivamente elijo lo segundo. A mi parecer, en eso radica la principal diferencia entre rusos y mexicanos.  

за здоробье!

 

Imagen de ricardo.cordova

Ricardo Córdova Orta


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