“Considero que el término ‘políticamente correcto’ se utiliza hoy día en un sentido políticamente incorrecto”. Umberto Eco.

Por Carlos Meraz

El concepto de corrección política, adjetivamente “políticamente correcto”, comúnmente abreviado P.C. por sus siglas en inglés “Political Correctness”, se popularizó por la llamada “nueva izquierda” estadounidense en la década de los sesenta del siglo pasado, y se ha ido propagando hasta convertirse casi en un pensamiento que elude expresiones que, en apariencia, podrían excluir, marginar y hasta ofender a grupos vulnerables.

Esta manera cortés de decir las cosas, con diplomacia o tacto también podría ser una ideología de represión o autocensura, basada en eufemismos e ideas supuestamente “progresistas” orientadas a la salvaguarda de colectivos discriminados.

“Lo políticamente correcto es opinar no como realmente piensas sino arrastrado por la frivolidad, la cobardía o el oportunismo, acomodando tus pareceres a esa corrección política que se pretende implantar. Es una falta de sinceridad, de autenticidad, que si se multiplica convierte toda la vida, principalmente política, pero también social, cultural, en una caricatura, en algo impostado, en una falsedad sistemática en la que no se expresan convicciones genuinas. Únicamente posturas, poses...

“Es una manera de imponer una censura discreta, disimulada, que no dice su nombre y que no te castiga físicamente sino con el descrédito en aras de una supuesta corrección. En cierta forma es una nueva inquisición”, advirtió el Premio Nobel de Literatura, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, al diario español “ABC”.

Recientemente, en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), el vocalista del grupo Café Tacvba, Rubén Albarrán, presentó el documental “HOPPO! Sin rumbo” y aprovechó para hacer derroche de P.C. al grado de la ridiculez, al recitar una serie de barbaridades sobre la obra del compositor infantil Francisco Gabilondo Soler “Cri Cri” (1907-1990).

Muy moderno e incluyente, Albarrán juzgó con irresponsable ligereza a un genio indiscutible, siendo incapaz de entender el momento histórico de las canciones del autor, al que tachó de “racista” y de proliferar “tonteras” en sus piezas musicales. Qué fácil es juzgar desde el presente sin entender el pasado. No cabe duda que en el país del eufemismo, el ingenuo es el rey.

Precisamente hace unos tres años, este cantante obsesionado por los alias dijo que “es un momento de repensar” si su banda continuaría interpretando “Ingrata” o cambiarían la letra para no herir susceptibilidades femeninas... como si ese tema fuese ideado deliberadamente en una oda a la violencia contra la mujer. ¿Es en serio? Entonces la música contemporánea estaría en graves aprietos por su lenguaje incómodo para estos insulsos tiempos; menos el rock, porque ese género nació políticamente incorrecto, afortunadamente.

Lo que hay que leer.

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José Carlos Meraz Díaz